ZMG Vidas precarias

Son los excluidos sociales. Están asentados en la orilla norte del área metropolitana, en el límite entre Zapopan y Guadalajara. Hacinados en un cinturón de miseria pegado a la barranca sobreviven 12 mil personas, en condiciones insalubres y sin servicios públicos. Llevan años demandándolos pero ninguna autoridad quiere escucharlos.

Las comunidades de Hacienda del Lazo, San Isidro y San Esteban conforman ese núcleo poblacional infestado por las aguas contaminadas y la falta de atención sanitaria. En ese espacio, los Servicios Médicos Municipales de Zapopan venden hasta en mil 500 el suero para combatir las picaduras de alacrán –el fármaco llamado Alacramyn–, que cuesta 838 pesos en internet  y 988 en algunos laboratorios y farmacias.

Los 400 habitantes de Hacienda del Lazo están cansados del olvido de las autoridades, comenta al reportero José Antonio Sandoval Esparza, vecino del lugar. Se queja porque, dice, sólo quienes cuentan con el servicio del Seguro Popular pueden ser atendidos cuando los pica un alacrán.

Aunque admite que el problema del agua es prioritario. Data de finales de los ochenta, cuando se construyó la presa de Agua Prieta. La obra afectó los mantos freáticos y los veneros del poblado se contaminaron; incluso desapareció el poblado llamado El Tempisque, comenta Sandoval Esparza.

Y aunque la Comisión Federal de Electricidad (CFE) perforó un pozo en San Isidro hace tres años para atender la demanda local, en mayo pasado se secó, por lo que el ayuntamiento zapopano comenzó a enviarles el agua en pipas, sostiene Sandoval.

Durante un recorrido por la zona, Proceso Jalisco corroboró esa versión. El pozo está abandonado; la dependencia federal retiró la bomba eléctrica y el equipo para extraer el líquido.

Desde el principio hubo problemas, cuenta, pues la CFE no hizo nada por detener las conexiones clandestinas que succionaban el agua del tubo principal.

Mario Díaz Meza, representante del ejido San Esteban, sostiene que las aguas contaminadas afectan a San Isidro, San Esteban y Hacienda del Lazo. En el norponiente de Zapopan, dice, la degradación del ambiente es evidente en los poblados de Nextipac, Santa Lucía, Nuevo México, hasta desembocar en el río Blanco. De ahí, el torrente de aguas pestilentes se dirige a La Soledad, Paso de Guadalupe, San Isidro, San Esteban, Hacienda del Lazo y Los Camachos, una franja de pobreza y marginación.

En toda la cuenca del río Blanco la planta tratadora de aguas negras dejó de funcionar hace nueve años; hoy, las aguas contaminadas afectan a más de 12 mil personas, concluye Díaz Meza.

Región insalubre

La Casa de Salud de Hacienda del Lazo sólo da servicio cada semana, dicen los vecinos; a veces abre cada 15 días. El viernes 12, cuando el reportero visitó el lugar, estaba cerrada.

Eso es grave, asegura una vecina. Cuando hay una emergencia, los afectados deben recorrer 10 kilómetros en auto y trasladarse a la colonia Villa de Guadalupe para recibir atención. Sin embargo, ahí ya no les hacen válido el Seguro Popular.

Hipólito Díaz Flores, del ejido San Esteban, recuerda cuando el agua del río Blanco era cristalina y los campesinos la usaban para beber y para regar sus cultivos de chile, jitomate y calabaza. Sin embargo, “creció la ciudad, el río se contaminó y el líquido dejó de utilizarse para el riego de las hortalizas”, según relata.

También se acabó la pesca, lo que afectó a mucha gente que vivía de la captura del bagre y la tilapia. La contaminación empezó hace 20 o 25 años y terminó con ese pequeño paraíso, comenta el ejidatario.

Los vecinos de Hacienda del Lazo observaron que el agua del río Blanco arrastraba ácidos que secaban los árboles frutales, por lo que, para sobrevivir, decidieron sembrar nopal, que es más resistente, recuerda Sandoval.

Los lugareños insisten en que hace 25 o 30 años en la zona se cultivaba el mango barranqueño. San Isidro y Hacienda del Lazo eran totalmente autosustentables, gracias a las aguas de afluente del río Blanco y su desembocadura con el río Santiago.

El presidente de la Asociación de Colonos de San Isidro, José Trinidad Sierra Martínez, comenta que en el poblado habitan 3 mil 800 personas que constantemente tienen problemas por la falta de servicios básicos. Por fortuna, dice, ahora tienen agua potable de las 7:00 a las 20:00 horas, aunque todavía es insuficiente para los cultivos de la zona.

Al igual que los otros entrevistados, Sierra Martínez lamenta que las autoridades de salud vendan el suero contra el piquete de alacrán más caro que en las farmacias, por lo que pide mayor apoyo al ayuntamiento zapopano y a la Secretaría de Salud estatal.

Hasta hace tres años, dice, el Centro de Salud local estaba bien equipado, lo mismo que la Cruz Verde de la Villa, pero ahora el suero escasea; “no sé a qué se deba”.