“El gobierno quiere sangre en Huajimic”

En 2007, la comunidad wixárika inició un proceso de recuperación de 10 mil hectáreas en el valle de Huajimic, municipio de La Yesca, Nayarit. Sus representantes interpusieron 47 juicios de restitución agraria ante el Tribunal Unitario Agrario competente y hasta ahora han ganado 13 sentencias. La primera de ellas se ejecutó apenas el 22 de septiembre pasado, lo que irritó a los ganaderos, quienes se niegan a entregar 184 hectáreas y bloquean el acceso a la zona nayarita limítrofe con Jalisco.

LA YESCA, NAY.- El 21 de septiembre, cientos de habitantes de las comunidades indígenas de Wauta (San Sebastián Teponahuaxtlán) y Kuruxi Manuw (Tuxpan de Bolaños), hombres y mujeres, salieron de sus casas para dirigirse al mayaniuwe (lugar donde se habla), cercano a los límites de Nayarit con Jalisco. Llevaban alimentos, agua y cobijas; algunos también su hoz o su machete.

Ahí durmieron, en medio de un tormentón que los mantuvo casi en vela. Al día siguiente, a las siete de la mañana, bajaron de la Sierra de Pajaritos hacia las faldas de la montaña donde, por mandato de la asamblea comunal, debían recuperar las primeras 184 hectáreas que pelean a los ganaderos de Huajimic, en este municipio nayarita.

Los predios restituidos a las comunidades wixárikas son Piedra Bola y Bola Negra, en las faldas de la sierra de Pajaritos, frente a la sierra de Álica, que también rodea el valle de Huajimic. La zona es inhóspita; ahí no llega la señal del teléfono y el único lugar cercano para abastecerse de agua y alimentos es precisamente el poblado de Huajimic, que de por sí está aislado.

Hoy, el entorno donde se asienta la superficie afectada es un polvorín. Si el gobierno federal no utiliza el Programa de Atención a Conflictos Sociales en el Medio Rural (Cosomer) para indemnizar a los afectados, el enfrentamiento será in­e­vitable, sostiene Ubaldo Valdez Castañeda, secretario del Comisariado de Bienes Comunales de San Sebastián Teponahuaxtlán.

Y advierte: “Nosotros seguiremos con las ejecuciones forzosas (de sentencias judiciales) para recuperar lo que nos pertenece (las 10 mil hectáreas)”.

Ese 22 de septiembre, el Tribunal Unitario Agrario Delegación 56 realizó la primera ejecución forzosa de 13 juicios ganados por la comunidad wixárika de San Sebastián. Esa decisión molestó a los ganaderos de Huajimic, quienes de inmediato bloquearon el paso a la Brigada de Ejecución del Tribunal, a los abogados y periodistas –quienes pudieron pasar cuatro horas después– y a los comuneros de Guadalupe Ocotlán. También impidieron el paso de alimentos para los 700 comuneros que custodian las hectáreas recuperadas.

El 23 de septiembre, los ganaderos retuvieron durante varias horas a dos habitantes de San Sebastián; los liberaron hasta el día 24 por la tarde, tras la intervención del Ejército.

Tensa negociación

El delegado de Huajimic, Manuel González Rodríguez, comentó que defendería a su gente de “la injusticia” que estaba viviendo. Dijo incluso que había visto gente armada entre los wixárikas, pero no pudo comprobarlo. Los ganaderos intentaron, en vano, cancelar el evento.

Algunos se acercaron al abogado Rubén Ávila Tena, quien desde hace años les ha propuesto hacer un frente común para exigirle al gobierno federal una solución al conflicto y que destine un presupuesto suficiente para indemnizar dignamente a quienes perdieron los juicios.

A partir de entonces los ganaderos intensificaron la hostilidad hacia los indígenas que acuden al poblado de Huajimic, comenta Valdez Castañeda. Tres días después, dice, los mestizos se metieron a las escuelas a sacar a los niños. El problema ya subió de tono y eso no puede permitirse. Según el dirigente de San Sebastián, detrás de estas atrocidades están las autoridades municipales de La Yesca.

Las dos comunidades beneficiadas están completamente desprotegidas, pese a que el 16 de septiembre el titular de la Comisión para el Diálogo con los Pueblos Indígenas, Jaime Martínez Veloz, envió un oficio (el SG/CDPIM/080/16) al secretario general del gobierno de Nayarit, Jorge Armando Gómez Arias, en el cual le pidió garantizar la seguridad a los comuneros al momento de ejecutar la primera de 13 sentencias que ordenan la restitución de casi 2 mil hectáreas al pueblo wixárika.

El Tribunal Unitario Agrario Distrito 16 también solicitó a la Fiscalía General del Estado de Nayarit enviar elementos para la diligencia del 22 de septiembre (exhorto 68/2015 TUA 16). Ese día sólo acudió un par de policías vestidos de civil que acompañaban a los ganaderos de Huajimic.

Los ganaderos quieren expulsar a los indígenas, lo que puede exacerbar los ánimos. Alejandro Quintanilla Barajas, uno de los principales posesionarios de las tierras en disputa, declaró: “Nosotros somos gente de trabajo; ellos son unos flojos, pues siempre se la pasan en la fiesta. Son un pueblo muy prolífico, por eso quieren todas nuestras tierras. Deberían de prohibirles tener tantos hijos, son gente muy holgazana”.

El subsecretario de Desarrollo Agrario de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Gustavo Cárdenas Monroy, declaró incluso la posibilidad de que corra la sangre.

Ávila Tena, quien ha acompañado a las comunidades wixárikas en otros litigios, sostiene que el conflicto en Huajimic se complica porque las tierras en disputa están en Nayarit y el gobierno estatal sostiene que quienes las reclaman son jaliscienses y están invadiendo tierras nayaritas.

