Calificar películas con estrellitas es una de las prácticas más perniciosas para la difusión del cine, incluso revistas serias como Cahiers du Cinéma caen en esta tentación; el pretexto es orientar al espectador a elegir entre lo mejor y lo peor.
Pero, ¿quién no se ha llegado a sentir un tanto perturbado si su última favorita aparece tatuada con una sola estrellita cuando en realidad uno le hubiese dado cuatro? O, al contrario, cuando la considera execrable y aparece resplandeciendo en la cartelera con cinco estrellitas. La acreditación de una película solo es válida en tanto que encuesta; si no, pueden pasar décadas hasta borrar la marca.
Este es el caso ahora de La asesina (Nie Yinniang; Taiwán-Hong Kong-China-Francia, 2015), la cinta de Hou Hsiao-Hsien, premio al mejor director en el festival de Cannes; ponderada por Sight and Sound como la mejor del año, comentada anteriormente en este espacio a propósito de la pasada Muestra de la Cineteca Nacional, y que ahora aparece en diarios, revistas y sitios de internet con una calificación mucho menor que Horizonte profundo (Deepwater Horizon; E.U., 2016), crónica y escenificación de la peor fuga de petróleo y uno de los mayores desastres ecológicos de la historia ocurrido el 10 de abril de 2010 en el Golfo de México; el director Peter Berg acusa a los culpables, glorifica a los héroes y termina por apaciguar al pueblo americano dejando en el traspatio las consecuencias irremediables de la devastación.
No se trata de devaluar el trabajo de Peter Berg (Hancock, 2008), realizador atípico capaz de crear empatía con sus personajes, que se mueve en el mainstream como pez en el agua; en Horizonte profundo aplica todos los recursos del manual del cine de desastre. Rutina de un día normal, choque de opiniones de altos ejecutivos, orgullo, insolencia, habilidad de técnicos bien curtidos que se convertirán en héroes realizando acciones sobre humanas. Además de los efectos especiales de explosiones, agua negra, ríos de petróleo y cuerpos disparados contra gravedad, que garantizan el Óscar por lo menos en esta categoría, los 150 millones de dólares del costo de producción alcanzaron para pagar estrellas de cine como Mark Wahlber, Kurt Russell, John Malkovich.
El guion está basado en un artículo de David Barstow (y otros) que apareció en el New York Times: una crítica seria sobre la negligencia y el caos que resultaron en la fuga de millones de litros de petróleo crudo en la plataforma de Luisiana; Berg aprovecha el gusto cada vez más despierto del público por el documental para dar un cierto toque de reportaje, pero se regodea en la escenificación del infierno, el terror y la bondad del héroe americano.
Ahí donde La asesina, de sintaxis sutil construida a base de silencios, elipsis, figuras de estilo que nunca resultan gratuitas para un poema cinematográfico que exige que el espectador utilice los dos hemisferios del cerebro, Horizonte profundo emplea un popote y una Coca Cola para ilustrar el efecto géiser del petróleo; metáfora adecuada si se recuerda que alguna vez alguien tuvo la puntada de describir este refresco como las aguas negras del capitalismo.








