La brutalidad llegó de Rusia

La noticia más importante de la Eurocopa no proviene de las canchas: los hooligans rusos decidieron que este año serían reconocidos como los fanáticos más bestiales del continente. Con entrenamiento y tácticas paramilitares, organizaron combates y cacerías de rivales ingleses y franceses. El fenómeno trasciende al futbol. De hecho, es un signo del auge de la ultraderecha europea, y los fanáticos ya se han involucrado, incluso, en la guerra entre Ucrania y Rusia.

PARÍS.- El asesinato de dos policías perpetrado por un “soldado del califato”; amenazas; combates callejeros entre fanáticos ingleses, franceses y rusos; y enfrentamientos entre manifestantes radicales y policías al margen de marchas de protesta contra la reforma de la ley laboral…

Lo que se temía ocurrió. La Eurocopa empezó en un ambiente de violencia polifacética y los observadores más pesimistas vaticinan que lo peor aún no llega.

Fueron los fanáticos británicos y marselleses quienes abrieron el baile el pasado viernes 10 en el barrio del Viejo Puerto de Marsella. Al día siguiente los rusos se lanzaron a la batalla, primero en las calles de la ciudad y luego, por la noche, en el estadio mismo, al final del partido que disputaron su equipo y el de Inglaterra.

En pocas horas los “ultras” rusos, menos numerosos que sus pares ingleses pero organizados casi militarmente, lograron su cometido: imponer su dominio en el escenario europeo del hooliganismo y, sobre todo, restarle “prestigio y fama de duros” a los ingleses.

También, de paso, destrozaron el prestigio de las fuerzas policiacas francesas, que quedaron rebasadas por la situación, y el de los dirigentes de la Unión de Federaciones de Futbol Europeas (UEFA), que tienen bajo su responsabilidad la seguridad dentro de los estadios.

Saldo de los enfrentamientos: 35 heridos, cuatro de gravedad y uno que osciló entre la vida y la muerte durante cuatro días.

Las sanciones no se hicieron esperar: el martes 14, además de imponer una multa de 150 mil euros a la selección rusa, el Comité de Disciplina de la UEFA decidió expulsarla de la Eurocopa, pero dejó esa medida en suspenso y sólo la aplicará si los aficionados rusos protagonizan nuevos disturbios dentro de los estadios.

Las autoridades francesas, por su lado, reforzaron su control sobre los aficionados rusos: detuvieron a 43, de los que expulsaron a 20 y dejaron en libertad a 20; los tres últimos siguen detenidos y esperan ser juzgados. Se decidió también restringir considerablemente la venta de bebidas alcohólicas en las ciudades anfitrionas de la Eurocopa.

La justicia gala condenó a seis británicos, dos franceses y un austriaco –todos detenidos en Marsella, ebrios y en flagrante delito de violencia callejera– a penas que oscilan entre dos y tres meses de cárcel. Otro francés fue sancionado con dos años de prisión –uno de los cuales lo pasará en suspensión– por haber golpeado a un inglés.

Estas medidas surtieron efecto: no se registraron mayores incidentes en Lille, donde Eslovaquia venció a Rusia el miércoles 15. En Lens, que el jueves 16 albergó el partido Inglaterra-Gales (considerado altamente riesgoso) se temían no sólo batallas entre ultras de cada selección, sino también nuevos enfrentamientos entre rusos e ingleses, ya que sólo 36 kilómetros separan las ciudades norteñas de Lens y Lille. Sólo los hooligans ingleses intentaron “salvar el honor” provocando connatos de peleas en vísperas del cotejo contra Gales, pero fueron rápidamente dominados por la policía.

En cambio, a escala política y diplomática surgieron tensiones. El miércoles 15 el Kremlin convocó al embajador de Francia en Rusia para protestar contra la detención de sus 43 nacionales. El gobierno ruso acusa a Francia de fomentar “sentimientos antirrusos” y de “empeorar las relaciones” entre ambos países.

Los ultras rusos se sienten en la gloria, y en sus páginas electrónicas afirman que aún no han dicho su última palabra. Mientras, los hooligans ingleses se sienten profundamente humillados por esa derrota. Explican que no pudieron defender su liderazgo porque a 3 mil de ellos –sus tropas de choque– la policía británica no les permitió viajar a Francia.

