La coreografía Endangered Human Movements (Movimientos humanos en peligro de extinción) comenzó con la siguiente imagen estática:
Una mujer quieta estaba de pie y traía puesta una máscara de nagual.
La imagen representaba la paradoja corporal de la coexistencia de un ser humano y un ser animal en un solo cuerpo, practicada por los grupos originarios de México, wixárikas y nahuas, dentro de la lógica de su cosmovisión.
Funcionaba como un signo escénico elocuente que contextualizó para el público –desafortunadamente sólo seis asistentes– en torno al tema de la cultura amerindia localizada en el país y, en específico, su corporalidad en riesgo inextinguible de desaparición desde el colonialismo.
Tanto los wixárikas como los nahuas han practicado físicamente la transformación animal en el rito del peyote, y durante los ritos medicinales del alma y el cuerpo realizados por los chamanes.
Por lo general, esa transformación tiene una preparación corporal: ayuno de sueño, largas caminatas por la naturaleza, ingestión de estimulantes, cantos y danzas para alcanzar el estado de conciencia que les facilita integrar las naturalezas instintiva y mental.
Aun pervive la transformación de humano a animal entendida como práctica corporal de aquellos grupos.
La escena subsiguiente a la mencionada consistió en las improvisaciones individuales de los bailarines Alberto Montzi, Engelbert Ortega, Berenice Quirarte, Georgina Silva, Alejandra Vera y Enrique Zárate, quienes representaban serpientes y jaguares al estar en un estado de conciencia sensoperceptual.
La coreógrafa Amanda Piña, originaria de Chile, organizó dichas improvisaciones en secuencia de una por una sin unísono, y el artista visual suizo Daniel Zimmermann las sonorizó con la pieza musical “Lo que me dijeron los animales del bosque”, de Gustav Mahler, pero intervenida en su reproducción digital a 20 revoluciones por minuto.
En la coreografía global, de 50 minutos aproximados, destacaron el estado de conciencia integrador de fuerzas diferentes y la fauna de la simbología mexicana.
Funcionó como una apología de la cosmovisión amerindia de los grupos originarios de México que desafía la supremacía de la mente e incluso el antropocentrismo.
La propuesta fue la número tres de una serie de las coreografías Movimientos Humanos en Peligro de Extinción, precedidas por Dance & Resistance y Four remarks on the history of dance.
Con su presentación, en la Caja Negra de la exEsmeralda del INBA, concluyó el Seminario de Investigación Coreográfica que Amalia Piña, junto a Linda Samaraweerová y Sarah Blumenfeld, impartieron a los bailarines en las instalaciones de lo que fuera la Escuela Nacional de Pintura y Escultura.
El grupo que conformaron ahondó en el método corporal Feldenkrais como una vía contemporánea de las prácticas corporales amerindias, el cual coincide con estas últimas en el estado de conciencia que ambas generan.
Hay precedentes en la Ciudad de México de trabajos escénicos basados en un formato de facetas que vinculan los campos de la pedagogía y la escena. Se encuentran las propuestas expandidas de La Liga-Teatro Elástico en Ex Teresa Arte Actual (Taller Salvaje, 2016) y Thomas Lehmen en el Museo del Chopo (A piece for you, 2015).
En todos los casos, incluido el de Piña, la etapa formativa ha durado una semana completa previa a la presentación final extendiéndose de alguna manera la temporalidad de la escena.








