La solidaridad contra el nihilismo

El actor, autor de este texto, recreó en dos ocasiones al comandante Fidel Castro bajo la dirección del estadunidense Steven Soderbergh: en Che, el argentino y Che: Guerrilla (2008).

Fidel Castro ha recorrido la isla por última vez. La sensación de desamparo invade a millones más allá de Cuba, ¿acaso por la macabra coincidencia del triunfo de Donald Trump apenas semanas antes de la partida de Fidel?

Contrastes sobrecogedores: la solidaridad contra el nihilismo. La educación como principal arma revolucionaria contra la ignorancia como principal elemento de sumisión. El criminal bloqueo del que somos culpables todos, no le ha servido a nadie, ni a los cubanos en la isla, ni a los cubanos en Estados Unidos. Cuba, contra todos los pronósticos, se mantuvo en pie con una dignidad ejemplar. Aun los errores cometidos, fueron reconocidos y lamentados por el mismo Fidel.

Y se han llevado a cabo acciones para resarcir, por ejemplo, la persecución que la comunidad gay sufrió. Sin embargo, los logros alcanzados siguen siendo reconocidos por el mundo entero. No sólo la cinematografía cubana sino las artes en general han tenido siempre un lugar preponderante como parte de su propia identidad. A diferencia de México, en donde la cultura y las artes han estado al final de la lista de prioridades de las últimas administraciones (Proceso, 2090).

Un ejemplo claro de la apertura en Cuba hacia temas considerados tabú, es la película Viva (2015), de Paddy Breathnach, protagonizada por la gloria cubana Jorge Perugorría.

Puedo decir además que haber interpretado a Fidel Castro fue una enseñanza, más que el reto obvio que significaba. En el libro de Ignacio Ramonet, Biografía a dos voces, uno logra conocer a fondo el espíritu, los motivos y la vida misma de Fidel. Pocas veces un actor tiene la fortuna de encontrar tantas puertas abiertas para preparar un personaje. La ayuda del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) fue fundamental.

Vivir la isla y hablar con su gente es un placer que uno debe regalarse para aprender a compartir.