A principios de año, el alcalde tapatío Enrique Alfaro Ramírez se comprometió a retirar del Centro Histórico a los ambulantes, pero sobre todo a los franeleros, quienes controlan los espacios públicos de la ciudad y se han convertido en pesadilla de los automovilistas. No sólo no ha podido, sino que ellos siguen siendo los dueños de las calles y algunos de ellos se ufanan de tener un trabajo que los dignifica, aunque violen, entre otros, los reglamentos de Policía y Buen Gobierno de Guadalajara y el de Estacionamientos.
El compromiso hecho a finales de enero pasado por el alcalde tapatío Enrique Alfaro Ramírez de poner en cintura a los limpiaparabrisas y los apartalugares que controlan los espacios públicos en el Centro Histórico a partir de la segunda quincena de febrero quedó en mero anuncio.
El emecista Alfaro Ramírez no sólo incumplió su promesa, sino que ahora –10 meses después– permite que los también llamados franeleros o viene-viene sigan violentando, entre otros, los artículos 13 y 73 del Reglamento de Policía y Buen Gobierno de Guadalajara, así como el capítulo 14 del Reglamento de Estacionamientos, relativo a las infracciones y sanciones en los estacionamientos públicos.
De enero a julio de 2015, durante la administración del priista Ramiro Hernández García –Alfaro asumió el 1 de octubre de ese año–, el ayuntamiento informó que la Secretaría de Seguridad Ciudadana detuvo a 750 apartalugares, incluidos nueve menores. La ahora llamada Comisaría de la Policía Preventiva municipal, encabezada por Salvador Caro Cabrera, no ha reportado ninguna detención en más de un año.
Las zonas comerciales y habitacionales más afectadas son Chapultepec, el barrio de Santa Tere y San Juan de Dios, donde hay 60, 50 y 30 apartalugares, respectivamente.
Y aun cuando la autoridad los considera partícipes del crimen organizado (pues presuntamente forman parte de las redes criminales y se dedican a estar avisando de la presencia policiaca y en algunos puntos venden droga, según declaró a los medios el propio Caro Cabrera el pasado 25 de enero), los apartalugares operan con total impunidad en el Centro Histórico.
Ciudapp, una aplicación digital que recibe quejas sobre los espacios públicos, entró en funciones el 31 de mayo último, ha recibido más de 300 reportes, de los cuales 107 corresponden al Centro Histórico. Los datos difieren notablemente de los que maneja el ayuntamiento, según la cual de noviembre de 2015 a la fecha hubo sólo 200.
Según información oficial, en Chapultepec hay 21 estacionamientos públicos, con mil 260 cajones, mientras que en el barrio de Santa Tere sólo hay 10 con 616 cajones.
Las tarifas para los conductores que llevan sus unidades oscilan entre 15 y 25 pesos por hora, por lo que muchos prefieren pagar entre 30 y 40 pesos a los apartalugares, quienes les cuidan sus vehículos por tiempo indefinido.
El conductor Rodrigo Vázquez, quien frecuenta Santa Tere, los considera un “mal necesario”, pues le cuidan su automóvil, aunque advierte que algunos son maldosos.
Lucía Villaseñor, quien por motivos de trabajo estaciona a diario su automóvil en la zona de Chapultepec, opina lo contrario: “Ya no puedo dejar mi coche sin miedo a que le hagan algo; además –dice– se ponen violentos y exigen dinero”.
Un programa trunco
Para recuperar los espacios públicos, Alfaro Ramírez lanzó el 19 de octubre de 2015 el programa Banquetas Libres, que se instrumentaría en tres etapas. La primera abarcaría el polígono de Minerva a Calzada Independencia.
En esa zona, 30 agentes de movilidad comenzaron a multar a los vehículos que se estacionaban sobre la banqueta, invadían las ciclovías, bloqueaban rampas o se quedaban en línea amarilla del balizamiento.
Una segunda fase, que comenzó el 30 de junio pasado, se centra en el mejoramiento de los pasos peatonales y en la instalación de paraderos para el transporte público; al principio se planteó el retiro de obstáculos, como postes.
