“Marsella”

Drama, política, delincuencia, amor y traición; folletín o telenovela: todo a la vez, nada definido, una mezcla extraña de novela por entrega con serie, eso es el nuevo título lanzado por Netflix, Marseille (Marsella).

Producida en Francia para la plataforma estadunidense, será difundida también en abierto por la cadena TF1 privada. Así se asegura una mayor audiencia en el país. La ciudad de Marsella, segunda en población en Francia, va de escenario a personaje en disputa. La pelea entre dos hombres, dos generaciones, dos perspectivas de la vida tiene como núcleo ganar el aprecio, la confianza en forma de votos, posibilidad de pensar “esta ciudad es mía y hago con ella lo que deseo”.

Varias líneas narrativas se entrecruzan, sobresale la destinada al poder.  La campaña electoral en pos de la alcaldía del puerto francés constituye el pretexto para mostrar las estrategias de marketing mediático y el comportamiento de los periodistas –algunos se dejan sobornar, otros se aferran a su código de ética profesional.

Todo es válido cuando se trata de ganar. La compra de votos, el ofrecimiento de favores, hacerse el ciego ante las corrupciones, los acuerdos entre partidos contrarios para poner en bandeja de plata a los electores propios, malversación de dineros del erario, chantajes, uso de las debilidades personales, incluso la amenaza y la violencia: la guerra sucia. Francia, tan lejos de nuestro país y tan similar a la hora de los acuerdos ilegítimos en busca del poder. La única diferencia: respeto al conteo final, segunda vuelta.

En la dimensión política la serie es un espejo de la actual disputa en la ciudad de México. Los comicios del 5 de junio estarán manchados, sobre ellos se cernirán las sombras de voluntades arrancadas por la pobreza, la ignorancia, la desigualdad. A esa suciedad se le llamará juego democrático.

Se ha dicho que la serie Marseille (título original en francés) se asemeja a House of cards (Castillo de naipes) que lleva ya cuatro temporadas capturando al público. El tema de los engaños en la cúpula, la falta de escrúpulos para derrotar al adversario, de las intrigas entre personajes es similar. Varía el método, las formas francesas son mucho más sutiles. Los protagonistas van más allá de la voluntad de poder, son seres humanos: con odio dentro, amor y desprecio. Pueden admirar a quien detestan. Sus motivaciones son complejas, están marcados por su pasado, conscientes de ello actúan sin ignorarlo.

Los actores protagónicos son Gerard Depardieu y Benoit Magimel. Las mujeres: la esposa del alcalde encarnada en Géraldine Pailhas como principal. Y la hija de ambos. Las dos tienen personalidad propia, aunque su vida gire en torno al político. La parte dramática está sustentada en las vicisitudes de la familia. Se agregan los clásicos ganchos: amoríos, sexo, droga. La peor parte le toca interpretarla a los inmigrantes de origen árabe, africano o de los países del este que se han convertido en los nuevos criminales a eliminar en el imaginario europeo.