Cantata de Máynez y Bacalov sobre Cervantes, en Alcalá de Henares

Alcalá de Henares, ESPAÑA.- La cantata escénica Un ingenioso hidalgo en América, del compositor y director de orquesta Luis Bacalov y del músico Samuel Máynez Champion, colaborador de Proceso, es “la amalgama de la imaginación” al ubicar al Quijote en América, un viaje deseado por Miguel de Cervantes, pero que la Corona española nunca le permitió.

Esta obra, estrenada en el Festival Internacional Cervantino de 2005 en Guanajuato, México, centró la ponencia de Jesús Ferrer Cayón, músico y doctor en Historia por la Universidad de Cantabria, en la que elogia la destreza con que compositor y libretista logran “deslocalizar al Quijote para llevarlo a América y adaptarlo a los referentes culturales de ese continente”, como “una relectura del Quijote según esos referentes”.

En su participación en el Congreso Internacional La Recepción de Cervantes en los siglos XX y XXI en el rectorado de la Universidad de Alcalá, ciudad donde nació Cervantes, Ferrer sostuvo que la obra “amalgama toda esa imaginación de manera muy acertada, primero con la deslocalización del personaje de Cervantes, pero también con guiños evidentes a una de las grandes aportaciones culturales de la América contemporánea, como es el realismo mágico de Gabriel García Márquez”.

Autor del libro La instrumentalización de la cultura durante el franquismo, Ferrer se refirió a las claves para entender esta proeza sobre el mito de Cervantes y su personaje quijotesco en América, “en la que fue muy importante que la autoría de la obra recayera en Bacalov, un italo-argentino de fama mundial, compositor de la banda sonora de (la película) Il Postino, y en Samuel Máynez, mexicano, que no sólo es periodista sino músico, y que consiguen adaptar los personajes a la realidad americana y a sus códigos”.

La primera clave que resaltó Ferrer fue la “deslocalización” del Quijote, con el antecedente de que Cervantes “no consiguió viajar a América, como era su deseo, como lo documentan las dos cartas que el autor del Quijote envió al rey en los años 1580 y 1592, solicitándole ir a América para ocupar alguna de las vacantes de funcionarios de la Corona que habían dejado América, siendo él mismo un funcionario”.

Y como Cervantes arrastró esa “frustración”, por tanto Bacalov y Máynez decidieron que los personajes de la obra del Quijote viajaran en algunas ocasiones a América, siendo los grandes gigantes a los que se enfrentaban, la arriesgada travesía a través del Atlántico”.

Una clave muy americana, sobre todo mexicana, advirtió, es la adaptación de los nombres de los personajes como la Dulcinea de Texcoco; la Dulcinea de Canela, Martin Fierro o Juana Inés Ramírez –en abierta referencia a la escritora mexicana sor Juana Inés de la Cruz.

“Otra clave evidente –explica en la entrevista– es un desarrollo tremendo de imaginación, sin el cual la obra no se podía concebir de desarrollar la obra en aquel continente.”

El estudioso resalta un dato, hasta ahora poco difundido, que es el hecho de que El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha se conoció en América el mismo año de su publicación en España.

“En 1605, cuando se publica el Quijote, llegaron a México doscientos o doscientos cincuenta ejemplares del libro de Cervantes, al igual que a Lima. Es decir que Veracruz es la primera ciudad en América donde se conoce la obra magna de Cervantes, al muy poco tiempo que aquí.”

Este hecho, prosigue, muestra que pese a la postura crítica en América contra el imperio español por la imposición de una religión y el expolio económico, “da cuenta que en el terreno cultural hubo una aportación al acervo cultural conjunto, que compartimos con los hispanoamericanos”.

Ferrer Cayón recuerda que Guanajuato, donde se estrenó la cantata escénica de Bacalov y Máynez, es ejemplo de ciudad minera donde el imperio español asentó y explotó esta industria.

Resalta también que la obra juega con claves fundamentales, como en su inicio sobre el concepto de la Inquisición en 1600, otra de las leyendas negras de los españoles, lo mismo que juega con la existencia de cartas reales y ficticias (de Cervantes): la primera de 1590, donde hacen referencia a las cualidades exuberantes de América que conmovieron a los europeos. Contextualiza:

“Hay que tener en cuenta que cuando Colón realiza la primera expedición, se consideraba que la tierra era plana, de ahí viene el nombre de Finisterre. Y encontrar un continente cuyas extensiones eran inabarcables y con una riqueza geográfica exuberante, eso cambió la cosmovisión en los albores de la época moderna.”

La obra de Bacalov y Máynez, explica, explota otra clave, que es la interpretación utópica:

“Cuando los seres humanos nos vemos estimulados por la naturaleza, la imaginación se activa mucho más. Ya de por sí la gente de la creación tiende a la utopía… si tú te encuentras en un entorno geográfico como América, te potencia más.”

Esto le llevó también a considerar lo que llamó la “clave de la metodología”, con el guiño a la cultura latinoamericana reciente  (realismo mágico), “porque al final la cantata se titula El arrepentimiento del Patriarca, que es un guiño en el libreto de Máynez a El otoño del Patriarca de García Márquez, libro que acabó de confirmar el realismo mágico”.

Esta parte, interpreta, es una crítica no sólo al patriarcado español, sino a los regímenes dictatoriales en América en los años 80.

También advierte que el tratamiento en la obra americana respecto a la de Cervantes, es muy parecido al que se le da al Quijote, un defensor de la libertad más que un loco, como se interpreta al personaje “en términos católicos”. Pero como católico, Cervantes deja entrever en su obra una forma de ver la religión más propia del norte de Europa que del sur.

Sostiene que juegan con la referencia o crítica a la religión católica con la presencia machacona del diablo, del ambiente subterráneo de una mina, episodio que asemeja mucho a la Cueva de Montesinos (Albacete), a donde arriba Don Quijote con Sancho Panza, lo cual “tiene mucho que ver con una naturaleza subterránea que les sorprende, de realismo mágico, la fantasía mezclada con la realidad”.

Ferrer destacó en su ponencia el papel desempeñado por Samuel Máynez no sólo como libretista de esta cantata escénica, sino por violinista en distintas escenas, lo que le hace un personaje particular en la obra.

El doctor en composición, Carlos Duque, del Centro Superior de Enseñanza Musical Katarina Gurska, quien participó con otra ponencia sobre las bandas sonoras en las películas y documentales en torno a la obra de Cervantes, destacó que la obra de Bacalov y Máynez es una puesta en escena muy afortunada, sobre todo en lo musical.

Para analizar “el mito de Cervantes” en esta obra, Ferrer explicó al público el contexto de la vinculación que tiene Guanajuato con la obra de El Manco de Lepanto, primero con los festivales que desde 1953 empezó a montar Enrique Ruelas, gran conocedor de la dramaturgia y el teatro, y que fueron el germen del Festival Internacional Cervantino.

“El mismo año de la presentación de la obra de Bacalov y Máynez, 2005, fue el año en que Toledo dio a Guanajuato la estafeta de la UNESCO que le nombraba Capital Cervantina en América.”