La yihad, sobre la Eurocopa

PARÍS.- “Les reservamos otras sorpresas para la Eurocopa. No les comento más. La Eurocopa será un cementerio”, advirtió Larossi Abbala en un video de 12 minutos que difundió en vivo mediante su página de Facebook, tras haber mostrado los cadáveres de sus víctimas.

Se dirigió inclusive al presidente francés: “Nosotros, (Francois) Hollande, seremos implacables”.

Eran las 20:52 horas del pasado lunes 13. Abbala acababa de asesinar a puñaladas a Jean-Baptiste Salvaing, comandante de policía, y a Jessica Schneider, su compañera, también policía, ante los ojos de su hijo de tres años. Unas tres horas más tarde fuerzas especiales tomaron la casa por asalto e hirieron mortalmente al yihadista.

“Gracias a Alá acabo de matar a un policía y a su mujer”, se vanaglorió el terrorista, que según los escasos periodistas que tuvieron acceso al video leía un texto que no parecía haber sido escrito por él.

Hablando alternativamente en francés y en árabe, Abbala instó a sus correligionarios a incorporarse al grupo terrorista Estado Islámico (EI):

“Mis primeras palabras se dirigen a la comunidad musulmana. Si no se lanzan al combate, Alá les infligirá un castigo doloroso.”

Les señaló blancos: “Mis queridos hermanos, ataquen a vigilantes de cárceles, a policías… Aun si se llaman Mohamed o Aicha, mátenlos”.

Luego dio nombres de personas que “convenía ejecutar”. Entre ellas destacan cinco periodistas, un especialista del Islam y políticos. Las autoridades no divulgaron sus identidades. Todos los amenazados están ahora bajo protección policiaca.

El yihadista habló también de la necesidad de eliminar a diputados, alcaldes, cantantes de rap, judíos y salafistas, “todos aliados de Satanás”.

En su afán de convencer a sus “hermanos” musulmanes de sacrificarse, soltó una ferviente apología del martirio: “Basta lanzarse y morir y ya estás en el Paraíso, y en ese momento no hay ni un problema más, ni una preocupación más, ni una prueba más… Sólo hay gozo puro.”

David Thomson, periodista de Radio Francia Internacional y uno de los mejores conocedores del yihadismo galo, fue el primer reportero en descubrir las imágenes que Abbala difundió en una cuenta de Facebook abierta a nombre de Mohamed Alí. Esa cuenta fue rápidamente cerrada, no se sabe si por los servicios de inteligencia franceses o por los directivos de Facebook.

Llamaron la atención de Thomson unas imágenes en las que aparece el niño detrás de Abbala. El terrorista comenta: “No sé aún lo que voy a hacer con él”. Finalmente no ejecutó al pequeño, que fue salvado por las fuerzas especiales y hospitalizado en estado de choque.

Según explicó Francois Molins, fiscal de la República, Abbala reiteró al mediador con el que hablaba mientras seguía parapetado en la casa de la pareja de policías, que estaba siguiendo las instrucciones de Abu Bakr al-Baghdadi. El líder del EI lleva meses pidiendo a sus seguidores que maten “a los impíos y a sus familias”.

Lo mismo hizo el vocero del EI, Abu Mohamed al-Adnani, a quien el terrorista también se refirió. En vísperas del Ramadán, cuyas fechas coinciden con las de la Eurocopa, Adnani lanzó un llamado a asesinar a infieles durante ese mes ritual y capital para los musulmanes.

Conforme pasan los días, se va precisando la biografía del terrorista nacido en 1991 en Muelan, cerca de París. Su vida se parece bastante a las de los terroristas involucrados en los atentados perpetrados en París los pasados 7 y 9 de enero y el 13 de noviembre de 2015.

No se conocen aún detalles sobre su infancia y su adolescencia, que pasó en suburbios del suroeste de la capital. En cambio, se puede seguir su trayectoria a partir de 2010, cuando empezó a cometer pequeños delitos y algunos hechos de violencia. Un año más tarde fue detenido por pertenecer a una red afgano-pakistaní de reclutamiento de yihadistas y fue condenado a tres años de cárcel.

Hizo tanto proselitismo en prisión que las autoridades penitenciarias tuvieron que cambiarlo cuatro veces de reclusorio.

