El cine cubano nació con el triunfo de la Revolución

La Revolución dio al cine en Cuba un giro de 180 grados y lo convirtió en arte y apego a la realidad. Reconstruyen esa historia Manuel Pérez Paredes, fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC); Iván Giroud, director del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; Mirtha Ibarra, esposa del fallecido cineasta Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), y Lázara Herrera, compañera del más destacado documentalista cubano Santiago Álvarez, y directora del Festival Internacional de Documentales.

El célebre director Manuel Pérez Paredes, fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y del Comité de Cineastas de América Latina, narra que antes de 1959 en las salas de la isla caribeña predominaban los filmes de Estados Unidos y se producían películas “sin aspiraciones artístico-culturales” y tras el triunfo de la revolución, surgió una industria con la cualidad de que “el cine es un arte”.

A cinco días del fallecimiento del comandante Fidel Castro, el realizador de documentales y cintas de ficción (nacido el 19 de noviembre de 1939 en La Habana) precisa a Proceso, desde su puerto natal por e-mail que no se puede hablar “de un cine de la época de Fulgencio Batista”:

“No había una industria cinematográfica. Lo predominante era la actividad comercial de la producción. Hubo una producción esporádica, inestable; pero se formó un cierto número de técnicos profesionales, no artistas, que fueron importantes al llegar 1959.”

El director de la película El hombre de Maisinicú (1973) recuerda que el ICAIC se creó el 23 de marzo de 1959:

“Es decisión del gobierno revolucionario sentar las bases para crear una industria de cine de verdad. La Ley que creó el ICAIC, su principal redactor fue Alfredo Guevara, en su primer inciso postula ‘Por cuanto el cine es un arte’. Eso puede parecer un lugar común, pero no lo fue. Se trataba de alcanzar eficacia artística. Este ‘sello’ marcó al ICAIC en su política de formación de cuadros y de producción de películas de ficción y documentales.”

El comandante en jefe era consciente de la importancia del cine de manera general:

“Fidel contribuyó a facilitar al ICAIC los recursos materiales necesarios para que surgiera la industria. El Instituto se enfocó en la producción, la distribución y la exhibición del cine en toda Cuba. De ahí el ‘sistema” para desarrollar una industria, hacer posible que surgiera un arte cinematográfico y formar un público culturalmente superior ante los filmes que veía. Esto último fue muy importante, porque antes de 1959 la exhibición estaba controlada por las casas distribuidoras estadunidenses en un altísimo porcentaje.”

Cuatro pilares

El realizador declara que los cines en Cuba pasaron a ser propiedad estatal y se estrenaban anualmente alrededor de 120 filmes hasta 1990:

“A partir de ese año todo cambió por la crisis, con la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo.”

Para él, el cine cubano, de ficción y documentales, “sí abordaba la realidad que se vivía y se vive”, y agrega que en la década de los sesenta  surgió un cine de animación “que alcanzó altos niveles de creatividad”, y destaca que hay personalidades claves en el despegue del cine cubano:

“Tomás Gutiérrez Alea (La muerte de un burócrata y Memorias del subdesarrollo), Humberto Solás (Manuela y Lucía), Santiago Álvarez con una destacadísima obra de cine documental, y Juan Padrón como creador de películas de animación, son los cuatro realizadores de más relieve nacional e internacional de nuestro cine en esos tiempos. Padrón creó un personaje en la animación de nombre Elpidio Valdés (luchador mambí contra los españoles en la lucha por la independencia) que fue un éxito en primer lugar con la población infantil del país. Además de sus ‘vampiros en La Habana’ y otros personajes para un cine de animación para adultos.”

–¿Qué tan difíciles han sido todos estos años para los realizadores?

–Los cineastas cubanos, como ha ocurrido en todo el país, hemos vivido estos años en medio de la conmoción que nos ha tocado por las características de la revolución y sus confrontaciones para sobrevivir y existir. Por el camino ha habido cineastas que abandonaron el país por contradicciones con la revolución, más o menos agudas. Otros han estado trabajando hasta el retiro laboral o la muerte; muchos proseguimos y ya hay una cuarta generación que avanza en este siglo XXI.

