Expertos en salud mental, peritos forenses y personal de emergencias muestran su preocupación por el incremento de suicidios en Jalisco, entidad que hoy ocupa el segundo lugar en el país, con 8.22 casos por cada 100 mil habitantes, muy por arriba de la media nacional, que es de 4.60. Francisco Gutiérrez Rodríguez, director del Centro de Investigación y Evaluación Psicológica, dependiente de la Universidad de Guadalajara, advierte: si las autoridades no actúan, pronto Jalisco tendrá un problema de salud mental mayor.
En su página oficial, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) registró 495 suicidios en 2015; al año siguiente la cifra se elevó a 576, lo que representa un incremento de 16%.
La información destaca también que en 2016 los municipios de la zona metropolitana rebasaron la media nacional: en Tlajomulco de Zúñiga hubo 10.25 casos de ahorcamiento por cada 100 mil habitantes, seguido por San Pedro Tlaquepaque, con 7.6; Tonalá, con 6.20; Zapopan, con 5.16, y Guadalajara, con 4.73.
Los socorristas y personal de seguridad del oriente de la ciudad aseguran al reportero que el corredor Tonalá-Puente Grande-Zapotlanejo es un foco rojo. En ese municipio colonias como San Miguel de la Punta, Jauja, Santa Paula y La Punta registran suicidios de jóvenes y adolescentes, dicen los entrevistados, a condición de que se omitan sus nombres.
En marzo de 2012, aseguran, en la calle Cihualpilli, colonia Aztlán, en Tonalá, una jovencita de 12 años se ahorcó en el patio de su casa. Según sus padres fue por una decepción amorosa. Sin embargo, hay sospechas que fue por su adicción a las drogas. Lo cierto es que nunca se investigó el caso, dice uno de los entrevistados.
Y expone: “En ese corredor hay colonias marginadas y en el entorno proliferan las narcotienditas y laboratorios clandestinos donde se producen drogas sintéticas”.
Pese a las alarmantes cifras, la Secretaría de Salud Jalisco destina menos de 1% de su presupuesto para salud mental y en sus proyectos a corto plazo no incluye la creación de una clínica de atención a jóvenes y adolescentes en situación de crisis emocional, advierte Francisco Gutiérrez Rodríguez, director del Centro de Investigación y Evaluación Psicológica (CIEP), dependiente de la Universidad de Guadalajara.
Las colonias de bajos recursos representan un verdadero riesgo sanitario, pues en ellas prolifera el consumo de drogas de bajo costo y mala calidad, sobre todo las derivadas de las anfetaminas, el krystal y los inhalantes, señala el especialista.
El consumo de drogas o sustancias de ese tipo provoca cuadros depresivos en los jóvenes adictos cuyas edades oscilan entre los 15 y los 24 años, muchos de los cuales optan por el suicidio. Si no se toman medidas urgentes, la zona metropolitana puede convertirse en un problema de salud mental de orden mayor, comenta el especialista.
Para atacar el problema en esas colonias, el director del IJCF, Octavio Cotero Bernal, pide a las autoridades de Salud y Educación lanzar una alerta preventiva. También pide a los padres de familia estar pendientes del comportamiento de sus hijos, vigilar sus hábitos y su exposición a las redes sociales; en caso de que consuman algún tipo de droga, les recomienda llevar a los jóvenes ante un especialista.
“Si no se actúa rápido –añade– se nos va a crear una generación dañada del cerebro, porque los daños que produce el consumo de esas drogas son irreversibles.”
Gutiérrez considera que el incremento de suicidios en los municipios de la zona metropolitana se debe a factores multicausales:
“De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones, los jóvenes de hoy no sólo beben alcohol y fuman mariguana, muchos de ellos comienzan con la cocaína y las drogas de diseño, entre ellas las tachas. Las decepciones amorosas juegan un papel importante, así como el maltrato físico y psicológico”, refiere.
También habla de los Millennials, a quienes, dice, sólo les importa el aquí y el ahora. Le preocupa, dice, que en algunas bardas de la zona metropolitana haya grafitis con mensajes como: “Más vale morir rico y joven, que viejo y pobre, pues ellos desdeñan la vida; tienen menos tolerancia a la frustración y buscan el reconocimiento”.
Gutiérrez comenta que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó una alerta en Estados Unidos y en varios países de América Latina para la prevención del suicidio, e insta a las autoridades mexicanas a sumarse a ese objetivo, pues es prioritario.
Para la OPS es urgente contener el bullying, evitar el uso de armas, combatir el consumo de drogas y buscar soluciones a problemas familiares, sobre todo entre los jóvenes que rompen con su pareja y son presionados económicamente por los adultos.
Según ese organismo, en 2016 alrededor de mil 200 millones de personas sufrían depresión, aunque se presume que la cifra es más elevada, comenta el director del CIEP.
En México y Jalisco, dice, los indicadores no son nada favorables: de los 576 suicidios registrados en 2016, 56 fueron de menores de 18 años, incluida una mujer.
Y expone: “Hace 10 años, Jalisco ocupaba el lugar número siete en casos de suicidio a nivel nacional, pero desde hace un lustro se ubica en segundo lugar, muy por encima de la media nacional, que era de 4.6 por cada 100 mil habitantes; en Jalisco es de 6.1”.
Sin embargo, el IJCF asegura que en 2016 fueron 8.22 suicidios por cada 100 mil habitantes. Y eso sucede en una sociedad de más de 7 millones de habitantes.
Gutiérrez insiste en que los adolescentes buscan drogas que tengan mayor impacto y sean más baratas. Combinan el alcohol con las metanfetaminas o con bebidas energéticas. Entre los jóvenes adictos, algunos incluso son menores, comentan que en las fiestas se reparten las llamadas “aguas locas”, una mezcla de alcohol con sustancias químicas.
Detalla que “la asfixia por ahorcamiento” es muy recurrente entre los jóvenes suicidas. Según el especialista, la crisis económica, los duelos no resueltos, las decepciones amorosas se recrudecen en los meses de enero, mayo y junio. A veces, dice, se reportan hasta 37 suicidios por mes.
Jalisco sólo destina menos de 1% para la atención de la salud mental, cuando se requiere duplicar o triplicar esa cifra, dice. Lamenta también que las autoridades no construyan una clínica de atención para niños y adolescentes, una promesa que data de hace varios sexenios.