El juez Marc Trévidic, quien encabezó de 2005 a 2015 el Polo Judicial Antiterrorista de Francia, fue quien mandó detener a Abbala. El magistrado recuerda a “un hombre igual a todos los que pululan en los expedientes yihadistas. Era imprevisible y lo disimulaba todo. Lo que saltaba a la vista era su deseo de hacer la yihad (guerra santa). Se había entrenado físicamente, mas no militarmente, en Francia”.

Hasta el día del atentado, Abbala vivió en casa de sus padres. Los vecinos de la familia los describen como gente “normal, discreta y gentil”.

En abril de 2015 Larossi Abbala volvió a llamar la atención de la policía por sus lazos con una red de reclutamiento siria. Un año más tarde la policía antiterrorista intervino sus teléfonos y lo vigiló. En vano. Abbala se mostraba muy ocupado con su nuevo negocio de entrega de comida a domicilio, del que hablaba con entusiasmo por teléfono y en su página de Facebook. También aludía a su deseo de casarse. Las escuchas resultaron tan decepcionantes que los servicios de inteligencia las suspendieron hace unas semanas.

Mohamed Merah –quien asesinó a siete personas, entre las que destacan tres niños de una escuela judía en 2012– y Amedy Coulibaly, quien atacó el supermercado judío de Vincennes el 9 de enero del año pasado y mató a cuatro personas, también fingían tener una vida normal antes de lanzar sus acciones terroristas.

Semejante estrategia de simulación, conocida por los yihadistas como taqya, vuelve aún más complejos los esfuerzos de prevención de atentados. Crea además un clima cada vez más deletéreo de sospecha general hacia los franceses de origen magrebí.

También genera angustia en la población gala el hecho de que el atentado contra los dos policías haya sido perpetrado en Magnanville, un minúsculo municipio tranquilo y discreto de escasos 6 mil habitantes. Se va agudizando así un sentimiento de extrema vulnerabilidad y de impotencia ante los yihadistas.

Eric Delbeque, experto en cuestiones de seguridad de la empresa privada Sifaris, especializada en gestión de riesgos, insta a las autoridades francesas a sacar cuanto antes las lecciones de los crímenes de Abbala:

“Nosotros –occidentales– nos empeñamos en considerar que nuestro adversario tiene una organización piramidal y estructurada que funciona como una empresa o una administración.

“El yihadismo es una galaxia, una red con fronteras porosas y cambiantes. Es un ‘sistema’ que fue perfectamente bien teorizado por Abu Mousab Al-Souri, predicador de Al-Qaeda. Será sólo cuando hayamos sopesado esa realidad que nuestras sociedades podrán elaborar estrategias pertinentes para enfrentar las acciones terroristas. Pero aun si logramos hacerlo, nos tocará aguantar un periodo de vulnerabilidad que durará años.”

El experto insiste en otra lección que, a su juicio, es imperativo aprender.

“Nos toca explorar más aún la lógica de los terroristas y tener siempre presente que la meta principal de esos ataques es causar un doble impacto, psicológico e informativo.

“Asesinar a una pareja de policías en su domicilio y con arma blanca les permite imponer la idea de que el EI sigue atacando a las instituciones, pero sobre todo que el Estado es vulnerable inclusive en la intimidad de sus representantes.”

Y enfatiza: el EI “y los individuos que le juran lealtad no quieren limitarse a blancos determinados, como multitudes o espacios festivos. Todo les puede servir de blanco: cada uno de nosotros, un lugar simbólico, una muchedumbre de anónimos. En el caso de Orlando, por ejemplo, la meta era la homosexualidad que representa lo que más detestan de Occidente: la libertad de cada cual de llevar su vida tal como quiere”.

Y concluye: “La lista de los blancos potenciales de los terroristas no deja de alargarse porque su acción es descentralizada, porque detestan una inmensa parte de nuestra herencia, de nuestras ideas y principios, porque buscan destruir nuestra convicción de que sigue habiendo una salida posible, y acabar con nuestra sangre fría. Saben que el miedo lleva a todos los extremismos. Y mientras más se va consolidando la tesis ‘del choque de civilizaciones’, el Estado Islámico y fuerzas similares pueden intentar aumentar su influencia entre los musulmanes asustados por la creciente desconfianza que despiertan”.