La mayor medallista mexicana en la historia, la nadadora Doramitzy González, y otros tres atletas se quedaron sin posibilidad de medalla en los Juegos Paralímpicos de Río 2016: una funcionaria no llegó a tiempo para inscribirlos. El hecho reveló la falta de seriedad de la Conade para tratar con los deportistas discapacitados: las excusas sobrevinieron, se colocó una losa de silencio sobre el caso y se reveló que los representantes paralímpicos son tratados por las autoridades como ciudadanos de segunda.
El viernes 9, el relevo mexicano 4×50 metros estilo libre mixto no compitió en la eliminatoria de los Juegos Paralímpicos de Río 2016. La servidora pública Aline Arouesty, empleada de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), llegó tarde al estadio acuático olímpico y no registró a los nadadores. Por la tarde, cuando se disputó la final, México no tuvo representación.
La información de lo ocurrido llegó a México gracias a que una de las integrantes del relevo, Doramitzy González, grabó un video que se difundió masivamente en las redes sociales.
La nadadora –que en Río participaría en sus quintos Juegos Olímpicos– se lamentaba entre lágrimas de que a una competencia muy importante la Conade llevara a personas incapaces, por culpa de las cuales México perdió la posibilidad de pelear por una medalla. De hecho, Arouesty le robó a Doramitzy la única opción que tenía para subir al podio.
“Me duele mucho, porque ellos (los funcionarios de la Conade) no me van a dar lo que me tocaba; nosotros íbamos a pelear una medalla y no se vale que esto pase, porque entrenas tanto y te rompen tus sueños, sólo por una estupidez. Ahora estoy triste, enojada, impotente por la situación. El daño que se le ha hecho a México y a los integrantes de este relevo es irreversible, truncando sueños y años de preparación”, dijo.
Pero para la Conade y su director, Alfredo Castillo, el yerro pasó inadvertido.
El funcionario, que de forma recurrente utiliza sus redes sociales para criticar a los federativos que afectan el trabajo y desempeño de los deportistas, se limitó a publicar en su cuenta de Twitter: “Es indignante lo que ocurrió en natación, la Jefatura de Misión debe dar una explicación puntual”.
El jefe de Misión de la delegación paralímpica mexicana es otro servidor público: Samuel Pérez Portillo, responsable del deporte adaptado en la Conade.
Y la explicación que dio fue muy simple: el transporte en Río de Janeiro se demoró y la persona que debía registrar al relevo no llegó a tiempo. Nunca dijo que quien llegó tarde se llama Aline Arouesty y está bajo su cargo.
La noche de ese viernes, la Conade envió un correo electrónico que contenía declaraciones de Samuel Pérez y de la presidenta del Comité Paralímpico Mexicano (Copame), Liliana Suárez.
Pérez detalló que el jueves 8 hubo una reunión con los entrenadores de los nadadores, con la team leader (“líder de equipo”: Arouesty) y la Jefatura de Misión, en la que se acordó quiénes nadarían el heat eliminatorio en la mañana y se determinó que Doramitzy González, Gustavo Sánchez, Raúl Martínez y Nely Miranda nadarían la final en la tarde.
También se le informó a Arouesty que entre las 7:30 y las 8:30 horas (tiempo de Río de Janeiro) integrantes del Comité Paralímpico Internacional (IPC) estarían recibiendo los registros de los relevos.
En este tipo de pruebas, aunque los participantes estén inscritos previamente, antes de la competencia los países están obligados a registrarlos.
“El tema del transporte aquí está muy difícil. Ha habido muchas quejas por parte de muchos países en el sentido de que el transporte está deficiente y se le han ido a muchos países o las finales o el entrenamiento o llegan corriendo a la competencia.
“Por un tema de transporte, (la) team leader de México de natación no alcanzó a entregar el registro a la hora que ellos indicaban, que era a las 8:30. Llegó 8:35. De hecho, la competencia era a las 11:30, pero ellos establecen (el IPC) que 8:30 era el tiempo del último registro y ese fue el problema. Toda la delegación, todos los atletas están inscritos en sus pruebas” (sic), explicó Pérez.
El funcionario también dijo que los cuatro nadadores que participarían en la final se reunieron con Castillo después del suceso. Para que no perdieran los estímulos económicos, que pudieron haber ganado si subían al podio, se acordó sumar los tiempos de cada uno en sus pruebas individuales de 50 metros libres y si ésta se asemeja a las de los países que obtuvieron medalla se les dará un premio especial.
El relevo 4×50 metros libres mixto calificó a los Juegos Paralímpicos de Río 2016 con tiempo de 2 minutos 34 segundos 62 centésimas. Su objetivo era nadar en 2 minutos y 29 segundos para tratar de subir al podio.
El equipo de China se llevó la medalla de oro con tiempo de 2:18.03 minutos para establecer nuevo récord olímpico y mundial. Brasil ganó plata con 2:25.45 minutos y Ucrania bronce, con 2:30.66 minutos.
Si los nadadores mexicanos hubieran conseguido su objetivo, en teoría, hubieran terminado en tercer lugar.
“Ese tiempo (2:29) nos daba para el tercer lugar y teníamos la esperanza del segundo lugar. El tiempo con el que calificamos se nadó hace cinco meses y todos trabajamos para mejorar. Nunca sabremos si hubiéramos ganado medalla, pudieron haber pasado mil cosas” dice la atleta.
