El racismo es un problema creciente en Europa. Y en el futbol francés esto se ha vuelto evidente: a punto de que arranque la Eurocopa, uno de los jugadores más importantes de esa nación –Karim Benzema– asegura que no fue convocado a la selección por su ascendencia norafricana. Las autoridades aseveran que es por su implicación con un caso de chantaje, pero el hecho es que no han respetado la presunción de inocencia y que no es el primer caso de discriminación en aquel país: hace unos años, los mandamases del balompié galo acordaron restringir la participación y promoción de jugadores negros y árabes en sus equipos.
BRUSELAS.- En 2013, tras una serie de agresiones, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) decidió endurecer sus sanciones contra los comportamientos racistas tanto en el campo de juego como en las gradas.
Desde entonces, la Unión de Federaciones de Futbol Europeas (UEFA) no ha dudado en castigar a varios equipos y federaciones nacionales que participan en sus competencias regionales.
En un caso reciente –en mayo pasado–, el Lazio de Italia fue sancionado con jugar un partido sin público y el pago de una multa de 50 mil euros luego de que su afición entonara cánticos racistas contra un jugador del Sparta Praga durante un encuentro eliminatorio de la Liga Europa, en marzo.
La selección nacional de Croacia también fue condenada, pero con jugar dos partidos a puerta cerrada, pagar 100 mil euros de multa y perder un punto en la tabla debido a que apareció una esvástica sobre el terreno de juego en un partido clasificatorio para la Eurocopa 2016 contra Italia, en junio del año pasado.
La severidad que prometió la UEFA contra las muestras de racismo es tal que en febrero de 2014, el capitán de la selección sub-21 de Serbia fue obligado a leer en el centro del campo y por sonido local un mensaje de rechazo al racismo a nombre de su equipo, la Federación Serbia de Futbol y sus seguidores, además de que el club tuvo que colocar una enorme pancarta en las gradas vacías con la leyenda “No al racismo”.
Lo que menos desea la UEFA es que estalle un escándalo similar que manche el principal torneo regional, la Eurocopa, que arranca en Francia el próximo viernes 10. Sin embargo, proviene precisamente del futbol del país anfitrión una polémica que ya comenzó a ensombrecer la justa.
El pasado miércoles 1, la estrella del Real Madrid, el francés Karim Benzema, explicó al diario deportivo español Marca que no había sido convocado por la selección gala para la Eurocopa porque el entrenador, Didier Deschamps, “cedió a la presión de una parte racista de Francia”.
El delantero, de origen argelino, sugirió en la entrevista que esa decisión la había tomado Deschamps en acuerdo con el presidente de la Federación Francesa de Futbol (FFF), Noel Le Graet, quien desde el 13 de abril anunció en un breve comunicado que Benzema no había sido seleccionado.
Inesperadamente, el primer ministro, Manuel Valls, declaró que Benzema no era un futbolista ejemplar.
Todo ello porque en noviembre pasado el goleador fue acusado por la justicia francesa de haber participado en una tentativa de chantaje contra su compañero Mathieu Valbuena, quien fue amenazado por un hombre con hacer circular un video de connotación sexual que robó de su antiguo teléfono celular si no pagaba 100 mil euros. Valbuena denunció el hecho a la policía. Benzema siempre ha clamado su inocencia.
Las declaraciones de Benzema, el mayor goleador en activo de la selección francesa, fueron precedidas el 26 de mayo por las del exestrella del equipo galo y del Manchester United Éric Cantona, quien prendió la mecha del debate al acusar en el periódico británico The Guardian –y luego en el diario Libération y Le Journal du Dimanche– que Deschamps no había convocado al astro madrileño ni a Hatem Ben Harfa, de ascendencia tunecina, por sus origines magrebíes. El segundo sólo fue llamado a la banca a pesar de una excelente temporada con el cuadro de Niza.
“Una cosa es segura –expuso Cantona al Guardian–, ellos son los dos mejores jugadores de Francia y no jugarán la Eurocopa. Lo que también es cierto es que sus orígenes son norafricanos. Deschamps es un apellido que suena muy francés. Él es quizás el único en Francia en tener un nombre tan francés. Nadie de su familia se mezcló, como los mormones en Estados Unidos.”
Quizás la justicia francesa resuelva la disputa entre Cantona y Deschamps si este último decide interponer una demanda por “difamación” contra su acusador. Lo que no podrá detener es el debate en la opinión pública sobre el racismo en el futbol francés.
Personajes del mundo del arte, la sociedad civil y la política francesa han expresado apasionadamente sus puntos de vista, pero el caso ha escalado al ámbito internacional dada la popularidad del delantero que acaba de ganar con el Real Madrid la Liga de Campeones de la UEFA.
Historia sucia
No es la primera vez que los directivos del futbol galo son señalados por racismo. En abril de 2011 el sitio de noticias Mediapart reveló que los dirigentes de la FFF habían concretado un acuerdo secreto a finales de 2010 para fijar cuotas étnicas en centros de formación y escuelas de futbol del país desde la edad de 12 o 13 años. Mediapart aseguró que se había pactado un cupo máximo de 30% de negros y árabes.
