La oportunidad de sacar al cine nacional del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLC) está en bandeja de plata, según el abogado, escritor y cineasta Ramón Obón.
Rememora que el empresario de bienes raíces y estrella de un programa de la cadena NBC, Donald Trump (quien tomará posesión como presidente de Estados Unidos el 20 de enero próximo), prometió que desde ese día “evaluaría continuar” con dicho tratado porque “es uno de los peores que ha firmado” su país. “Así que hay que aprovechar el momento”, manifiesta el especialista en derechos de autor porque el TLC, que entró en vigor el 1 de enero de 1994, “ha perjudicado mucho” a la cinematografía mexicana:
“No la ha dejado crecer como industria porque quiebra a los productores del país, ya que las películas no tiene una salida digna en las pantallas comerciales para poder seguir adelante. Aquí se producen largometrajes extraordinarios, lo único que necesitan es tiempo en las salas para que sean conocidos.”
Entrevistado en su despacho, incita a que la comunidad del séptimo arte ya levante la voz:
“No sólo los productores, directores y escritores de guiones, también los actores, los directores de fotografía, los editores, los técnicos, los sindicatos, las cooperativas, la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), aquí veremos si ésta es verdaderamente nacional o está ahí sólo para cumplir los caprichos de los dueños de las distribuidoras. Y desde luego a los exhibidores.”
Precisamente la Canacine, en sus resultados de 2016, informa que se estrenaron 395 películas en México, de las cuales “el 20% fueron mexicanas”. Su gráfica muestra que se estrenaron 78 cintas nacionales, 172 estadunidenses y 145 del resto del mundo” (sin especificar de qué países).
Destaca la Cámara que los ingresos de taquilla fueron de 15 mil 18 millones de pesos, y hace un año fue de 13, 793. En 2016 la distribuidora que más ingresos tuvo fue Warner con 2, 799, le sigue Disney con 2, 739, Fox con 2, 554, Universal con 1, 431, Sony con 968, Videocine (de Televisa) con 877, Corazón (mexicana) con 534 y Cinépolis (mexicana) con 193.
La empresa que más películas estrenó en el país fue Sony. México ocupa el cuarto lugar de las naciones con más salas. Cuenta con 6 mil 308 millones, el primer lugar fue Estados Unidos (40, 392), luego China (40, 327) e India (11, 256). Y en 2016 se construyeron 297 salas nuevas.
Los intereses de Estados Unidos
Autor de Derecho de autor y cine, Los derechos de autor en México, El derecho de los artistas intérpretes, Música de la independencia a la revolución, El príncipe maldito, Amantes de sangre y La cofradía secreta, Obón cuenta que desde que surgieron las leyes del cine mexicano en 1950, “Estados Unidos siempre bombardeó nuestra legislación”.
Sigue con el recuento:
“Después llegó la Ley Federal de Derechos de Autor, cuando establecieron las regalías para los autores por la exhibición cinematográfica, y los que interpusieron el amparo contra esas disposiciones, atacando de inconstitucional esa legislación, fueron los estadunidenses. Tras una batalla de once años, acabaron perdiendo. Posteriormente, cuando las reformas a la Ley de Derechos de Autor, fue muy importante la posición del gobierno en ese momento:
“¡Aceptan!, y lo tengo documentado, una misiva en inglés con observaciones a la nueva ley mexicana en 1997, y se atomizan las sociedades de autores.
“Luego vienen los amparos que en 1997 solicitaron Twenty Century Fox, Buena Vista Columbia Tristar y United International Pictures a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) contra el artículo 8 de la Ley de Cinematografía, porque no les permitía doblar sus películas, y con base a sofismas ganaron ese amparo en el 2000, diciendo que era la posibilidad de que los iletrados y los analfabetas pudieran ingresar a ver Locos abordo, Prohibido querer y Jurassic Park. Fueron manipulaciones culturales importantes. El gran sofisma fue que se violaba la libertad de trabajo y privaba a unos sectores importantes de la sociedad de poder acceder a eso.”
