Una celebración singular

Celebrar los 40 años de la existencia de la revista representa para mí una alegría, un orgullo y un compromiso que confirma una vez más que la vida de mi padre sigue latiendo.


Proceso ha sido parte de mi vida desde el principio. Tenía 18 años cuando apareció el primer número.
Ese entrañable vínculo tiene que ver con mi padre, Vicente Leñero. Para él, la revista fue central en sus proyectos de vida. Su compromiso ético y la pasión que le significó crear junto con Julio Scherer García, Enrique Maza este semanario de imprescindible lectura y conformar un equipo profesional de reporteros después del “golpe a Excélsior”, un equipo que se ha ido renovando durante las últimas décadas.
Para mí, esa ha sido una enseñanza sustancial en defensa de la libertad de expresión. Eso me trasciende, debo admitirlo, pues representa conquista de la dignidad humana y social a la que nunca debemos renunciar como sociedad.
Durante este periodo, cada semana, he aprendido a compartir –y aprender– el periodismo de Proceso con mi quehacer artístico, sobre todo el enfoque crítico frente al acontecer nacional. Este ejercicio periodístico le da sustento a la vida creativa y la complementa.
Empecé a trabajar en el semanario desde 1980. Primero en el archivo fotográfico, con Mary García y Rosario Millán; después en la digitalización de la revista, y una década más tarde me integré a la sección cultural, que hoy coordina Armado Ponce.
En esta sección pude compartir las juntas semanales de los lunes con mi padre, quien, siendo subdirector de Proceso, las conducía a modo de sus talleres literarios: siempre de manera abierta y creativa. Recuerdo siempre su convicción acerca de la importancia fundamental de la cultura dentro del acontecer del país. Para él, así lo asumía, el periodismo cultural debía tener las mismas características que las de la información general; es decir, crítica e independiente.
Esta es una herencia que continúa vigente en el grupo que hoy  coordina de manera inteligente y vital Armando Ponce. Un equipo inmerso en la vida cultural nacional e internacional. He tenido la oportunidad de colaborar con compañeros como Roberto Ponce, Judith Amador, Columba Vértiz, Niza Rivera, para nombrar sólo a la planta de reporteros de hoy.
Ser parte de la sección cultural realizando reseñas sobre Artes Visuales para el suplemento cultural me ha permitido ejercer una constante reflexión y dejar registro, en un espacio propio, de la oferta cultural significativa en México.
Siendo Proceso un referente crítico nacional en un país que necesita miradas y voces capaces de generar pensamientos críticos y acciones congruentes para crecer y dejar constancia en las nuevas generaciones del poder de la libertad de expresión –que nos dignifica y fortalece como seres humanos y sociales en pleno siglo XXI–, eso es un privilegio invaluable.
Por ello, celebrar los 40 años de la existencia de la revista representa para mí una alegría, un orgullo y un compromiso que confirma una vez más que la vida de mi padre sigue latiendo.   l