Señor director:
Soy un ciudadano nacido en la Ciudad de México, y a mi ya avanzada edad me preocupo por las incongruencias y vicisitudes que están convirtiendo esta otrora hermosa ciudad en un verdadero tormento. Me quiero referir en especial a la noticia emitida por la Secretaría del Medio Ambiente capitalina en relación con la construcción de siete ciclopistas entre 2016 y 2017.
Revisando el trazado de las mismas, observo que se incluyen avenidas como Universidad, Vértiz, Revolución, Gabriel Mancera, San Cosme, División del Norte y Reforma; es decir, se utilizará un carril de todas esas avenidas en diferentes extensiones.
A riesgo de parecer anacrónico, retardatario, antiecologista, etc., pediría a las autoridades responsables que se instalen una media hora en las calles de Adolfo Prieto o Patricio Sanz a fin de que contabilicen cuántas bicicletas hacen uso de las ciclovías. No pasan más de cinco en esa media hora, se los aseguro, y en cambio el tránsito vehicular, con la reducción del carril, ocasiona que un automóvil tenga que esperar hasta cinco semáforos a fin de cruzar algunas calles, como Eje 5 y Eje 6, con la contaminación que produce esa larga fila, además de que, desde luego, no falta un listo que sin respetar las normas conduce sobre la famosa ciclopista.
Asimismo, también entorpece el tránsito una serie de jardineras, esquineras y recortes que se han practicado en muchos cruces de avenidas de esta zona en la delegación Benito Juárez, por ejemplo.
De verdad no se vale que se tomen decisiones sobre las rodillas, sin analizar el beneficio que producen a la ciudadanía. Esto hace pensar que el único beneficio real es para los constructores de dichas obras y las autoridades que las promueven. Tomen en cuenta a los que pagamos los impuestos, de donde salen los sueldos del jefe de Gobierno, delegados, diputados, etc.
Atentamente,
José Ramón Remolina Vettoretti