“Creo que la relación de los cineastas ha sido con Cuba, con la revolución, con la cultura y el arte nacional y el cinematográfico a la hora de expresarse. Fidel disfrutó y elogió el cine del ICAIC y también enfrentó películas que no le gustaron. Es como parte de la vida, de la diversidad y también de las coyunturas políticas; pero Fidel demostró siempre una gran sensibilidad por la importancia de la cultura y específicamente del cine.”

Pérez Paredes detalla:

“La muestra más concreta de esto fue su relación con el movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, y lo llevó a ser promotor de la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (el 15 de diciembre cumplirá 30 años). Para ello, le encargó al Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, su amigo Gabo, que presidiera la Fundación y respaldara con su capacidad y prestigio ese ambicioso proyecto de contribución a la unidad continental a través del cine y la formación de cineastas latinoamericanos.”

Así finaliza:

“Enormes retos tiene el cine por delante como expresión cultural artística ante el mundo digital. De Fidel nos queda el recuerdo y la huella de su comprensión y apoyo de la importancia de la cultura artística, y específicamente del cine, en medio de la dinámica excepcional con la que vivió su rol como máximo dirigente de Cuba por más de cuatro décadas.”

“Ser cultos para ser libres”

El director del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Iván Giroud, coincide con Pérez Paredes que cuando estaba en el poder Fulgencio Batista “se  filmaban pocas películas y por lo general de muy baja calidad, con una imagen estereotipada y carnavalesca del país y su cultura”.

Subraya que el ICAIC, cuya principal acto es el Festival, fue la primera institución cultural que creó la revolución. Giroud exalta:

“En la historia del cine cubano producido por el ICAIC han existido obras críticas, obras reflexivas y obras complejas. La crítica es también saludable y necesaria.”

La 38 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano iniciará este 8 de diciembre en La Habana, por lo que Giroud anuncia que aunque el diseño del programa estaba terminado “cuando nos golpeó la noticia del fallecimiento de Fidel”, se estrenará a nivel mundial un filme que se terminó hace treinta años “y aún está inédito y del cual Fidel es el protagonista principal de su historia”.

Se titula La batalla del Jigüe, de Rogelio Paris, “y en ese hecho histórico, cultural y político descansará el peso de nuestro homenaje a Fidel”, realza.

Por su parte, la guionista, dramaturga y actriz cubana y esposa del fallecido cineasta Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), Mirtha Ibarra manifiesta por teléfono desde La Habana que con el triunfo de la revolución “hubo cambios en todos los aspectos de la cultura, porque este era un pueblo analfabeto”.

Se refiere a la campaña de alfabetización de Fidel Castro, en la que ella participó a los 14 años de edad:

“Fidel primero dijo que se debía enseñar a leer a este pueblo y le dio prioridad a la cultura. Decía José  Martí: ‘Ser culto para ser libre’. Se creó la Escuela Nacional de Arte, el ICAIC, las escuelas de instructores de arte que eran para dar clases en las casas de cultura, lo mismo de música que de pintura, etcétera, ¡pero de una manera masiva!”

– Después de la revolución, ¿qué aportó el cine cubano al mundo?

– Contribuyó con un cine más realista. Con pocos recursos materiales era muy humanista y profundo a la vez. Se hiso una cinematografía de calidad. Fresa y chocolate (1994), de Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, es un largometraje que está cimentado más que en la historia, en los personajes. Este proyecto (la primera película cubana nominada a un Óscar) marcó un hito dentro de la cinematografía universal porque toca el tema de la intolerancia, la cual en estos momentos es muy vigente, con los migrantes, la religión y las personas de preferencias sexuales diferentes.

“Con la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños se ha aportado mucho, recibe estudiantes latinos y de África, y esa gente se va a sus naciones a crear cine.”

– Gutiérrez Alea, representa al Nuevo Cine Latinoamericano, el también llamado Cine Libre, ¿alguna vez  fue censurado?

–¡Nunca! Él siempre hizo el último corte, y se vanagloriaba de eso.