Al principio todos los implicados negaron la información, incluyendo al entrenador de la selección de entonces, Laurent Blanc. No fue sino hasta que Mediapart divulgó el contenido, palabra por palabra, de la reunión en la que se evocó el asunto, que finalmente el consejo federal de la FFF decidió entablar un proceso disciplinario contra el director general adjunto de la Federación y contra otro directivo de la dirección técnica. Blanc, presente en aquella reunión, se disculpó el 13 de mayo de ese año en el noticiario nocturno del canal TF1 por haber ofrecido su apoyo.
En la transcripción del audio de la reunión se escucha a Blanc preguntar:
“¿Quiénes son los más altos, fuertes, potentes? Los negros (…). Creo que debemos reenfocar, sobre todo en los muchachos de 13-14 años, 12-13 años, tener otros criterios, modificados con nuestra propia cultura (…). Los españoles me dicen: ‘Nosotros no tenemos problema (porque) nosotros no tenemos negros’.”
Erick Mombaerts, entrenador del equipo France Espoirs, que agrupa a los mejores futbolistas jóvenes de Francia, quienes participan en un torneo regional organizado por la UEFA, la Europe Espoirs, responde con otra pregunta: “¿Enfrentamos el problema y limitamos el número de chicos que pueden cambiar de nacionalidad?”
Blanc se dice “favorable” a la propuesta, y el director técnico nacional de la FFF, Francois Blaquart, afirma: “Podemos organizarnos sobre una especie de cuota. Pero esto no debe ser dicho”.
A una semana de que comience la Eurocopa 2016 con el partido Francia contra Rumania en el Estadio de France, en París, Cantona volvió a la carga en una entrevista en el diario Libération, en la que expone que la FFF lo está atacando –ha juzgado “estúpidas” sus declaraciones–, porque quiere que la opinión pública olvide el escándalo de las cuotas de 2010. Denunció que hay muchos jugadores en el futbol francés de origen magrebí pero pocos que sean dirigentes.
“¿Dónde están los dirigentes magrebíes o de África negra? ¿Y dónde los entrenadores de primera división de origen magrebí? ¡Ellos forman a los muchachos! Son lo suficientemente buenos y competentes para ocuparse de los jóvenes jugadores, ¿y dejan de serlo cuando los muchachos pasan al futbol profesional?”, preguntó Cantona al periodista que lo entrevistó.
El mismo razonamiento sostuvo el expresidente del Olympique, Pape Diouf, en una emisión de la cadena pública France Ô en mayo del año pasado. Como Cantona, señaló la poca cantidad de negros y árabes en los puestos de dirección o como directores técnicos y expresó que el futbol francés “sólo utiliza a esos jugadores, como ocurrió con la selección que resultó campeona en la Copa del Mundo de Francia 98, y una vez que se retiran, los desecha sin ofrecerles ningún puesto de importancia”.
Categórico, Diouf opinó que “el futbol francés es racista”.
Lectura racial
Autor de un ensayo titulado en español Los franceses franceses y los franceses árabes: ¿un equipo de Francia cerrado a los descendientes argelinos?, el politólogo Emmanuel Blanchard explica que desde hace 15 años se impuso una lectura racial de la sociedad francesa con el ascenso de la extrema derecha, y que ésta contaminó desde el principio al equipo nacional de futbol.
En una entrevista publicada por el diario Le Monde el pasado miércoles 1, el investigador deshace el mito de que el equipo que jugó el Mundial de Francia 98 reflejaba la integración de las diversas identidades de la sociedad francesa, la llamada France black-blanc-beur (la Francia de franceses negros, blancos y árabes).
En ese mito, Zinedine Zidane, el famoso jugador con raíces argelinas, representaba el componente beur (neologismo francés para norafricano) de esa selección; sin embargo, antes que él sólo un jugador con ese origen formó parte de la escuadra nacional, Omar Sahnoun, y poco tiempo (1977-1978).
En una perspectiva más amplia, entre 1962 y 2015 sólo hubo siete jugadores de origen argelino que portaron la camiseta francesa, “lo que es muy poco en relación con las otras olas de inmigración como la polaca, la italiana, la española o la de África subsahariana”, subraya Blanchard.
Otro problema deriva de las reglas de la FIFA, las cuales obligan a los jugadores de las selecciones que posean doble nacionalidad a elegir una de ellas en las competencias deportivas.
“Por su trayectoria familiar o profesional –explica Blanchard–, muchos jugadores son actualmente ejemplos de identidades múltiples. De hecho, hay futbolistas con pertenencias múltiples, que viven en un mercado de trabajo mundializado, y a quienes los políticos les exigen que sean un ejemplo, a veces de manera absurda, y que exigen de ellos que defiendan una sola identidad”, insiste.
“Tales demandas –prosigue el politólogo– son ante todo políticas, en el sentido de que quienes las formulan construyen su carrera en una arena nacional. Esos políticos (franceses) viven en un mundo donde las personas con dos nacionalidades son raras y donde las trayectorias se efectúan en Francia”. Y agrega: “Ellos le piden entonces a este equipo francés encarnar un mundo, este mundo estrictamente hexagonal (francés), con una identidad única”.
Para Blanchard, es normal que Benzema vea su exclusión del equipo nacional como una forma de “incomprensión e injusticia”, ya que está sujeto a una investigación judicial pero no ha sido condenado.
La acusación de racismo no tiene nada de sorprendente, opina el investigador, “en un contexto político de sospecha permanente sobre el amor entregado a una camiseta azul por parte de muchos jugadores provenientes de la inmigración”.