Identidad a golpes

En Rusia y en los países de Europa Oriental el fenómeno del hooliganismo surgió inmediatamente después del derrumbe de la Unión Soviética. Los fanáticos de la URSS siguieron el “modelo inglés”, que aún es su referente. Y crearon los firms, los grupos de aficionados “duros” de un equipo, que adquirieron un carácter cada vez más nacionalista.

Sébastien Louis, historiador francés especializado en los problemas relativos a los fanáticos de futbol, explica: “Los hinchas rusos llevan años soñando con pertenecer, por lo menos, al top 3 del hooliganismo europeo, y decidieron que 2016 iba a ser su año. Hacerse notar en una competencia internacional y desafiar a ‘los maestros ingleses’ es la mejor manera de imponerse fuera de su país”.

Louis asistió a las “batallas” de Marsella y observó de cerca a los rusos: “Era fácil reconocerlos. Enarbolaban camisetas de clubes como el CSKA Moscú, el Spartak Moscú, el Lokomotiv, también de Moscú, y el Zenit de San Petersburgo. En Rusia se la pasan enfrentándose, pero en Francia forman un solo bloque detrás de su selección. En Marsella se juntaron contra los ingleses, pelearon codo con codo, pero inmediatamente después de los enfrentamientos se separaron y cada grupo se fue por su lado”.

Los hooligans de Europa Oriental, enfatiza, constituyen una nueva generación de ultras.

“Son gente que practica deportes de combate y se entrena diariamente. No toman drogas ni bebidas alcohólicas. Llevan un modo de vida casi ascético, totalmente dedicado a las peleas. No sólo se enfrentan cuando sus equipos juegan, sino que suelen organizar torneos de combates –que llaman fights, en inglés– en lugares apartados como estacionamientos subterráneos, fábricas abandonadas o bosques. Estas fights obedecen a reglas estrictas: 15 ultras de un firm luchan a mano desnuda contra un grupo igual de otro firm. Tienen prohibido llevar armas y golpear a un hombre caído.”

Las imágenes violentas que circulan en internet demuestran, sin embargo, que los ultras rusos no respetaron estas reglas contra los ingleses en Marsella.

Cada club ruso importante cuenta con una miríada de grupos de aficionados que se dan, a menudo, nombres ingleses. El Spartak Moscú aglutina a 16: el Flint’s Crew y el Union, creados en 1994, son los más poderosos; el Mad Butchers, fundado en 1996, es el más aguerrido; el Gladiator 96 y el Young Crew son la vanguardia juvenil del Spartak; el Clockwork Orange (Naranja Mecánica), fundado en 1998, también está integrado por jóvenes que hacen temblar a los ultras del CSKA.

Y el CSKA aglutina a 10 firms. El Red Blue Warriors fue el primero en publicar fanzines en Rusia para plasmar las proezas del club, y muchos ultras del Gallant Steels no pierden oportunidad de proclamar su admiración por Vladimir Putin. En 2004 el CSKA fue condenado por la UEFA a jugar tres partidos de la Liga de Campeones a puerta cerrada, después de la violencia racista manifestada por sus aficionados en Roma.

Los rusos distan de tener el monopolio del hooliganismo en Europa Oriental. Los polacos, los ucranios, los croatas, los serbios y los eslovacos, por citar sólo los más violentos, no se quedan atrás.

Philippe Broussard, autor de Generation supporter, libro de referencia sobre el fanatismo deportivo, subraya:

“Aun si existen diferencias de un país a otro, los ultras de Europa Oriental comparten muchas características psicológicas. Para entenderlas es preciso deshacerse de clichés y reconocer que la violencia de estos hombres, cuya edad oscila entre los 18 y los 45 años y que pertenecen a distintas clases sociales, no está ligada con el consumo de bebidas alcohólicas.

“En el origen encontramos la pasión por un equipo. Luego, conforme el hooligan va participando en broncas, se va sintiendo parte del ‘núcleo duro’ de los aficionados. Pertenece a una especie de élite. Se vuelve defensor de un territorio, una bandera y una fama.

“El enfrentamiento con otros hooligans se convierte poco a poco en parte del espec­táculo. Es un ritual semanal que permite vivir experiencias exaltantes, sobre todo cuando hay que viajar a otra ciudad fuera de su ‘territorio’. Muchos ultras encuentran en sus firms una segunda familia.

