Aún sin restaurar, la escultura de San Miguel Arcángel

Para continuar su labor como protectora de la Ciudad de México, la escultura de San Miguel Arcángel –a menudo confundida por la figura de  Hernán Cortés–, que remata desde el siglo XVIII la cúpula del Templo de Jesús Nazareno, espera el presupuesto de su restauración.

Única en su tipo hecha con madera de cedro rojo y recubierta de plomo,  con medidas de 1.88 m. de alto por 1.16 de ancho (contando la varilla horizontal que se piensa sujetaba las alas, y refuerzo central de hierro forjado) que representa artísticamente al arcángel, en 2012 fue bajada de la torre del templo de Jesús Nazareno (contigua al hospital más antiguo de América): era parte de los trabajos de conservación de la dirección de Obras de Restauración de Sitios y Monumentos Históricos del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, según declaró en su momento Julio Valencia, extitular de esa área.

A casi cuatro años, el arquitecto Raúl Delgado, titular de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural (SMHPC) de la ahora Secretaría de Cultura federal, explicó a este semanario que la pieza está estabilizada, que sigue en resguardo en la iglesia de Jesús Nazareno donde reposan los restos de Hernán Cortés desde 1947–, y en espera de fondos para restaurarse y que llegarían en el segundo semestre de este año.

Conforme a un documento enviado posteriormente, se explica que la escultura fue analizada y diagnosticada por especialistas dependientes del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia)  y SMHPC definiendo que la técnica de manufactura histórica data de más de 300 años de antigüedad, y que en 1911 se descendió del “cupulín” de la torre para proveerle labores de mantenimiento y conservación.

Según se explica, a más de un siglo, presenta deterioros físicos (pérdida de elementos de madera, hierro, plomo y su policromía), químicos (por las acciones del intemperismo debidos a las radiaciones solares ultravioletas e infrarrojas, más la exposición permanente a cambios extremadamente bruscos de humedad y temperatura), y biológicos (presencia de hongos y ataques de parásitos xilófagos).

Delgado refrendó lo mismo que Valencia en 2013: que una vez restaurada se resguardará la original, y que buscarían hacer una “fiel réplica”. Ahora se sabe que posiblemente de bronce, para ser colocada nuevamnte y “recuperar la emblemática y entrañable silueta urbana y arquitectónica del antiguo Templo de Jesús de Nazareno en nuestra ciudad capital”.

Entrevistado hace tres año (Proceso, 1943), Eduardo Báez Macías, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México y autor del libro El edificio del Hospital de Jesús (editado en 1982 y reeditado en 2010), fue el primero en explicar que la escultura en efecto era el Árcangel San Miguel y no el primer marqués del Valle de Oaxaca, como se creía popularmente.

En el texto titulado “Un arcángel, no Cortés, remata el Templo de Jesús”, argumentó un plano del hospital del siglo XIX donde se ve dibujada la figura alada, y un inventario de la iglesia donde se confirmó una “escultura del señor San Miguel” colocada entre 1720 y 1760 en la cúpula de la iglesia, pues hasta 1720 no estaba terminada la torre.

También explicó en ese momento:

“Esto último como referencia coincide con que sea el arcángel San Miguel, porque antes solía colocarse en lugares altos para que protegiera a las comunidades contra los demonios, por eso también está armado, en el caso de la torre se le cayeron las alas y brazos…

“Hay que situarse en el momento para entender su importancia, y es que en el siglo XVIII la torre del Templo de Jesús junto con las torres de la Catedral Metropolitana eran de las edificaciones más altas en la ciudad, de manera que el arcángel sobresalía sobre el común de las casas que a lo mucho eran de dos pisos, así que era un protector del hospital, del templo, de la propia Ciudad de México”.