Las altas expectativas del gobierno del estado con el auge actual de la producción de aguacate no toman en cuenta el posible costo ambiental, ya que ese cultivo ha desplazado miles de hectáreas de bosques, sobre todo en la región sur. Y los aguacateros tienen una preocupación adicional: que los exgobernadores Alberto Cárdenas y Emilio González, a quienes señalan como poseedores de enormes extensiones de huertas, no estén jugando limpio.
En plena efervescencia de la producción de aguacate en Jalisco –de la que formó parte el fracaso en la introducción del primer embarque de 120 toneladas a Estados Unidos al inicio de este año–, los exgobernadores panistas Alberto Cárdenas Jiménez y Emilio González Márquez son señalados de aprovechar la oportunidad para invertir en el cultivo del “oro verde” aun a costa de afectar el medio ambiente.
El exdiputado local del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Luis Alejandro Rodríguez, dice que ambos exmandatarios obtuvieron información de primera mano y se asociaron con personas experimentadas en la siembra, cosecha y venta del aguacate.
En entrevista, Rodríguez comenta que tras su participación en la política local también él se dedicó al cultivo de productos orgánicos, incluido el aguacate. Afirma que entre los productores se dice que Cárdenas Jiménez y González Márquez se asociaron con el empresario Ignacio Gómez y son considerados en el sur del estado como “los reyes del aguacate”.
Actualmente, el estado exporta dicho producto a 23 países y está en negociaciones para hacerlo a Estados Unidos.
Consultados por este medio, otros empresarios del sur de Jalisco también señalan que Gómez, presidente de la Asociación de Productores Exportadores de Aguacate de Jalisco, al parecer es prestanombres de los exgobernadores en Ciudad Guzmán, donde suelen reunirse en privado.
El exdiputado del PVEM admite: “Así como que yo tenga documentos para decirte que sí es cierto, pues no. Pero obviamente quien tiene la tierra, tiene el producto. Ellos vieron esa oportunidad de agarrar grandes extensiones de terrenos y obviamente que el sur de Jalisco es la punta de lanza del aguacate en el estado”.
–Otros productores dicen que Cárdenas y González están asociados con Ignacio Gómez…
–Él es un aguacatero muy exitoso e hizo una alianza muy beneficiosa para todas las partes. Creo que son socios. No conozco yo los documentos (que sustenten ese dicho), pero es lo que se menciona en el giro del aguacate. Es un negocio muy lucrativo, no dudo que les esté yendo muy bien con esa sociedad. A final de cuentas es un rumor a voces. Lo hicieron cuando no había mayor interés en el producto y ellos tenían la información necesaria para hacer valer su posición. (…) En conjunto, ellos tienen más hectáreas que todos los demás.
–El titular de la Secretaría de Desarrollo Rural, Héctor Padilla Gutiérrez, dice que Jalisco cerró el año pasado con 58 mil hectáreas de cultivos de aguacate. ¿Es correcto?
–Sí, y dicen que va a crecer. Por ejemplo, para que Michoacán tuviera 155 mil hectáreas pasaron más de 25 años. Aquí, en cinco años estamos ya a la tercera parte de lo que tiene aquel estado. Creo que en otros cinco años se superarán las 150 mil hectáreas destinadas a ese producto. Tiene gran aceptación, todos los países lo ven como uno de los primeros frutos nutracéuticos (de nutricionales y farmacéuticos: alimentos con propiedades preventivas y terapéuticas probadas). Al que le va bien es al que siembra la huerta, no dudo que sigan saliendo más oportunidades.
El desplazamiento de los bosques
En su edición del 2 de marzo de 2008, este semanario informó sobre los cambios de cultivos en regiones perfectamente conocidas por Alberto Cárdenas, e incluso la forma en que el exmandatario se perfilaba como empresario aguacatero (Proceso Jalisco 173).
Se advertía que en el distrito 7 de riego, ubicado en Ciudad Guzmán y que comprende entre otros los municipios de Atoyac, Gómez Farías, Concepción de Buenos Aires, Mazamitla y Tamazula, desaparecían los bosques de pinos y en su lugar proliferaban los cultivos de aguacate en un asunto desde principios de la década, en tanto que Cárdenas Jiménez dejó la gubernatura en 2001.
Después de que el exmandatario ya había terminado sus gestiones en dependencias federales como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), en la referida zona se ha cambiado el uso de suelo boscoso a hortícola en por lo menos 780 hectáreas.
“El propio exgobernador (Cárdenas) cultiva este producto (el aguacate), así como durazno, en su rancho Agua Zarca, de 70 hectáreas, en el municipio de Gómez Farías, a no más de 30 kilómetros de Zapotlán El Grande, donde fue presidente municipal”, dice la nota publicada en 2008.
También se mencionó que para esa fecha, en el distrito 7 ya se contaba con una extensión de mil 161 hectáreas sembradas de aguacate. Para diciembre de 2007 ya eran mil 600 hectáreas.
El gobierno del estado reconoce que en menos de 17 años el cultivo de aguacate creció en forma exponencial. En 2000 había mil hectáreas dedicadas a ese producto; para 2015 aumentaron en mil 500%, con más de 16 mil hectáreas, según cifras de la Sagarpa.
Dicho periodo coincide con la efervescencia del Partido Acción Nacional (PAN) y con su llegada a la Presidencia de la República en 2000, aunque Cárdenas Jiménez fue gobernador de Jalisco desde 1995.
