Señalado por agentes de la fiscalía como protector de delincuentes, Marco Antonio Venegas, El Bambam, ofrece su versión sobre algunos hechos en los que se le implica y hace un breve recuento de su trayectoria como escolta de importantes políticos del estado.
Marco Antonio Venegas Mendoza, El Bambam, escolta del panista Emilio González Márquez cuando era alcalde de Guadalajara, afirma en entrevista que, contra lo que informaron sobre su trayectoria policiaca diversas fuentes, incluidos agentes de la Fiscalía General del Estado (FGE), él nunca fue amenazado ni apoyó a grupos delictivos cuando era coordinador general de la Policía Investigadora de la entonces Procuraduría General de Justicia (PGJ) (Proceso Jalisco 621).
Sin embargo, recuerda que más de una vez tuvo diferencias con funcionarios de primer nivel de la administración panista y con sus familiares, quienes pretendían que la gente de seguridad hiciera servicios domésticos, como ir a surtir la despensa o hacer de niñeros.
Admite que conoció a Sergio Kurt
Schmidt, presunto operador financiero del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y que éste le pidió apoyo para resolver algunos problemas, pero aclara que nada ilegal. Sobre su compadre Emilio González Márquez, dice que no tiene contacto con él desde que dejó la gubernatura.
Además, señala que declinó la propuesta del presidente municipal de Tlajomulco de Zúñiga, Alberto Uribe, para ser su comisario de seguridad, después de que luego de que el presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Jalisco, José Antonio Pérez Juárez, señaló a este semanario los presuntos vínculos del Bambam con la delincuencia organizada (Proceso Jalisco 621):
“Le dije: ‘No, para qué voy a ser la parte en la que te van a pegar… mejor hay que ver si se calman las cosas (…) de todos los directores: Solorio, Servando, Nájera, dijeron lo mismo’.”
Se refiere a la información publicada el 25 de mayo del año pasado por La Jornada Jalisco, donde se dice que Venegas Mendoza es el hombre de Emilio González en la campaña del emecista Alberto Uribe para la alcaldía de Tlajomulco.
No obstante, sostiene que ahora se dedica al deporte y a trabajar en la empresa de seguridad privada de su esposa, donde da asesorías y capacita a escoltas. Además, dice que el próximo 28 de octubre concluye su carrera de abogado.
Al repasar su trayectoria, cuenta que en 1995 entró a la academia de policía de Zapopan y en 1998 ingresó a la Unidad Estatal de Combate al Secuestro, que dependía del secretario general de Gobierno, el panista Fernando Guzmán Pérez Peláez y protegía a empresarios.
Después fue escolta de Guzmán y, cuando éste dejó el cargo para coordinar a los diputados locales de su partido, El Bambam protegió a los sucesivos secretarios de Gobierno, Felipe de Jesús Preciado Coronado y Mauricio Limón. Todo ello en la administración del primer gobernador panista, Alberto Cárdenas.
Posteriormente Venegas Mendoza renunció como escolta para ingresar a la PGJ como policía investigador en el área de tráileres, donde trabajó un año. En ese periodo frustró el robo a un camión blindado y como reconocimiento, dice, le entregaron un centenario.
Su siguiente paso lo dio como agente federal de migración. Ahí tuvo contacto con personal del FBI, la DEA y diferentes marshalls que buscaban a estadunidenses prófugos de la justicia. Tras poco más de un año se incorporó a la escolta de González Márquez.
Emilio, Schmidt, Adame, Coronado…
En aquel tiempo González Márquez era candidato a presidente municipal de Guadalajara y su relación con Venegas Mendoza fue sólo profesional, pero después entablaron una amistad y se hicieron compadres: el funcionario bautizó a una de las hijas de Venegas.
El jefe de escoltas de González Márquez, dice, era Rodrigo Córdoba. El político “quería romper el protocolo de seguridad e ir platicando con nosotros”, pero las respuestas eran monosílabas. “Después entendió que teníamos que ser disciplinados, no podíamos distraernos”, señala El Bambam.