Y malos resultados
“A Raúl y a mí además nos mermó porque al día siguiente tuvimos el 50 libres individual. Yo estaba segura que iba a hacer 36 segundos o un poquito más, pero hice 37.89. Un día antes estuve llorando, me colapsé, no podía dormir. Raúl me dijo que iba a nadar abajo de su marca y tampoco pudo”, dice González en entrevista telefónica con Proceso, desde Río de Janeiro.
Más allá de las ganas de colgarse una medalla olímpica –que para González hubiera sido la número 12, pues también ha ganado en Sídney 2000, Atenas 2004 y Beijing 2008– las urgencias económicas la presionan.
Por sus resultados deportivos, desde 2012 perdió la beca del fideicomiso Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento (Fodepar), mejor conocida como CIMA.
La Conade le otorga un estímulo económico de 4 mil pesos mensuales que, en 2016, por ser año olímpico y formar parte de la selección nacional, subió a 6 mil pesos.
“Yo quería ganar una medalla para seguir en el deporte porque sin apoyo cuesta mucho trabajo. A mí me ha costado mucho seguir aquí porque no tengo patrocinadores para salir a competencias de fogueo. La federación (de deportes sobre silla de ruedas) sólo nos da un viaje anualmente; en año olímpico sí son más, pero es difícil comprar los trajes de baño porque son caros.
“El próximo año será el Mundial en México y quiero llegar en las mejores condiciones, entonces todo eso se me vino abajo. Estos años me ha costado mantenerme y pensé: ‘voy a mejorar, voy a ganar’. Yo necesito esa beca”, cuenta la nadadora.
Raúl Martínez y Doramitzy González están a la espera de los tiempos que hagan Nely Miranda y Gustavo Sánchez en sus pruebas individuales de 50 metros libres.
Martínez, de 16 años, participa en sus primeros Juegos Paralímpicos. Nadó su eliminatoria en 33.51 segundos y no calificó a la final de la categoría S6.
Hasta el cierre de esta edición ni Miranda ni Sánchez habían obtenido medalla en las pruebas en las que habían participado. Peor aún: Sánchez quedó descalificado en su heat eliminatorio después de haber nadado la prueba de 50 metros pecho categoría SB3 en 55.46 segundos.
De acuerdo con los jueces, Sánchez cambió la técnica del estilo en el que nadó. De todas maneras, su tiempo no le hubiera alcanzado para entrar a la final.
En la misma prueba y categoría, pero en la rama femenil, Nely Miranda fue descalificada por no realizar el doble toque.
El futuro y el desprecio
Acerca de las consecuencias de que el gobierno federal haya invertido recursos públicos en cuatro atletas que finalmente no pudieron competir, Doramitzy González no desea que Castillo despida a Aline Arouesty, pero sí exige que viajen con los atletas paralímpicos funcionarios que conozcan a fondo el deporte.
“Ella es muy inteligente, es buena persona, pero desgraciadamente no sabe de natación ni conoce los pormenores de lo que se tiene que hacer. Sí afecta porque si ella supiera bien las reglas no se suscitarían estas cosas. Nosotros ya sabíamos cómo está el transporte y salíamos temprano. No sé si de verdad el transporte falló o ella venía con el tiempo encima.
“Necesitamos gente que sepa de todas las disciplinas para evitar que esto ocurra. Ojalá a ningún atleta le vuelva a pasar esto porque es horrible. Yo no tengo la decisión en mis manos. Me pongo en sus zapatos (de la servidora pública) y me duele que la vayan a correr. Supongo que no lo hizo con dolo y que fue un error que cometió.”
–¿Qué opinas que a los atletas convencionales la Conade les consiguió trajes de la marca Hugo Boss para que desfilaran y a los paralímpicos no? –se le pregunta.
–Ja, ja. Pues pienso que todo debe ser igual. Es el mismo país, el mismo himno y la misma bandera. La razón por la que decidieron no darnos Hugo Boss a nosotros la desconozco, pero sí, muchos de entre nosotros comentaron que qué mala onda que no nos dieron lo mismo; al menos nos hubieran dado una imitación.
Tras 10 días de competencias, la delegación paralímpica había ganado 12 medallas en Río 2016. Al oro que ganaron Ángeles Ortiz en lanzamiento de bala y Eduardo Ávila en judo, y la plata de Luis Zepeda en lanzamiento de jabalina la semana pasada, se sumaron nueve preseas más.
En powerlifting, la veterana Amalia Pérez obtuvo medalla dorada en la categoría de menos de 55 kilos. En judo, Lenia Ruvalcaba también subió a lo más alto del podio en la categoría de hasta 70 kilos.
Otros siete atletas han obtenido medalla de bronce. En atletismo, Salvador Hernández (100 metros T52), Édgar Cesáreo Navarro (100 metros T51) y Rebeca Valenzuela (lanzamiento de bala F11/12); en powerlifting, Catalina Díaz (-86 kilos) y José de Jesús Castillo (-97 kilos); y en natación, Pedro Rangel (100 metros pecho SB5) y Patricia Valle (50 pecho SB3).








