Con una arriesgada propuesta que asume la incertidumbre como el placer de experimentar, atreverse e inventar, el curador Iñaqui Herraz presenta, en la Casa de Cultura San Rafael de la Ciudad de México, una sugerente exhibición de artistas emergentes y jóvenes entre los 25 y 40 años.
Constituida por 28 autores que transitan entre el Street-art, la pintura, el collage, el dibujo y la escultura de soporte conceptual, la muestra introduce al espectador en el fascinante escenario del arte que todavía no es totalmente institucional. Integrada con firmas conocidas (Fernando Pizarro) y desconocidas que se mezclan sin manifestar diferencias jerárquicas, la exposición se configura como una experiencia que empieza en la calle y se expande por muros, barandales, puertas, cuartos y macetas.
Recordado en el ámbito curatorial por el rescate de acervos contemporáneos que, a pesar de su relevancia artística, se han mantenido embodegados en recintos pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Iñaqui Herranz, después de curar las muestras del olvidado Taller Nacional del Tapiz (Centro Nacional de las Artes, 2014) y de los hallazgos fotográficos en el Museo de Arte Moderno –Traspapelado, 2016–, conjunta una selección de artistas que responde únicamente al interés del curador en sus creaciones. Invitados a participar sin imposiciones, los artistas decidieron tanto la selección de obras como su lugar de emplazamiento.
Sobresaliente en el territorio pictórico, la exposición, con artistas como Emerson Balderas y Tlahuac Mata comprueba la relevancia y vitalidad que tiene ese género en México. Representado con una instalación pictórica que reproduce un muro de su estudio, Balderas presenta paisajes abstractos de mediano y pequeñísimo formato, en donde la estridente luminosidad de los colores se fusiona con personajes ficticios que conviven en una extraña y apocalíptica atmósfera que es a la vez divertida y dramática. En el contexto del dibujo, Patricio José exige la atención del espectador con vistas paisajísticas de suaves atmósferas y excesivos elementos que, al desmenuzarse visualmente, revelan críticas políticas y sociales que se esconden entre árboles, piedras, personas y equilibrados claro-oscuros.
En el ámbito de la exploración gráfica, Andrea Garza se impone con improntas producidas a partir de aparatos que obstruyen la relación directa entre el soporte y la mano de la artista –como un muro intervenido dibujísticamente con burbujas entintadas–. Independiente de la curaduría de Herranz, la intervención monumental de Joselyn Nieto en el muro del patio se impone como una excelente y saturada expresión de estética callejera.
A sólo un año de estar dirigida por el pintor Antonio Ortiz (El Gritón), la Casa de Cultura San Rafael se ha convertido en un atractivo lugar para la creación emergente y la curaduría experimental. Dependiente de la Delegación Cuauhtémoc y carente de recursos financieros para sus actividades culturales, el proyecto de El Gritón, por su pertinencia, evidencia la indiferencia e ignorancia que tiene el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera ante los servicios artísticos que inciden en el desarrollo artístico de la Ciudad de México. La curaduría y producción de El placer de la incertidumbre fue patrocinada por la asociación civil Local 21.