Concluye que el cine tuvo mucho apoyo porque es muy caro, “pero también se impulsó la literatura, la danza, la música y la pintura, de esta última muchos consagrados dieron clase en la Escuela Nacional de Arte, y de ahí surgieron nuevas generaciones de pintores”.

Adiós al patriarca

La escritora mexicana Elena Poniatowska señala a esta reportera que la política antihomosexual a finales de los sesenta y principios de los setenta, “quizá fue su único punto negro” en la obra trascendente de Fidel Castro.

Para abril de 1971, la política antihomosexual quedó manifiesta y patente durante la celebración del Primer Congreso de Educación y Cultura, y mediante la promulgación de una disposición laboral se impedía a los homosexuales ocupar cargos de cierta relevancia en la esfera cultural.

En septiembre del 2012, el dramaturgo Abelardo Estorino, ya fallecido,  dijo en entrevista con este medio que en los setenta su casa era sede de tertulia. Se reunían narradores, dramaturgos, actores y pintores por el aislamiento en el que la revolución “nos  había puesto”.

Se le preguntó si sufrieron mucho, y contestó:

“No, simplemente hicimos una vida aislados. Nos perjudicó a todos, pero eso quedó atrás. Ahora Cuba es otra, por fortuna” (Proceso, 1872).

Otra parte importante del cine cubano fue el Noticiero ICAIC Latinoamericano, dirigido primero por Alfredo Guevara, y luego por Santiago Álvarez (nacido el 8 de marzo de 1919 en La Habana y fallecido el 20 de mayo de 1998 en la misma ciudad) Lázara Herrera, compañera sentimental de Álvarez, sitúa así a esta figura del séptimo arte:

“Revolucionó el documental en Cuba.  Él hizo que este tipo de cintas no fueran aburridas. Le cambió el rostro al documental, le dio vida.”

La  también directora del Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez In Memoriam llegó a México el pasado martes 28 de noviembre en busca de apoyos para la siguiente edición del este ciclo cinematográfico, que se efectuará en marzo próximo en Santiago de Cuba.

“En 1960 pusieron a Santiago frente al Noticiero ICAIC Latinoamericano. No sabía nada de cine. Era un hombre graduado en filosofía con una cultura tremenda, leía muchísimo y lo pusieron ahí porque era un hombre políticamente confiable y Alfredo Guevara sabía que no se iba a sacar gato por liebre”, señala Herrera.

Enseguida, la además productora resalta en una charla con este semanario:

“Era un tipo genial. Empezó a romper cánones clásicos del cine. Hacía lo que le daba la gana con mucha inventiva. El noticiero fue su escuela, y  antes de que existiera la escuela de cine de San Antonio de los Baños, la gente, de muchas partes de América Latina, se formaba en el Noticiero”.

En sus cintas, Álvarez, quien rodó más de mil filmes, entre cortos y largos, le dio un lugar importante al tema de la Revolución cubana:

“Entrevistó muchas veces a Fidel. Era su autor favorito. Santiago tuvo una relación muy bonita con él  y con Raúl. Si Santiago viviera, la muerte de Fidel hubiera sido muy dura para él. A mí me dolió mucho. Fidel nos enseñó lo que era ser digno, lo que es sentirse respetable. El día que se nos olvide eso, nos estaremos muriendo.”

Por su parte, la actriz cubana Idalmis del Risco acentúa que a partir de 1959 “se hizo énfasis en la cultura a través de todas sus manifestaciones artísticas, enfocadas a preservar los preceptos de la revolución, refrendándolos a través de los creadores cubanos comprometidos con su pueblo”.

Carlos Sánchez Sosa, distribuidor de cine latinoamericano, precisa:

“Somos varias generaciones que descubrimos el cine latinoamericano a partir del cine cubano que nos formó cultural e ideológicamente. Sin Fidel y la revolución cubana el cine de Latinoamérica no sería lo que hoy es. Desde 1960 en México hemos recibido con mucho aprecio el cine cubano, al principio en Cine Clubes Universitarios y hoy hasta en circuitos comerciales.”