Y aunque lo wixárikas ya ganaron 13 juicios que ordenan a los ganaderos restituirles 2 mil hectáreas y hay otros 34 juicios en curso que disputan otras 8 mil hectáreas –la tercera parte de las tierras productivas de Huajimic–, de donde salen al mercado 6 mil cabezas de ganado al año, los ganaderos insisten en que ellos son los dueños legítimos.

Ahí nacieron sus padres y sus abuelos, alegan. Dicen que cuando llegaron ahí los primeros mestizos no había un solo indígena trabajando esas tierras.

Naturaleza y cultura

El 9 de septiembre, tras anunciar la decisión de la asamblea comunal de recuperar las tierras, Ubaldo Valdez asegura que la lucha por las tierras va en dos caminos: el legal y el cultural.

El día de la restitución de las tierras (el 22 de septiembre), dijo, coincide con un periodo sagrado para la cultura wixárika, pues cada año, a finales de septiembre, se inicia “el periodo de la luz de día”. “Es una señal positiva de nuestras deidades de que vamos a recuperar nuestras tierras”, comenta.

Juan Hernández, el marakame (chamán, médico tradicional) encargado de los temas agrarios, asegura que la Madre Tierra estaba contenta por la recuperación de las 184 hectáreas.

“El tema cultural es muy importante (sostiene Valdez). La Madre Tierra es quien nos obliga a defenderla; es ella la que nos da vida, armonía, tranquilidad. Por eso, frente a estas invasiones, está intranquila.

“El pueblo wixárika, a través de su sabiduría, creencias, usos y costumbres ha mantenido mucha comunicación con la naturaleza. El hombre ya perdió la mayor parte de su vínculo con la naturaleza, los animales, los bosques, y para nosotros es un tema muy bonito lo cultural.”

Hernández lo secunda. Sostiene que la Madre Tierra le señala por las noches que ya no quiere a los ganaderos. Los marakames como él, dice, “tenemos la función de escuchar estos mensajes y las autoridades agrarias, como sus hijos, tienen que actuar en consecuencia”.

Para los wixárikas, la recuperación de los predios implica liberar a la tierra de la sobreexplotación de la ganadería. “La tierra está lastimada –dice–. Tenemos que cuidarla y venerarla”. Eso es lo que no entienden los ganaderos, quienes sólo consideran la ganancia económica, de ahí que consideren a los indígenas como flojos, como gente improductiva, comenta el marakame.

Miguel Vázquez Torres, comisariado de Bienes Comunales de San Sebastián, dice: “Los wixárikas adoramos la tierra; el maíz lo ocupamos para el sustento familiar. Si no (lo hiciéramos), estaríamos fuera del sistema normativo tradicional que nos rige. Creo que tenemos que dar los pasos que nos indiquen nuestros ancestros”.

A la recuperación de tierras acudieron 700 de los 3 mil 600 comuneros, debido a que la mayoría estaban supliendo a otros compañeros en el plantón, pero estarán presentes en las posteriores restituciones de tierras.

Dos familias se encargarán de trabajar las 184 hectáreas. Lo harán con pocos animales, para que la tierra se recupere pronto, comenta Vázquez. Y adelanta que cuando tengan las 10 mil hectáreas reclamadas, el plan es repartirlas entre 100 familias.

“Nosotros ocupamos las tierras para vivir, tener dónde sembrar y tener ganadito. Eso es lo primordial. Una familia, si tiene cuatro niñas, 10, 15 animales, necesita unas 30 o 40 hectáreas para mantener sus bienes y animales”, remata Vázquez Torres.

Un conflicto centenario

Desde tiempos inmemoriales, el pueblo wixárika se asentó en territorios que se ubican en los estados de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas. Mediante un título virreinal, la corona española le reconoció sus tierras a cada comunidad.

El de San Sebastián data de 1716. En el lindero surponiente de esta comunidad, 10 mil hectáreas fueron ocupadas por ganaderos del poblado de Huajimic, en el municipio de La Yesca, Nayarit, quienes aseguran tener sus  títulos de propiedad.

En 2007, la comunidad wixárika inició un proceso de recuperación del territorio, al interponer 47 juicios de restitución agraria ante el Tribunal Unitario Agrario competente. Hasta ahora, ha ganado 13 sentencias. El argumento es: el primero en tiempo es el primero en derecho.

Sin embargo, la Sedatu ignoró las sentencias. Sus directivos dijeron que estaban negociando con los ganaderos, pero era falso. Por eso, el 9 de agosto pasado los comuneros acordaron en una asamblea ejecutar una de las 13 sentencias. Solicitaron al Tribunal Unitario Agrario Distrito 56 la ejecución forzosa, que se programó para el 22 de septiembre a las 10 de la mañana.

El señor Buenaventura Montoya, hijo de un ganadero de Huajimic y radicado en California desde hace décadas, recuerda que desde que era niño supo que esas tierras estaban en conflicto. Toda la familia se iba a trabajarlas y muchos les decían que no perdieran el tiempo, que en cualquier momento se las quitaban.

Admite que su familia está triste,
porque puede perderlo todo, pero considera que los wixárikas están haciendo lo que les toca. Dice que cuando escucha ofensas hacia ellos, él no las avala.

Gabriel Muñoz de la Peña –descendiente de la familia Muñoz, que vendió las primeras tierras y actualmente posee 700 hectáreas– afirma que tiene un título virreinal y títulos de propiedad que amparan a los ganaderos:

“Siempre hemos estado aquí. No veo cómo nos van a despojar de nuestra propiedad; estamos siendo invadidos. Lo que queremos es que el gobierno federal nos apoye; ya sea que nos indemnicen o nos respeten la pequeña propiedad.”