Canal Once transmite una vez a la semana, los sábados, una mini-serie producida por BBC One, VRT y Starz: La reina blanca. En Europa se estrenó en junio del 2013, estaba pensada para ser única, y sin embargo –debido a su éxito– se planea elaborar una segunda temporada en 2016. La duración es de una hora, casi sin cortes.
Experta en producciones que recrean el pasado, la BBC reitera con La reina blanca su capacidad realizadora de obras de época. Las compone siguiendo un patrón dramático acorde con los nuevos elementos provistos por el desarrollo de los contenidos contemporáneos, lleva ribetes de ciencia-ficción en forma de magia, de lucha política e intriga cuasi policiaca. Introduce el infaltable romance. Se vale también de las innovaciones tecnológicas actuales para gozar de la libertad de exteriores espléndidos captados por una lente ubicua.
La conservación de la floresta, lagos, castillos, casas y villas de la época medieval hace posible escenarios auténticos. Ahí está aún el bosque de Sherwood de donde habría de producirse la leyenda de Robin Hood.
En esta ocasión nos remontamos hasta plena Edad Media, cuando aún no había naciones y los señores feudales batallaban por mantener sus tierras, sus siervos y las cosechas producidas por éstos. El poder estaba basado en los ejércitos, y la contienda era más frecuente que la estabilidad. La serie cuenta el enfrentamiento entre dos familias, los York y los Lancaster, quienes pelean por el trono de lo considerado, en ese momento, Inglaterra.
Era 1464, entonces se produce la histórica Guerra de las Rosas. De un lado Eduardo IV, del otro su primo Richard Neville. El primero desposa a una viuda, Elizabeth Woodville, cuya madre, Jacquetta de Luxemburgo, tiene dotes de hechicería. El embrujo da resultado especialmente por la belleza de Elizabeth, quien de ese modo será la reina blanca, y tendrá que enfrentarse a la progenitora de Eduardo, quien no acepta la mezcla de la sangre real de York con la de sus enemigos los Lancaster. En realidad está en juego la herencia de la corona y todos los privilegios adscritos a la misma.
Personajes fuertes, decididos, crueles si es necesario, las mujeres llevan el protagonismo en esta serie aunque durante siglos las reinas hayan estado limitadas a dar vida a los futuros monarcas, a mover los hilos de la trama política y militar tras bambalinas, pues les estaba vedado heredar directamente el poder. Eso tuvieron que ganarlo. No obstante sus limitaciones, se las arreglaron para lograr el reinado por pleno derecho legal. En Gran Bretaña varias reinas del pasado son reconocidas por su desempeño al mando del país. Y hoy la reina es Isabel II.
La virtud de series como La reina blanca es que aun conociendo el desenlace, por estar basadas en períodos históricos, importa la manera de presentar y desanudar los conflictos, así como el despliegue de una estética televisiva del siglo XX, ya clásica.








