Postales de cantina y cabaret

Este mes se exhibe una serie de cuadros del maestro Abel Bustos sobre su temática preferida: el ambiente de los tugurios de Guadalajara en la década de los sesenta. Se trata de recuerdos plasmados con su particular estilo neorrealista, en el que aprehende el ambiente de la farándula, “abigarrado” y festivo.

Del 24 de marzo al 7 de abril se expondrá en el Centro Cultural de Zapopan el más reciente trabajo pictórico del maestro Abel Bustos López, bajo el título Postales de Guadalajara. Cantinas y cabarets de los sesenta.

En entrevista, Bustos detalla que esta serie de cuadros consiste en anécdotas de los mencionados centros de esparcimiento, plasmadas en varias piezas plásticas. Detalla que viene trabajando esa temática desde hace varios años y que en este caso se concentró en escenas que datan de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, con los ambientes caóticos y abigarrados que las caracterizaban.

La farándula de las cantinas y cabarets fue apagándose poco a poco tras la construcción de la Plaza Tapatía en el periodo del gobernador Flavio Romero de Velasco (1977-1983) y todos esos lugares de la zona roja fueron reubicados en Tlaquepaque.

El pintor recuerda que “aquellos ambientes se convertían en un verdadero caos, porque sucedían muchas cosas inauditas, cabía todo tipo de sucesos. A esos lugares asistían muchos estudiantes; las suripantas cobraban 30 centavos por bailar y las meretrices 50 centavos la copa de vino, que es un decir, pues era puro refresco rebajado con agua mineral: nunca se emborrachaban”.

La muestra Postales de Guadalajara… está conformada por 25 cuadros de mediano y pequeño formato pintados en acrílico, en los cuales la vida nocturna se va hilando en los antros de la ciudad, donde ocurren escenas chuscas basadas en sucesos verídicos, destaca el artista.

Cuenta que por esos años los tugurios se encontraban en el barrio de San Juan de Dios y que en ellos se dieron a conocer artistas como el cantante ranchero Vicente Fernández y la vedette Lyn May, entre otros. Sin embargo, esa “era la vida nocturna del bajo mundo, casi en el centro de la ciudad, cosa que daba muy mal aspecto a los parroquianos que vivían o transitaban por ahí”.

Bustos López asume que su arte capta sin reservas una cruda realidad social: “El neorrealismo pictórico se manifiesta como postal del tejido social, sin caer en subjetividades”.

Comenta que en los años cincuenta él y otros pintores formaron un grupo llamado precisamente Los Neorrealistas, al cual también pertenecieron Gabriel Flores, Chávez Vega, Castañedos, Daniel Aguirre, Leonel Padilla y otros: “Éramos un conjunto de 28 pintores, de los cuales nomás quedamos Gustavo Padilla y yo”, refiere.

A principios de los ochenta se formó otro grupo denominado Tenamaxtle, en honor al tlatoani guerrero de los caxcanes. Este grupo, al que también perteneció el poeta Raúl Bañuelos, dio origen al Taller de Investigación Visual (TIV), una corriente pictórica que influyó en el arte contemporáneo jalisciense y a la que pertenecieron Salvador Rodríguez, Miguel Ángel López, Marta Pacheco, Javier Campos Cabello, Irma Naranjo y Jesús Rodríguez, quienes estudiaron Artes Plásticas en la Universidad de Guadalajara.

El color de la memoria

A decir del maestro Bustos, en los años cincuenta la capital tapatía no contaba con galerías particulares. La excepción era el mezzanine del Teatro Degollado, que administraba Teresa Casillas. Ella, dice, “invitaba a exponer a pura gente de la Ciudad de México; a nosotros nunca nos abrieron las puertas, nunca nos reconocieron como artistas locales”.

Menciona que la Escuela de Artes Plásticas siempre ha tenido muchas carencias materiales y humanas, pero en esa década, “para empezar, no tenía presupuesto de la universidad, uno tenía que poner todos los materiales. Casi no había maestros. Los únicos que tuve fueron Jorge Martínez, Jorge Navarro, Francisco Aceves y José Carrillo Presas. Los maestros que teníamos eran muy empíricos y no sabían nada de pedagogía, pero como consultores de arte eran excelentes.”

La Escuela de Artes Plásticas tuvo varios domicilios. Uno de ellos fue el del Museo Regional de Jalisco, otro el Politécnico y uno más en donde se encontraban los Multicinemas Tolsá. En 1953, cuando Jorge Martínez era director de la escuela, ésta se integró formalmente a la Universidad de Guadalajara.

Por su parte, dentro de su formación Bustos López ejerció diversos oficios relacionados con las artes plásticas, como escenógrafo, curador de obra, restaurador y museógrafo. En 1976 obtuvo un premio en el primer concurso nacional de grabado José Guadalupe Posada.

Asimismo, comenta que él fue uno de los fundadores de teatro guiñol en el Departamento de Bellas Artes de Jalisco, en el que fungía como escenógrafo junto con el maestro Jesús Talavera, quien trajo el oficio de la museografía a Guadalajara, como lo hizo a nivel nacional Fernando Gamboa Bustos.

Aunque hoy parezca una fantasía, el maestro Bustos recuerda que cuando fue ayudante de Gabriel Flores el trabajo artístico era bien remunerado y tenía amplia demanda: “El maestro Flores no se daba abasto con los encargos. ‘Me faltan manos para pintar’, decía. Muchos políticos de la época le encargaban grandes pinturas, sobre todo retratos de familia”.

El primer mural que realizaron juntos fue en el Departamento de Bellas Artes. Posteriormente realizaron otros cuatro, uno de los cuales está en el me-
zzanine del edificio universitario que se encuentra entre las calles de Liceo y Juan Álvarez, otro en la Rectoría, uno más en el ayuntamiento de Guadalajara y el último en la Biblioteca del Estado. Como encargo particular realizaron un mural con la técnica de fresco seco en las instalaciones de Publicidad Ferrer.

Ahora el gobierno ya no encarga murales ni promueve la cultura en general, lamenta. Lo atribuye a que los fu         ncionarios que administran los espacios culturales del gobierno “no saben nada de arte, porque muchos ni siquiera han tenido un curso de teoría o historia del arte. Ellos invitan a sus amigos o recomendados y a uno lo excluyen. No estoy de acuerdo con eso. Es falta de criterio y de ética”.

Dice que actualmente su mercado se encuentra en Nayarit, donde existe un buen número de galerías. Además, la universidad del estado y el propio gobierno han mostrado mayor apertura. Ahí el maestro realizó una exposición basada en el arte rupestre.

Cuando se le pregunta su opinión sobre la producción de los artistas plásticos contemporáneos, dice que hay mucha decadencia porque “se están utilizando mucho las máquinas, lo que se le llama arte digital, que no es más que pintar en la computadora para imprimirse sobre una lona; pero esa pintura no va a durar porque se resquebraja. No es lo mismo intervenir la tela directamente”.

Bustos prefiere utilizar técnicas antiguas porque, asegura, son más duraderas.