El martes 9 Humberto Ortiz García salió de su casa a atender asuntos relativos a sus trabajos. Fue la última vez que sus familiares lo vieron con vida. Dos días después, el jueves 11 por la noche, su cuerpo fue encontrado en la cajuela de un automóvil blanco abandonado en una brecha que conduce al ejido Punta de Agua, en el municipio de Manzanillo, Colima. Las autoridades ministeriales acudieron al lugar denunciado por personas que, al transitar por ahí, descubrieron que había un vehículo con marcas de disparo en su carrocería.
La Procuraduría General de Justicia del Estado de Colima lo confirmó: la víctima era Ortiz García, ultimado con impactos de arma de fuego. Se encontraba en la cajuela de un Ford Fusion, de placas del Estado de México. La primera complicación que se presenta al revisar el crimen es la batahola de tres estados. Su cadáver es encontrado en el estado de Colima: un sacrificado originario de Jalisco, encontrado en Colima en un auto con placas del Estado de México.
Eduardo Almaguer, titular de la Fiscal General del Estado de Jalisco, interrogado en torno al asunto, le tira la pelota al procurador vecino: El asunto está en manos de los investigadores de Colima. Si bien adelanta que no había denuncia previa de desaparición, propalada en algunos medios. La declaración de los ministeriales de Colima es manida: “Como ocurre con el resto de los delitos que se cometen en Colima, desde el primer momento el gobierno del estado a través de la Procuraduría de Justicia, inició las diligencias necesarias para lograr el total esclarecimiento de este caso”.
Humberto fue electo como presidente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) a finales de 2012. Ocupó el puesto hasta el año pasado, cuando debió ser sustituido. Hasta el momento, la dirección del partido se mantiene acéfala. Por diferencias internas, los grupos que concurrieron a integrarse a Morena no se ponen de acuerdo para sustituirlo.
Fue sepultado la tarde del sábado 13. Previo a su sepelio, Yeidkol Polevnsky, secretaria general de Morena, acompañada de Alejandro Peña, delegado por Jalisco, fijó la postura del partido: “No se trata de ningún ajuste de cuentas por conflictos internos del partido. Humberto no era ya dirigente del partido, sólo militante. Como pueden ustedes saberlo –dijo a los reporteros–, vine a preparar la próxima gira de AMLO por el estado de Jalisco y me encuentro con esta deplorable noticia. El hecho se inscribe en las duras aristas del México que estamos viviendo. Muestra el terrible nivel de descomposición por el que estamos cruzando.
“Exigimos a las autoridades que vayan al fondo en las investigaciones. Que no nos vayan a salir con la simpleza acostumbrada de que se trata de ajuste de cuentas entre el crimen organizado, pues Humberto no estaba implicado en tales redes. Y exigiremos también el castigo para los que sean encontrados culpables. Esto no puede continuar así. No ha habido hasta este momento un pronunciamiento oficial. Ignoramos si se está tramando algo en contra de Morena. Por desgracia no es el primer dirigente que resulta sacrificado. Ya se llevan registrados varios casos de líderes visibles del partido que son abatidos por desconocidos y las investigaciones permanecen sin esclarecerse.”
Para reforzar la tesis enarbolada por la dirigente en el sentido de que el crimen no tenga que ver con conflictos internos del partido, habremos de aclararles a los mal pensados que, efectivamente, hay un diferendo interno en Morena, razón por la cual la presidencia de Humberto no ha sido sustituida. Hace menos de un mes la dirección nacional de Morena convocó a las partes querellantes para poner fin a dicho litigio. Humberto acudió a tal instancia, acompañado de Juan Barajas y de Roberto Gómez. Allá en la Ciudad de México se les informó que el asunto está concluido y la resolución habrá de ser pronunciada en breve de manera definitiva. No hay más litis en tal complicación. No conlleva a actos proditorios como el presente, que privó de la vida al exdirigente jalisciense de Morena.
Los medios propalaron el dato de que Humberto recibió varios impactos de bala, uno de ellos en el cráneo. De acuerdo con el acta levantada, se trata de tres impactos, pero ninguno de ellos en el cráneo. La pista clásica de los disparos en el cráneo remite a la hipótesis de las ejecuciones. Si Humberto recibió un impacto en la cara posterior del cuello, otro en la clavícula derecha y uno más en la tetilla izquierda, todos con entrada y salida, puede irse descartando entonces la tesis tan facilona de la ejecución, que conlleva también al enorme abanico del “crimen organizado” donde cabe todo y no se explica nada.
La complicación arriba señalada de que se involucre a los tres estados ya mencionados (Jalisco, Colima y Estado de México) puede irse también haciendo a un lado. Los familiares más cercanos declararon que el auto en el que fue encontrado encajuelado era de su propiedad y lo había adquirido recientemente. Que trajera placas del Estado de México, pierde jiribilla al saberse que fue una simple compraventa. Eso no encierra misterios. También ha de descartarse entonces lo de su desaparición previa, lo de un levantón, lo de un secuestro que concluyera en su asesinato. Humberto llegó al lugar de su sacrificio por su propio pie, con personas conocidas. Ya nos dirán luego las autoridades todo lo que vino a rodear este crimen proditorio.
Hombre inquieto, Humberto fue presidente de la sociedad de alumnos de Artes Plásticas a principios de los años ochenta. Luego fue secretario de dicha escuela. Desde entonces se fletó a las luchas políticas de la izquierda, en donde puso siempre su hombro solidario para conseguir los difíciles objetivos que se impone como tareas esta definición partidaria. Militó primero en el PSUM, luego en el PMT, o viceversa. Después se incorporó al PRD, donde se identificó sin ambages con la línea de López Obrador.
Trabajó como jefe de producción en la televisión estatal del Canal 7, fue subdirector de Radio Universidad. Produjo la serie Partidos políticos del extinto IFE. Pero también hizo por abrirse paso en áreas independientes. Fundó su propia agencia de publicidad, Mira Publicidad Guadalajara, de la que fue director, por supuesto. Ante los momentos infaustos que rodean a su muerte, algunos medios han manejado que pudieron ser líos vinculados a su propia empresa lo que lo orilló a su final trágico. También esta pista debe descartarse. Tenía algún tiempo que había puesto en stand by las tareas de su agencia, aunque fuese de su propiedad.
Hay otros rumores de conexiones oscuras que se mencionan, tal vez con la intención del desprestigio, al que somos tan adictos. Mejor esperaremos a que las autoridades responsables nos informen y nos den a conocer el resultado de sus indagaciones, para saber a ciencia cierta cuál pudo haber sido el móvil para privar de la vida a un ciudadano tapatío tan brillante, tan definido políticamente y tan buen amigo. Que descanse en paz. Y que su sacrificio no quede impune.








