“Los gavilanes” con el Solista Ensamble

El agrupamiento coral Solistas Ensamble del INBA se viene caracterizando por otorgar a sus actuaciones una clara dimensión teatral, no limitándose a la sola interpretación de obras vocales como hacen, por naturaleza, todos los coros que para ello fueron creados. Es así como le hemos visto la presentación de sus particulares versiones de obras tan importantes como La ópera de 3 centavos de Brecht-Weil, entre otras.

Siguiendo con esta línea, acaba de montar ahora, y la está presentando en diferentes recintos como la Biblioteca Vasconcelos, la Sala Ponce de Bellas Artes y el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, su adaptación de la zarzuela Los gavilanes de Jacinto Guerrero con libreto de José Ramón Martín, obra en tres actos originalmente, pero que el Ensamble ha reducido a uno sin alterar la trama ni el final. La reducción se da en toda una serie de escenas y parlamentos propios de la zarzuela pero que, como demuestra esta versión, bien pueden ser prescindibles. A ese acierto se aúna el de conservar todos los números cantados, tanto grupales como de solistas y, en sustitución de lo cortado, la inclusión de un narrador, papel que desempeña uno de los mismos integrantes del Ensamble.

La trama, como la de la inmensa mayoría de las zarzuelas, es bien sencilla y, despojándola de todo adorno, no es otra cosa sino un conflicto amoroso entre, como siempre, él, ella, el otro u otra, un villano o villana que incita el conflicto, y tan, tan, se acabó siempre, como corresponde al género, con final feliz.

En este caso se trata de Juan y de Adriana, aldeanos pobres que se aman pero cuentan con la desaprobación de la mamá de ésta, quien la obliga a casarse con un, aparentemente, rico. Juan, decepcionado, se va “a hacer la América” convirtiéndose así en “indiano”, que es como los españoles llaman a los que se venían a nuestro continente en busca de fortuna. Por supuesto, Juan se enriquece y después de veinte años regresa a su pueblo causando la admiración y envidia de todos. Producto del desventurado matrimonio de Adriana es Rosaura, linda jovencita de la que ahora Juan pretende adueñarse casándose con ella a cambio de su riqueza. Por esto a Juan se le nombra ahora El gavilán, pues quiere comerse a la paloma que, claramente, no es una gaviota. Sin embargo, Rosaura está enamorada de Gustavo y éste de ella, por lo que se disponen a huir de la aldea con la bendición, claro, de Adriana. A punto de la fuga… y aquí dejamos en suspense el desenlace.

Española a más no poder (una de las características del género es justamente esa: ser y tratar temas españoles), Los gavilanes puede subsistir hoy gracias a su música tanto vocal como instrumental que, sin ser nada extraordinario, cubre a cabalidad las necesidades para las que fue creada.

La versión del Solistas Ensamble, teniendo las virtudes al principio anotadas, tampoco es algo extraordinario, pero cumple la función de, con gran sentido práctico, ofrecer a las nuevas generaciones un vestigio de un género que durante años fue el espectáculo principal en nuestro país y abarrotaba todos los teatros.