El asunto terminó en un final feliz para las llamadas majors estadunidenses cuando en marzo de 2000 la SCJN emitió –ocho ministros contra tres– la inconstitucionalidad del artículo 8, lo cual les permitió a esas compañías doblar sus películas:
“La magistrada Olga Sánchez Cordero les dijo: ‘Señores, ganaron por mayoría, no por unanimidad, no abusen de esto’. Entonces, ¿qué es lo que vemos ahora en nuestras carteleras?: ¡Versiones dobladas y versiones subtituladas!, pero yo no he visto versiones dobladas al náhuatl o al purépecha o al otomí. Eran una gran mentira sus argumentos. Ahora tenemos más del 90% del cine ocupado por los filmes estadunidenses.”
Miembro vitalicio de la Sección de Autores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC), subraya que ahora, además, sectores importantes de la sociedad no pueden pagar un boleto para las salas de cine de Cinépolis y Cinemex, ni llevar su torta porque deben comprar los dulces a fuerza.
–Y los cines no respetan el tiempo en pantalla, ¿verdad?
–Cuando llegó el TLC, en los anexos donde el cine no se consideraba un elemento cultural, sino un servicio, dice que el 30% estará garantizado para el cine nacional. Cuál es la lectura: A ti Estados Unidos te garantizo el 70% de nuestro tiempo de pantalla. Es decir, te invito a mi casa, y puedes disponer del 70% de todo, y yo me quedo con un cuartito y el desayunador. Sin embargo, no se detienen ahí, es tal la voracidad de esa gente que si vamos al artículo 19 de la Ley Federal del Cinematografía, nos reducen al 10%.
“Hay un argumento que siempre han manejado los exhibidores, de que nadie va al cine por decreto, ¡es correcto!, pero ¿cuál es la forma de que tú cinematografía, tus expresiones culturales se expandan? Hay grandes esfuerzo de cineastas jóvenes con mucho talento, que son reconocidos a nivel internacional, y en su propio país no tienen un espacio para externar ese elemento cultural.”
A finales de febrero del 2000, para la II reunión parlamentaria del Comité Bilateral México-Estados Unidos de Norte América, efectuada en Santa Mónica, California, la actriz María Rojo, coordinadora de la delegación mexicana, leyó el texto Sembrar vientos para cosechar tempestades, donde denunció la intromisión de una compañía estadunidense distribuidora de películas en la confección de la ley de cine de México; además, como resultado del amparo concedido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación a las majors, la entonces diputada federal optó por enviar su renuncia a ese Comité así:
“México cuenta con una renovada Ley de Cinematografía (después de una larga y ardua lucha de la comunidad cinematográfica se aprobó en 1999), para la cual aún estamos esperando la emisión del reglamento correspondiente. Pocos días antes de emprender el viaje a Los Ángeles, recibo un documento referente al artículo 44 de la ley, que se refiere al tiempo de pantalla al cual tiene derecho el cine mexicano en nuestro propio país (asunto que por lo demás está considerado dentro del TLC). En dicho documento se me informa que la principal razón de la demora –el retraso es de ‘sólo’ 10 meses– es que se llevó a cabo una ‘amplia consulta con relación al reglamento entre toda la comunidad cinematográfica´. Y, para mi sorpresa, entre los ‘consultados’ también se encuentra la Motion Picture Association. Esta consulta sorprende, porque es impropio –por no usar otro término– consultar a particulares extranjeros en asuntos relativos a la legislación nacional, cuando estos particulares, además, carecen de toda representación oficial de su gobierno, o siquiera de la totalidad de la industria cinematográfica norteamericana (Proceso 1219).”
La posición oficial mexicana
Obón recuerda que el gobierno mexicano, a través de Jaime Serra Puche, entonces secretario de Comercio, no defendió la cuestión cultural como lo hizo Canadá.
