En su edición 600, Proceso Jalisco publicó un reportaje en el que un guardia de seguridad privada denunció los abusos de que fue víctima por parte del comisario de Seguridad Pública de Tlajomulco, César Salvador Navarro Esparza. Hoy, el mismo jefe policiaco debe enfrentar otra denuncia ante la Fiscalía General del Estado por la agresión a un matrimonio y sus vecinos, derivado de un presunto incidente de tránsito. El caso será uno de los primeros que se ventilará bajo el nuevo sistema penal acusatorio.
El miércoles 1 a mediodía, Antonio Peña Hernández tuvo un altercado con el comisario de Seguridad Pública de Tlajomulco de Zúñiga, César Salvador Navarro Esparza, en el estacionamiento de la farmacia Guadalajara, en el fraccionamiento Santa Fe.
Peña Hernández conducía su camioneta Chevrolet en la cual iban su esposa, María de Jesús Núñez Murillo, así como una vecina llamada Leticia Navarro y su hija, una menor de edad. Al intentar salir, una camioneta negra con placas JR90572 se le cerró al vehículo de Peña, lo que provocó que el espejo lateral de la Chevrolet se volteara.
De manera instintiva Peña Hernández se llevó las manos al rostro para cubrirse. Poco después, cuando estaba colocando el espejo observó que la camioneta negra estaba estacionada frente a su vehículo. De ella descendieron dos hombres y una mujer uniformados y armados y se dirigieron a él.
Uno de ellos, quien se identificó como el comisario Navarro Esparza, le espetó a Peña Hernández: “¿Por qué expones a tu familia?”. Le respondió que eso no era cierto, incluso le comentó que su camioneta negra no tenía ningún rasguño.
El comisario insistió: “No te hagas pendejo, a mí me mentaste la madre”. Peña le explicó que él sólo había levantado su brazo para protegerse el rostro.
Navarro Esparza le dijo entonces que venía en estado inconveniente y le ordenó bajarse de la camioneta. “Me dio risa –cuenta Peña–. Le dije que yo no tomo ni fumo, y me bajé”.
Navarro le pidió los documentos de la Chevrolet. Antonio le enseñó la licencia de conducir y su credencial electoral. Navarro quiso arrebatarle sus identificaciones, pero Peña las retuvo. El comandante se le abalanzó al cuello, pero no pudo cogerlo porque Peña se echó hacia atrás, lo que aprovechó el otro uniformado para tomarlo desde atrás. “Se colgó de mí para impedir que me moviera, me estaba ahorcando”, dice el afectado.
La agresión
Antonio Peña comenta que su esposa tiene una lesión en la columna, por lo que camina apoyándose en un bastón. Ese día, al ver que lastimaban a su esposo, logró bajarse de la Chevrolet y le pidió a Navarro y al otro policía que lo dejaran. El comisario le dijo que se callara.
“Cuando el policía aflojó su brazo de mi cuello –relata Peña–, le pedí que le dijera a Navarro que ella (mi esposa) es discapacitada, que no la tocara. El comandante no lo oyó y la empujó contra la camioneta, lo que le provocó lesiones en la espalda.
El uniformado intentó tranquilizar a Peña y le pidió colocar sus manos sobre el vehículo. A su vez, el comisario le dijo que ya venía una grúa para remolcar la Chevrolet, mientras él quedaba detenido.
La vecina Leticia Navarro aprovechó para llamar por teléfono a su esposo, Óscar Martín Herrera Zúñiga, quien llegó poco después y le dijo al comisario que si se trataba de un accidente vial, tendría que llamarse a la Secretaría de Movilidad.
El comisario le respondió: “Usted a mí no me va a decir cómo hacer mi trabajo. ¡Retírese!, porque si no, me lo llevo también”. El vecino se alejó unos pasos, donde ya se habían reunido varios vecinos. Uno de ellos, John Martín Neyra, le preguntó al comisario qué había pasado. “Usted cállese –le respondió–. No se meta, porque también me lo llevo”.
Poco después arribaron al estacionamiento de la farmacia Guadalajara las patrullas TZ 225 y TZ 165 y tres y motociclistas; eran como 12 elementos, según un video proporcionado a Proceso Jalisco.
Cuando llegaron los policías, el comisario se acercó a Peña y le dijo: “Ahora sí ya te vas a fregar”, y le dio una clave a uno de los oficiales para que se lo llevara.
Lo introdujeron a la patrulla TZ 165 y el comisario ordenó que subieran también al esposo de la vecina y a Martín Neyra, “por obstrucción a la autoridad”. Los tres fueron trasladados a las instalaciones de la comisaria que se encuentran en Prolongación Escobedo número 100, en la cabecera municipal.
“Nos sentaron en unas bancas, yo estaba en uno de los extremos, en el centro mi vecino y en la otra orilla, Martín Neyra (cuenta Peña). Nos tomaron nuestros datos y nos dijeron que nos iba a checar el médico.
“Minutos después llegó el comisario Navarro y se paró en medio y les dijo: ‘Ya ven como yo sí cumplo, me los traje’”. Luego ordenó a sus subalternos que llevaran a Peña a un cuartito.
“Ahí se metieron el policía que acompañaba al comisario al momento del accidente y los dos patrulleros (que lo trasladaron a la comisaría). Me dijeron que me iba a cargar la fregada. Cuando se metió Navarro, me dijo: ‘Ya ves que sí te traje. Te dije que te iba a chingar’. Yo le respondí: ‘Está bien, la regué. Ya estuvo, que ahí quede’”, relata el afectado.
Y añade. “Me empezaron a golpear entre los cuatro. Me doblé y me quedé tirado. Un policía me dio un fregadazo en el pecho, y me incorporé. (El comisario) me dice que lo mío hubiera pasado, pero que ella (María de Jesús, la esposa de Peña) le había estado mentando la madre, por lo que me iba a chingar.