Sin embargo, el gran brinco de las huertas aguacateras en la entidad ocurrió entre 2015 y 2016. El titular de la Seder, Héctor Padilla Gutiérrez, consultado al respecto, informa que tan sólo el año pasado el cultivo se extendió a 58 mil hectáreas, distribuidas en 18 municipios, particularmente en la región sur.
El funcionario indica que mientras en 2012, con 12 mil hectáreas de cultivo, se lograron ventas por 31 mil 666 dólares, en 2016 las 58 mil hectáreas representaron un negocio de 169 mil 756 dólares.
Padilla Gutiérrez subraya que el aguacate jalisciense es de muy buena calidad y se cuenta con cuatro empaques certificados. Destaca que se vende a 23 países, entre ellos Chile, China, El Salvador, Guatemala, Malasia, Hong Kong, Honduras, Singapur, España, Francia, Reino Unido, Suiza y Panamá.
Sin embargo, reconoce que aún hay problemas en los trámites de exportación para entrar al principal mercado, Estados Unidos, lo que se complica con el nuevo entorno impuesto por el gobierno del presidente Donald Trump.
Riesgos ambientales,
expectativas económicas
En entrevista telefónica, desde Ciudad Guzmán, una de las zonas de mayor producción aguacatera en Jalisco, el experto en desarrollo regional e investigador del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Alejandro Macías Macías advierte que tantas huertas pueden afectar el medio ambiente, por la degradación de suelos, el uso de pesticidas y el desplazamiento de especies nativas de zonas boscosas.
“Por lo que dicen las autoridades estatales, el cultivo de aguacate en el estado tiende a crecer. En 1999 es más o menos cuando inicia el proceso de reconversión de cultivos. Entonces había apenas alrededor de 500 hectáreas, según la Sagarpa; ahora hay reconocidas 23 mil hectáreas.”
Macías enfatiza que la expansión de la siembra de aguacates afecta cultivos como maíz, caña de azúcar, agave y sorgo, además de los espacios destinados a pastizales, y propicia el desmonte de bosques de pinos.
Las consecuencias son perceptibles: “El pino es una especie muy noble porque absorbe la humedad del ambiente y la traslada en forma de agua al subsuelo; en cambio el aguacate es una especie que demanda un alto consumo de agua”, comenta.
Recuerda que en la región sur existía una amplia extensión boscosa que fue talada desde la época de bonanza de la producción de papel, sobre todo en la fábrica de Atenquique. Esos terrenos se convirtieron en pastizales y ahora son huertas de aguacate.
“La mayor parte de crecimiento del cultivo de aguacate en los últimos ocho años ha sido a costa de ganar el espacio al bosque, tal como ocurre en el sur… Se trata de un fruto que tiene un alto contenido de agua en su estructura. Si sigue creciendo la superficie destinada para las huertas aguacateras, en los próximos años van a disminuir de manera dramática los mantos freáticos”, advierte.
En consecuencia, prosigue, el problema inmediato es la escasez del agua para otros cultivos y sobre todo para el suministro de poblaciones cercanas a las huertas aguacateras.
“El segundo riesgo son procesos de erosión muy fuertes en los suelos, como ya ocurre en la laguna de Zapotlán, lo que provoca que el lago más importante de toda la región sur tenga altos niveles de azolve. El problema tiende a crecer por todos los lados que se arrastran desde la sierra por esa erosión. Es una bomba de tiempo contra la que se debe luchar”.
El investigador de la UdeG agrega que los cultivos se extienden más allá del sur porque la planta se adapta a cualquier altura. “El problema de las tierras más bajas es el tipo de plaga que la afecta, y a mayor altura se evitan mayores riesgos”.
Como alternativas, dice que una sustitución de cultivo de agave por aguacate puede resultar benéfica para una región como Tequila, donde se ofrecen a través de internet 25 mil hectáreas en 125 mil pesos cada una para sembrar aguacate o agave.
Incluso, Macías no descarta que el aguacate avance sobre terrenos antes destinados al agave: “Ésta es una planta muy agresiva con el suelo y el aguacate ayudaría más a la tierra. Además, con tecnología de punta, ahora se logra que un árbol de aguacate ofrezca frutos en tres años, mientras hace una década lo hacía en un lapso de cinco a ocho años”.
Sobre la expectativa de las autoridades estatales de que Jalisco se convierta en una potencia aguacatera dentro de pocos años, asevera:
“No sé si pudiera desplazar a Michoacán, porque es mucha la diferencia. Lo que sí es cierto es que el aguacate que se cultiva en Jalisco tiene más pulpa y mejor sabor que el de Michoacán. El potencial productivo de esa fruta en Jalisco es muy alto, puede llegar a ser el segundo productor del país.”
Al respecto, el exlegislador Rodríguez observa que las condiciones de seguridad en la entidad, aun con la actividad de las bandas delictivas, no se compara con la prevaleciente en el estado vecino, donde los agricultores padecen despojos, agresiones y presiones. “Muchos de los aguacateros que están aquí, antes estaban en Michoacán, pero se vinieron huyendo por la situación que impera allá”, afirma.
–¿En cuánto tiempo puede desplazar Jalisco a Michoacán en la producción de aguacate? –se le plantea.
–Nunca. A final de cuentas no es un tema de competencia, sino de capacidad. El mercado está a un 10% de lo que se requiere, creo que va a crecer 200 o 300% en cada uno de los países a los que estamos entregando. Entonces nunca va a haber competencia; es un asunto de quién tiene mejor producto, mayor calidad y mejor precio.








