Señor director:
En la Colonia del Carmen, que era una de las más bonitas y limpias de Coyoacán, está pasando algo nefasto: las calles están llenas de basura y de baches. El parque de La Fragata está invadido con aparatos para gimnasia que se oxidan a la intemperie y ya no sirven… dinero perdido. Seguramente los quitaron de donde estaban a fin de recuperar los espacios y alquilarlos a sus ambulantes preferidos, es dinero para engordar a los “chamacos “de la delegación. Así se llama al dinero ilegal que recogían los trabajadores de la delegación Cuauhtémoc, hasta que llegó el delegado Monreal, quien denunció el negocio y terminó con él.
No puede existir un espacio en esta colonia sin que de pronto se construya un condominio dizque de interés social, pero que es propiedad de un funcionario de la delegación o de un exdelegado, pero que se vende carisísimo y no tiene nada de interés social. Incluso un pedazo del condominio Corina, en la esquina de Londres y Corina, que estaba destinado a instalar los juegos infantiles, de repente fue ocupado por la casa de un funcionario, sin que ninguno de los codueños se atreviera a protestar, por temor.
Así también desapareció una escuela que se llamaba Centro Unión; en su lugar apareció una construcción de superlujo cuyos departamentos se vendieron carísimos.
Ahora, lo que hace años era el cine Coyoacán, en la esquina de Centenario y Viena, es donde se pretende poner un centro de lucha libre, pese a las protestas de todos los vecinos. Hace años que tiene sellos y está clausurada la construcción, pero al delegado actual no le importa. Tiene que recuperar los dineros que se gastaron en el PRD para hacer regalos y comprar los votos, y eso es una forma de equilibrar el gasto.
No le importa el deterioro que están soportando la Colonia del Carmen y sus habitantes. Pero nosotros tenemos que cuidarnos, pues nuestras propiedades van a perder su valor. Además estamos entre quienes más impuesto predial pagamos.
Ahora “la nueva onda” es exigir uso de suelo a los comerciantes –que lo tienen desde hace años– y cierran sus negocios si no lo pueden probar, aunque muchos lo tienen desde la escrituración de sus propiedades. Pero, eso sí, se dan los permisos de funcionamiento para operar un centro de vicio enorme que quiere instalarse a pesar de la oposición de todos los vecinos. Eso va a contaminar con ruido, más suciedad y una circulación vehicular enormes.
Atentamente,
Lilian J. Verine Peters