“Combatir es una especie de apoteosis. Los ultras hablan de ‘brote de adrenalina’, de mezcla de miedo y euforia con la excitación provocada por el hecho de golpear, de inspirar temor y de vivir algo fuerte que se comentará con el grupo durante semanas, meses, años…”.

Según observó Broussard, los aficionados de Europa Oriental funcionan como clanes, al igual que su modelo inglés, en forma casi sectaria, y es lo que asegura su cohesión. Son capaces de elaborar estrategias casi militares para planificar sus desplazamientos y burlarse de los sistemas de seguridad:

“Es obvio que la gira de los ultras rusos en Marsella fue preparada con sumo cuidado. Alquilaron coches y camionetas en Francia, llegaron por separado a Marsella, se juntaron en un momento preciso y en un lugar muy bien escogido, formaron un grupo compacto de alrededor de 200 hombres y atacaron. Luego se replegaron. Según los policías fue un operativo muy ‘profesional’. Prueba de ello es que ningún ruso fue detenido el día mismo del ‘combate’.”

Los marselleses que observaron desde sus ventanas los enfrentamientos entre rusos e ingleses no lograban distinguir quién era quién en ese impresionante cuerpo a cuerpo. Pero los combatientes sabían muy bien a quién golpear:

“Los ultras se identifican perfectamente entre sí y pueden hacerlo porque, entre otras cosas, tienen códigos especiales para vestirse. Suelen comprar ropa casual pero de buena marca, y cada grupo tiene su marca preferida. Cuando los videos de los hooligans rusos empezaron a circular en internet, los ultras de otros países se fijaron de inmediato en su look y entendieron que los que habían llegado a Marsella eran grupos de choque cuya única meta era destrozar a los ingleses.”

Otro rostro de la ultraderecha

Evidentemente, los daños que los fanáticos causan a sus adversarios y las sanciones que puedan recibir no les preocupan.

Las relaciones entre grupos de hooligans y ultraderecha existen en toda Europa Oriental y son muy notorios en Polonia y Ucrania. Rafal Pankowski, catedrático de la universidad de Varsovia y presidente de la asociación Never Again, que lucha contra el racismo, recalca:

“En los últimos meses los hinchas de numerosos clubes del país enarbolaron banderas racistas y entonaron cantos violentos contra refugiados y musulmanes. El presidente de la Federación de Futbol de Polonia, Zbigniew Boniek, cercano a los grupos más nacionalistas, nunca condena estos hechos, y la lucha contra el hooliganismo dista de ser la prioridad del gobierno encabezado por Beata Szydlo, del muy conservador partido Derecho y Justicia.”

El hooliganismo en Ucrania está tan íntimamente ligado a las fuerzas de ultraderecha que hace cuatro años, cuando el país acogió junto con Polonia la Eurocopa 2012, Sol Campbell, excapitán de la selección británica, pidió a sus seguidores quedarse en casa.

Las batallas entre firms ucranianos son de antología. Es famoso el video que circula en internet del enfrentamiento masivo entre los ultras del Metalist Kharkiv –aliados con los seguidores del Spartak Moscú– contra sus eternos enemigos del Dinamo Kiev. Ese combate se dio hace tres años en calles de la ciudad de Karkiv.

Más grave: todo parece indicar que los ultras ucranianos participaron al lado de grupos paramilitares de ultraderecha en el asalto e incendio de la Casa de los Sindicatos de la ciudad de Odesa, en la que se habían replegado manifestantes prorrusos. El acto criminal se dio el 2 de mayo de 2014 y costó la vida a 42 personas.

En tanto, la Federación Croata de Futbol (HNS) ya no sabe cómo enfrentar el fenómeno de los ultras que crece en el país y causa estragos en competencias nacionales e internacionales.

En 2014 los fanáticos croatas crearon tanto desorden en el estadio San Siro, de Milán –dispararon bengalas contra el portero del equipo italiano– que el partido se tuvo que interrumpir 10 minutos. Después de ese incidente, que le costó una multa estratosférica, la HNS exigió al gobierno que tomara medidas drásticas para controlar a los ultras. En vano.

Los fanáticos polacos y croatas se mostraron discretos en los primeros días de la Eurocopa. Los ucranianos un poco menos, pero fueron rápidamente neutralizados. Todos, incluidos los eslovacos y los checos, distan de apreciar la flamante supremacía de Rusia. ¿Retarán a su enemigo histórico? Aún faltan tres semanas de competencia dentro y fuera de los estadios…