Sin embargo, los unió el deporte: “A él le gusta correr, entonces a güevo tenía que correr”. Incluso terminaron un maratón de ocho horas. “Ahí es donde se da la amistad”. Sin embargo, afirma que no ha visto a Emilio González desde que salió de la gubernatura y que sólo se ha encontrado casualmente con sus hermanos.
En su opinión, aparte de que el exgobernador sea su compadre, es necesaria una buena relación entre el escolta y la persona a quien protege. Si éste trata mal al escolta, “va a tener coraje” y lo va a abandonar ante el peligro, o va a aceptar una oferta para “ponerlo”. Según Venegas Mendoza, “ha pasado con directores (…), la misma gente que está a tu alrededor le da la información a los mañosos”.
Cuenta que cuando González Márquez trabajaba en la Casa Jalisco, él aprovechaba el tiempo para entrenar al cuerpo de escoltas y actualizarlo en materia de seguridad. Quiso hacer lo mismo cuando fue nombrado coordinador general de la Policía Investigadora del estado (conocida con la clave J1), pero el entonces procurador Tomás Coronado Olmos se lo impidió, considera que por celos profesionales.
Además, Coronado le ordenó que no acudiera a los operativos ni concediera entrevistas, sino “que me quedara en la oficina a hacer proyectos”. Uno de éstos fue el centro de inteligencia que se creó con recursos federales.
–Las fuentes que consultamos dijeron que en ese tiempo Sergio Kurt Schmidt controlaba la procuraduría… –se le plantea.
–Es una gran mentira. Ni siquiera tenía buena relación con Tomás Coronado. Yo nunca había escuchado eso, estando yo ahí.
–Nos dicen que a diario estaba Schmidt en la procuraduría…
–Pues a lo mejor tenía asuntos ahí. Yo lo conozco. A mí jamás en la vida me ha pedido algo que me pueda perjudicar a mí, en mi persona, en mi trabajo o en cualquier otra cosa. Sí como lo que me piden diferentes gentes: ‘Oiga, fíjese que tenemos personas posiblemente armadas o hay una persona agresiva o robaron en tal casa’. Eso es normal. Ese tipo de cosas me pedía. Jamás supe que anduviera con ese tema (que fuera operador financiero del CJNG); lo que sí escuchaba es que traía el asunto de los comedores en el penal, pero que él llegara y mandara, jamás.
–Las personas consultadas señalaron a Sergio Adame Ochoa como otro incondicional de Sergio Schmidt.
–No, ni siquiera lo conocía. Yo supe que esta persona (Adame Ochoa) estuvo con Nájera cuando era secretario. Manejaron que estuvo en el despacho del gobernador (González Márquez); más bien tuvo una plaza, pero él siempre se manejó con Nájera.
No explica cómo sabe que Schmidt no conocía a Adame Ochoa, actualmente preso en Estados Unidos, ni por qué una plaza en el despacho del gobernador la manejaba el entonces procurador Nájera.
–Otras fuentes dijeron con todas sus letras que a usted “la maña” le había pagado con un reloj Rólex.
–Más bien sacaron que me habían dado una Hummer…
–Y el Rólex…
–Yo no me acuerdo que hubieran sacado esa información. Lo que sí es lo de una Hummer. Desde Nájera, Solorio… ahí hablaban de todos ellos y también de mí. Proceso publicó lo de la Hummer que me había dado el comandante de Homicidios y que me pagaban con dólares. No era una Hummer, era una Land Rover.
“Esa información salió porque una vez (Carlos Alberto) Rayas, el (director) de Homicidios, me vio en esa Land Rover y le comentó al procurador, y éste filtró esa información de que traía, no una Land Rover, sino una Hummer.”
Sin embargo, a decir de Venegas Mendoza, la camioneta pertenecía al IJAS, que la cedió en comodato a la procuraduría. “Ahorita tengo una casa que no puedo pagar; cuesta 1 millón 500 mil pesos. Si hubiera sido como ellos dicen, yo tendría un casonón, andaría bien”, comenta.
Según él, Tomás Coronado ordenó que no se le asignaran escoltas cuando salió de la procuraduría, a pesar del cargo que ocupó. “Yo debería de tener al menos dos escoltas, no el subprocurador de Averiguaciones Previas, que sí los trae: ¿qué riesgos puede tener él? Estuve manejando asuntos muy delicados. ¿Cuál es mi seguridad? Mi actuar, el respetar a los demás en todos los ámbitos”.