“Lo vi directamente a los ojos y le dije: ‘Si es por eso, has lo que tengas que hacer’. Otra vez me volvió a pegar con una especie de tolete; todos lo hicieron al mismo tiempo.
“Me dijo (el comisario): ‘¿Muy valientito?’. Yo le dije que lo normal, y otra vez me golpearon. Me volví a doblar”. La golpiza duró como cinco minutos, de acuerdo con Peña.
Las amenazas
César Navarro salió del cuarto, acompañado de dos policías. Sólo se quedó uno. Navarro le ordenó que me pidiera mi dirección, para “darme una visitadita cada ocho días”.
Peña le respondió a Navarro que estaba perfecto; el comisario lo golpeó en la cabeza, mientras el policía que lo custodiaba no dejaba de mentarle la madre, incluso abría la puerta para que lo escucharan los otros dos detenidos.
Después cerró la puerta y le dijo a Peña: “La neta, no es nada personal, pero no podemos hacer nada. Él es el jefe, nosotros sólo recibimos órdenes”. Le pidió guardar silencio e hincarse para que lo esposara.
“Me levantó de la camisa, me dijo que no me moviera; si no, insistió, te voy a poner en la madre”. Le advirtió también que cuando pasara a valoración con el médico no dijera nada de lo ocurrido en el cuartito.
Cuando Peña llegó ante el médico de guardia de la Comisaría de Seguridad, éste ni siquiera lo auscultó. “Me miró, y me dijo ‘qué traes en el cuello’. Le dije que me dolía, y él me comentó: ‘Traes nada más un rasguño’”.
Peña asegura que el custodio permaneció en la entrada del consultorio para ver qué le comentaba al médico.
A Peña y a los otros dos detenidos los policías les pidieron sus datos cuatro veces y les tomaron fotos con sus celulares. Como Martín Neyra protestó, uno de los policías le dijo que se tranquilizara o lo metía al cuartito y que le preguntara a Antonio sobre lo que pasaba en ese lugar.
Peña, su vecino Herrera Zúñiga y Martín Neyra fueron encerrados cuatro horas, acusados de faltas administrativas. Salieron tras pagar una fianza de 500 pesos.
Peña teme que el comisario Navarro cumpla su amenaza de visitarlo cada semana. Dice que si le sucede algo a él o a su familia, hace responsable directamente al comisario.
Su esposa María de Jesús comenta que Navarro se acercó para decirle en un tono agresivo: “De mi cuenta corre que su esposo no sale”.
Peña, su esposa y Martín Neyra acudieron a la Fiscalía General del Estado (FGE) a presentar una querella contra el comisario Navarro por abuso de poder y lesiones, la cual quedó arraigada bajo el número de carpeta D-1 409/2016 en la Agencia 8 de Atención Temprana de la zona metropolitana, turno vespertino.
El matrimonio entregó los partes médicos que se levantaron el jueves 2 en los servicios médicos municipales. Según los documentos, las lesiones “no ponen en peligro la vida y tardan en sanar más de 15 días”.
En la FGE les comentaron que era la primera denuncia por abuso de poder y lesiones contra un funcionario. Les prometieron tramitar la querella bajo el nuevo sistema penal acusatorio y les dijeron que se revisarían los videos de las cámaras de seguridad de la zona.
Los demandantes también presentaron una queja contra el comisario y sus subalternos ante Asuntos Internos del municipio (carpeta 30/2016).
En su edición 600, Proceso Jalisco publicó un reportaje en el que se acusaba al comisario Navarro de abuso de autoridad, prepotencia, lesiones, así como de sembrar drogas y armas para inculpar a inocentes.
Uno de los agraviados es el guardia de seguridad privada Rubén Martínez Vergara, quien presentó una denuncia –la 151/2016– ante la Dirección de Visitaduría, Auditoría al Desempeño y Responsabilidades Administrativas de las FGE contra Navarro y sus subalternos.
La contradictoria versión oficial
Los reportes de los patrulleros de la uniad TZ 225, que trasladaron a Peña, a su vecino Herrera Zúñiga y a Martín Neyra a la comisaría, son contradictorios.
Ante el Juzgado Municipal los uniformados dijeron que alrededor de las 12:15 unas personas les dijeron que afuera del estacionamiento de la farmacia Guadalajara, ubicada en la confluencia de las avenidas Concepción y Colón, colonia Concepción del Valle, una persona se mostraba agresiva con los transeúntes.
Según los patrulleros, al llegar al sitio intentaron acercarse a Peña, pero él se mostró agresivo y comenzó a insultarlos. Le dijeron que eso era una falta a la autoridad y le pidieron retirarse; como no hizo caso, los uniformados lo arrestaron.
Y cuando le iban a hacer la revisión precautoria a Peña, según los declarantes, se acercaron dos hombres –Herrera Zúñiga y Martín Neyra– e intentaron evitar el arresto, por lo que los detuvieron por “entorpecer labores de los cuerpos de seguridad”.
También aseguraron que los tres detenidos fueron presentados ante el médico de guardia para que les hiciera los partes médicos; posteriormente, el juez municipal consideró que sí eran responsables de los cargos que se les imputaron.
El acta circunstanciada que levantó un policía de la patrulla TZ 165 indica que tras recibir una llamada de auxilio por parte del personal de la farmacia Guadalajara, los patrulleros acudieron al lugar, pues afuera del negocio se encontraba una persona violenta.
Sin embargo, empleados de la farmacia comentaron a los familiares de los afectados que nunca hicieron una llamada, pues el negocio cuenta con guardias de seguridad privada.