La tercera etapa consiste en quitar el comercio ambulante de la zona peatonal e implementar un proyecto de obra para mejorar las banquetas.
La regidora Ángeles Arredondo Torres, del PRI, considera poco funcional el programa Banquetas Libres. Según ella, el alcalde Alfaro es incongruente, pues ha despilfarrado dinero en cosas obsoletas y ha aumentado la nómina del ayuntamiento. “¿Cómo es posible que no haya capacidad operativa para desarrollar este programa?”, se pregunta.
Las estrategias para terminar con los apartalugares han fracasado, dice, porque no les ofrecen alternativas de empleo; “considero que el ayuntamiento debería generar opciones”.
Con respecto a Banquetas Libres, Arredondo Torres, dice que antes debe pugnarse por tener banquetas dignas. “El observatorio Jalisco Cómo Vamos –comenta– mostró que casi 50% de las banquetas están en un pésimo estado, por lo que la fracción del PRI ha pedido una mayor inversión para tener banquetas dignas”.
Las multas estipuladas por el gobierno tapatío por no pagar estacionómetro son de 365 pesos, los conductores que estacionan su vehículo en espacios exclusivos o invaden la banqueta deben pagar hasta 3 mil 276 pesos.
Una manera de ganarse la vida
En los alrededores del Hospital Regional Valentín Gómez Farías, ubicado en avenida Américas 203, en Zapopan, el personal que ahí labora sufre a diario por los insuficientes espacios de estacionamiento; la situación se complica por la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero.
La doctora Laura de la Torre comenta que le robaron su vehículo a pesar de que lo había “dejado encargado” a uno de los franeleros del lugar. Se queja porque, dice, ellos se molestan si no les dan dinero, incluso pueden dañar los autos.
Otra compañera que pide omitir su nombre, se refiere a los apartalugares como una mafia: “Aunque no te piden una cuota, te preguntan que si te lavan el coche, por lo que cobran 30 pesos. Si les dices que no, ellos dejan una señal sobre tu auto –una bolsa de papas o algún papel– y después llegan los inspectores de movilidad y te infraccionan”.
Relata que el pasado 17 de septiembre ella y su novio acudieron a realizar un trámite al hospital, cada uno en su vehículo. Ninguno dejó dinero en el estacionómetro. Sin embargo, él pidió que lavaran su coche. Al regresar, sólo el auto de ella tenía una infracción.
Cuestionados al respecto, los franeleros responden que sólo se dedican a lavar y cuidar los autos y que “viven de la voluntad de la gente”.
–¿Les pides una cuota a las personas? –se le pregunta a Luis Hernández, quien diario llega a la calle El Mixtón, a la vuelta del hospital Valentín Gómez Farías, a las siete de la mañana para apartar los lugares.
–No, para nada. Aquí están los parquímetros. Yo nomás ofrezco lavar los autos o le pongo dinero a los parquímetros si es que se les acaba, aunque nos la hagan de pedo los de Movilidad.
–¿Las autoridades los multan por realizar esta actividad?
–No, a veces nos piden mochada o si nos suben a la patrulla nomás nos dan una vuelta y nos dejan ir.
–¿Cuánto ganas?
–Pues cobro 30 por lavar coches y 40 por camionetas; lavo unos 10. Llego a las siete y me voy como a las dos de la tarde, cuando llega otro compañero.
–Entonces ganas más de 300 pesos por tu jornada. ¿Repartes ese dinero?
–No. Es para mí. Aunque, como te digo, a veces hay que darle algo a los inspectores o a la policía.
–¿Y cómo se reparten la zona?
–Por antigüedad. Algunos tienen como 15 años aquí, ellos cuidan más carros. Algunos clientes incluso les dejan las llaves.
–¿Cómo comenzaste en esta actividad?
–Me quedé sin trabajo y un vecino me trajo. Y me quedé. Aquí sale para comer.