Asegura que jamás torturó a nadie, sólo investigaba. Y admite que las corporaciones policiacas han sido vulneradas por la delincuencia organizada, pero considera que es difícil saber quiénes y cuántos son los infiltrados y corruptos.
Detalló cómo detuvo a integrantes de diferentes cárteles: Los Zetas, el de Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa. Subraya: “Yo no tengo compromiso con nadie. No hice nada que estuviera fuera de mi trabajo”.
Narra que el 12 de octubre de 2010 un comando de zetas arrojó granadas contra las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública en 16 de Septiembre al cruce con Libertad, y el mismo día atacaron el ayuntamiento de Guadalajara. Los pistoleros se preparaban para atacar instalaciones militares pero, a decir del Bambam, él y otros policías lograron detenerlos en el rumbo de Tlajomulco.
De igual forma recuerda que a él le tocó detener hace años a su exjefe en la Policía de Zapopan, Francisco Ochoa, por su presunta implicación en un secuestro.
Ni amenazas ni atentado
A Venegas Mendoza también le interesa negar que haya recibido amenazas cuando fue J1. “El único (altercado) que tuve fue cuando fui policía investigador, en 2001, pero no fue un atentado, fue un servicio de robo a bancos, en la 60 y Revolución. Le pegué un balazo al delincuente, pero él nos disparó”.
En marzo de 2009, medios de comunicación informaron que en Tlajomulco, en el cruce de las calles Emiliano Zapata y Guadalupe Victoria fue detenido José Ángel Carrasco Coronel, El Changel, sobrino de Ignacio Coronel, quien a su vez era lugarteniente de Joaquín El Chapo Guzmán en Jalisco. Incluso el entonces subsecretario de Evaluación y Desarrollo Institucional de la Secretaría de Seguridad Pública federal, Francisco Niembro González, confirmó el hecho, pero unos días después se difundió que había sido liberado por la intervención del Bambam.
La Secretaría de Seguridad Pública precisó en un boletín de prensa que varios detenidos, incluido El Changel, fueron puestos a disposición del MP en el mismo lugar de su captura y después remitidos a la PGJ. Sin embargo, esta dependencia desmintió la captura y por lo tanto la liberación de Carrasco Coronel.
Sobre su presunta intervención en la liberación del Changel, Venegas Mendoza se deslinda:
“Yo no tenía el control, el que manda es el MP (…) Me informaron que estaban (en la PGJ) unos detenidos que trajo el Ejército y mandaron las fotos. (Pensé:) Ah, cabrón, son los mismos detenidos de Naciones Unidas y Patria. Le marco al procurador y le digo: ‘Oiga, las personas que están detenidas ahí son quienes agarraron allá’. ‘¿Cómo sabes?’ ‘Porque estoy viendo las fotos y estoy haciendo una comparativa’. ‘Mándamela’. Se la mandé.
“Al que se encarga de las celdas le pedí que si había algún movimiento me marcara, por favor. Llego el lunes al pase de revista y me dicen que ya se fueron (los detenidos). Les dije: ‘Háblenle a Nacho’. Le pregunté por qué no me avisó y me dijo que le pidieron que no comentara nada”. Señala que el MP ordenó la liberación de esos detenidos, incluido El Changel.
Después, El Bambam afirma que Jair Plascencia Méndez, escolta del exprocurador Tomás Coronado, no está desaparecido ni fue acribillado, sino que murió de un infarto hace casi un año, aunque no precisa cómo obtuvo esa información ni si mantiene contacto alguno con sus compañeros de aquel tiempo.
Asimismo niega que él haya sido “levantado” en Puerto Vallarta el pasado 15 de agosto junto con Alfredo Guzmán Salazar, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, y otras personas, entre ellas un exmilitar metido a los negocios de la seguridad privada, como sostienen agentes de la FGE. Para demostrarlo, muestra un formato con el sello de migración fechado el 11 de agosto, pues dice que el día 15 él y su familia estaban en Disneylandia.