Serra Puche dijo que “para México no habría ningún problema si se incluye el tema de la cultura en las negociaciones”. La cultura, expresó, “no es un tema relevante para México, no nos preocupa” su inclusión. Y con la idea de que la cultura mexicana se cuida sola, le dijo en conferencia de prensa en Toronto a un reportero: “Si tiene tiempo, lo invito a que vaya a San Antonio (Texas) a ver una muy buena exhibición de la cultura mexicana. Se llama Esplendor de treinta siglos” (Proceso, 763), ante a hilaridad de los periodistas.
Entonces Víctor Flores Olea presidía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), y según él no hubo contacto con éste para el díseño del TLC, pero “yo envié memorandums a la Presidencia y la Secretaría de Comercio de México advirtiendo de los peligros y la necesidad de plantear límites que esencialmente no se cumplieron”. Para él, “hubo un descuido, lo que importaba era el mundo de la economía, recibir inversiones a costa de cualquier situación que se produjera en el país, incluso en el campo de la cultura” (Proceso, 1438).
Durante la charla, Obón enfatiza que ahora se cuenta con armas o elementos “para defender nuestros valores culturales”, y se refiere al decreto del 30 de abril del 2009 que incorporó en el artículo cuarto de la Constitución el Derecho a la Cultura:
“Eso fue muy importante, entonces ya llegó el momento de sacar al cine nacional de ese tratado. Si el gobierno mexicano en este momento tiene una actitud timorata, por decirlo en alguna forma, o de una expectativa que creo es muy peligrosa, de no hacer nada, ¡sería un grave error! Echar abajo este aspecto del Tratado de Libre Comercio es hacer grande de nuevo a nuestra cinematografía. Debemos tener un verdadero sentido nacional, no patriotero, y defender lo nuestro. En el cine se plasma mucho nuestra idiosincrasia, nuestra forma de ver las cosas, nuestra perspectiva cultural y nuestra perspectiva del mundo.
“Si damos cuestiones proteccionistas al cine estamos violando el TLC. ¿Por qué ese temor a toda la estructura estadunidense?, qué, ¿siempre tenemos que doblar las manos?”
Enseguida agrega:
“Y para furia del señor Donald durante tres años seguidos mexicanos han ganado el Óscar. Alejandro González Iñárritu obtuvo cuatro estatuillas: a Mejor Película, a Mejor Dirección y a Mejor Guion Original y Mejor Dirección por El renacido en 2016.
“Alfonso Cuarón ha logrado dos, a Mejor Director y a Mejor Edición por Gravedad, y Emmanuel Lubezki alcanzó tres, a Mejor Fotografía por Gravedad en 2014, por Birdman en 2015 y por El renacido en 2016. En Hollywood está Guillermo del Toro, actores, técnicos, en fin, ¿por qué permitir que avasallen nuestra industria? Quieren echar abajo el TLC, ¡pues vamos a echarlo para abajo!”
Según el Instituto Mexicano de Cinematografía, en 2016 se produjeron160 películas, lo cual destaca como “cifra histórica” porque desde hace 58 años no se creaba tal cantidad. Así que el miembro y abogado de la Sociedad Mexicana de Directores, Realizadores de Cine y Obras Audiovisuales se pregunta:
“¿De qué sirven los estímulos a la producción y de qué sirven los estímulos a la distribución?, si todas esas cintas no tienen salida en los cines? No hay salas porque los largometrajes estadunidenses las ocupan todas en versión doblada y versión subtitulada. Se les debe de decir o doblada o subtitulada, no las dos, por ahí empezaríamos, que no se quieran comer todo el pastel.”
En marzo del 2014, el cineasta Alan Coton denunció a este seminario que el TLC “sacó al cine mexicano de cartelera, esto es un hecho” (Proceso, 1948).
Se le pregunta a Obón si el gobierno mexicano no está repitiendo lo mismo al no proteger la cultura en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, sus siglas en inglés), y expresa que ahí aún todo está por verse, “pero si permitimos que se incorporen nuestros aspectos culturales, entonces no tenemos memoria”.
Remata:
“Trump nos está retando porque nos ve como un país de corruptos, de ineptos y de agachones. Vamos a demostrarle que no somos corruptos, ni somos ineptos, ni somos agachones.”








