La idea de modernizar Chapala y atraer al turismo nacional e internacional obsesiona al alcalde de Chapala, Javier Degollado González. Su sueño es transformar por completo la riviera, inspirado en el estilo francés, pero a costa de la destrucción de parques, la tala de un centenar de árboles y la construcción de una decena de fraccionamientos. Su proyecto es ecocida, dicen especialistas a Proceso Jalisco.
Desde marzo pasado, Javier Degollado González expuso a los medios locales su singular proyecto urbano basado en tres grandes atractivos turísticos que estarán listos antes de 2018 y le costarán al municipio 78 millones de pesos.
Uno de ellos es el Multiforo Chacaltitas, un espacio al aire libre situado en la zona de Acapulquito, al comienzo del malecón, con capacidad para 20 mil personas. Según explicó el alcalde, será una especie de puente elevado con varias plataformas con fuentes danzarinas iluminadas con láser. Será, enfatizó Degollado González, un centro de espectáculos nocturno en medio del lago, el más extenso del país y principal fuente de abastecimiento de la zona metropolitana de Guadalajara.
Su segundo proyecto consiste en convertir el área de La Cristianía en un parque de diversiones, que se denominará Chapala Adventure. Contará un área de deportes extremos con montañas rusas, kayak, karts, canopy, rappel, paseo ecuestre, puente colgante, bungee jumping y un parque acuático.
La renovación incluye también el Museo del Lago, el cual contará con miradores para observar las parvadas de aves que acuden al vaso lacustre en diversas épocas del año, así como un parque botánico con árboles florales como Jacaranda y Primavera.
Pese a que no se ha definido el costo de la entrada al público, Degollado González ha dejado en claro que Chapala Adventure, el museo y el multiforo serán manejados por el gobierno municipal y no por la iniciativa privada.
Ninguno de los proyectos tiene fecha de inicio, aunque en el parque de La Cristianía ya comenzaron las labores de limpieza. A finales de mayo, el ayuntamiento de Chapala admitió que mandó talar cerca de 40 árboles, lo que causó la irritación de la población.
En gobierno municipal tuvo que difundir un comunicado en el que expone que los árboles afectados estaban enfermos y que sólo atendió la recomendación de la empresa Green Cover, que lo asesora en materia de arboricultura.
Sin embargo, después taló otros 50 árboles como parte de la remodelación y ampliación del hotel Brisas del Country, asentado en las faldas del Cerro Viejo. Según la empresa encargada de la obra, Inmobiliaria Ruiz Sauza, el propósito es ampliar el área de bungalós, para lo cual se desvió el cauce de un arroyo.
Los vecinos volvieron a reclamar, pero el ayuntamiento, en lugar de detener los trabajos, sólo sancionó económicamente a la empresa, cuyos dueños se comprometieron a reforestar la zona cuando la obra finalice.
“Tuvimos conocimiento de la tala de árboles en el hotel Brisas, por lo que les impusimos una severa multa y nos prometieron que ellos mismos repondrían los árboles que talaron”, comenta el director de Planeación Urbana del ayuntamiento, José Barajas Gómez.
Las complicidades
En entrevista para Proceso Jalisco, Barajas Gómez y el director de Comunicación Social, Antonio Manzano Uribe, aseveran que la administración de Degollado González no ha autorizado ninguna licencia de construcción en la sierra de Chapala, declarada como Área Natural Protegida por el gobierno estatal desde 2013.
El decreto, que protege más de 23 mil hectáreas donde habitan más de 500 especies de flora y fauna, parece inexistente para el ayuntamiento, cuyas autoridades insisten en que no se han autorizado nuevas construcciones en la cima del cerro, pues, dice Manzano Uribe, “nosotros llegamos en octubre del año pasado; de lo que pasó antes, no podemos responder”.
Barajas Gómez comenta que en marzo de 2012 el entonces presidente municipal autorizó el Plan Parcial de Desarrollo Urbano, que permite el cambio de uso de suelo en las zonas más altas del cerro, consideradas áreas protegidas por su biodiversidad.
Aunque, comenta, las licencias autorizadas y el proceso de edificación datan de 2009. Sin embargo, admite que el sector inmobiliario es el mayor generador de empleos del municipio.
En 2011, este semanario alertó sobre el daño ambiental y los graves riesgos que causan los desarrollos inmobiliarios ilegales en los cerros de este municipio (Proceso Jalisco 359).
En complicidad con los empresarios de bienes raíces, el ayuntamiento permitió por lo menos siete conjuntos habitacionales que dañan la zona del cerro que abraza Chapala y Jocotepec; incluso se ven desde el otro lado, desde Tlajomulco e Ixtlahuacán de los Membrillos.
Uno de estos proyectos se ubica en el cerro del Travesaño, en el libramiento Chapala-Ajijic, donde se construye el hotel ecoturístico Las Minas. El representante legal de la empresa, Fernando Aguilera Delgado, justifica que la construcción se debe a la “demanda creciente de turistas propios de la zona, buscando cubrir la necesidad de viviendas y lugares exclusivos de hospedaje”.
Aledaño a ese desarrollo, se erige Colinas del Lago de San Antonio, sobre el predio Tierra Salada, cuya extensión es de 40 hectáreas, ocho de las cuales se destinarán al proyecto turístico de élite Lake Chapala Hotel and Casino Resort, al estilo de Las Vegas, y está registrado a nombre de Roberto Ibarra Moreira, Víctor Manuel Villar Fuentes y Édgar Jesús Gómez Bustamante (Proceso 1818).
En esta misma zona se fraccionaron los terrenos panorámicos de Cumbre de Chula Vista y Sierra Viva; este último consta de 27 viviendas a cargo de la inmobiliaria Axixique, cuyo representante legal es Arturo Kishisutto y el propietario es Rubén Barragán Carvajal.
Esos proyectos, precisa Barajas, se autorizaron en la administración de Gerardo Degollado González (2007-2009), el hermano del actual presidente municipal.
Gerardo Degollado dejó una deuda a Chapala de 85 millones de pesos, pese a que sólo por concepto de licencias de construcción cobró más de 27 millones de pesos durante su gestión, de acuerdo con el reporte de ingresos consultados por este semanario.
En esa época sus directores de Planeación Urbana y de Biología, José de Jesús Arce Rodríguez y Moctezuma Medina Corona, respectivamente, acomodaron las normas para facilitar los proyectos de construcción de la zona en áreas silvestres.
Otro proyecto de gran turismo es el hotel Radison Blue, ubicado en el complejo habitacional El Dorado, que pretende ser el primer desarrollo de la compañía hotelera Sun-Star en México y, según sus impulsores, será de cinco estrellas. Contará con 78 habitaciones, 56 suites, se construirá entre julio y septiembre de ese año y comenzará a funcionar 18 meses después, con tarifas de 3 mil 500 pesos por habitación.
En 2009, la administración de Gerardo Degollado autorizó también la construcción del fraccionamiento residencial Las Pérgolas, a cargo de la Inmobiliaria Mesa Catorce, que aún no está terminado.
Asimismo, Inmobiliaria Reddere construye 246 departamentos de interés social en Lomas de Santa María, en la cabecera municipal de Chapala que, según Barajas, se apegan a la normatividad del municipio. Su objetivo es promover el turismo en la riviera de Chapala.
Proyectos riesgosos
El investigador Luis Valdivia Ornelas, del departamento de Geografía y Ordenación Territorial de la Universidad de Guadalajara, advierte sobre los riesgos que ocasionará la urbanización de las partes media y alta del Cerro Viejo, en las sierras de Chapala-Jocotepec.
Los cerros que rodean el lago están compuestos de material inestable convirtiéndola en una zona de alta vulnerabilidad, lo que podría ocasionar deslaves e inundaciones, explica el investigador.
Y añade: “Por un lado, existe una geología compuesta de rocas fracturadas y afalladas, arcilladas por la sedimentación del lago, lo que se combina con pendientes de desniveles acentuados. Eso, por naturaleza, genera un comportamiento inestable en su suelo”.
Insiste en que, ante el desmedido crecimiento urbano en la zona, el cerro no sólo sufrirá un impacto en el clima; es probable también que la intervención humana afecte a los habitantes de la parte media y de las faldas del cerro.
“En la zona de la plaza de toros, por ejemplo, hay viviendas con agrietamientos muy fuertes. Ello, debido a que cuando se construyeron no se consideró el comportamiento del subsuelo. Además, en las partes media y alta del cerro se generan las escorrentías, por lo que la intervención en la ladera también podría causar deslaves e inundaciones”, advierte Valdivia.
Su colega Arturo Gleason Espíndola, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), considera que las urbanizaciones en los cerros de la ribera de Chapala afectarán directamente el abastecimiento de agua a la zona metropolitana de Guadalajara, pues son sus proveedores naturales.
“A través de ellos –dice–, el agua de lluvia es captada y conducida por el subsuelo a las partes de la cuenca, donde se encuentra el lago superficial y subterráneo; este es el que alimenta los manantiales del lago. Al urbanizar cualquier área de recarga, se limitará el volumen de líquido que después utilizaremos.”
Por lo tanto, las construcciones en los cerros alterarán los ciclos del agua debido a la deforestación y edificación en áreas clave para los depósitos subterráneos del líquido. Aunado a eso, advierte Gleason, al urbanizar las zonas de recarga se eleva también el riesgo de contaminar las aguas subterráneas.








