Que las reformas sólo traerán desempleo y miseria

Señor director:

Durante los gobiernos panistas y en lo que va de éste, siempre escuchamos en los medios afines a ellos que las iniciativas de reforma se hacen pensando en el bienestar de la población; leemos en los diarios que se abate el desempleo; que la seguridad de la población está garantizada gracias a que, quienes se encargan de procurarla, están mejor preparados; que las políticas en materia de salud nos permiten tener cada día un mejor nivel de vida; que las reformas estructurales emprendidas con arrojo y valentía llevarán a México a ser un país de primer mundo –esto hace recordar a Salinas de Gortari–; que la reforma educativa se hizo pensando en el derecho superior de la niñez mexicana a tener una educación de calidad; que quienes disienten de las políticas de gobierno son desadaptados y no están orgullosos de sus instituciones…

Esas declaraciones y otras ocurrencias son parte del paisaje diario que nuestros políticos estampan en su lienzo.

Lo que no nos dicen es por qué los miles de empleos perdidos con la liquidación de Luz y Fuerza del Centro no se han recuperado; por qué las plazas de los profesores cesados después de la primera etapa de evaluaciones no se cubren de manera inmediata; tampoco dicen cuánto desempleo han generado con los despidos en Pemex; ni dicen la verdad sobre la forma en que han impactado los cambios en el sector salud, como tampoco responden sobre el deslinde que el gobierno hace respecto a las pensiones y cómo ello nos dejará a los jubilados en las condiciones que vivieron los griegos hace poco tiempo.

No dicen por qué el gobierno quiere dejar de pagar pensiones a los trabajadores al servicio del Estado ni dirán por qué los expresidentes gozan de pensiones cuyo monto mensual un burócrata promedio tardaría unos 40 años en reunir.

Tampoco le dirían a la sociedad que desconocen la realidad de la educación en México porque ellos no tienen hijos en las escuelas públicas del país, los tienen en escuelas extranjeras y con cargo al presupuesto público. No habla el secretario Aurelio Nuño de su incapacidad para diseñar un proyecto educativo que verdaderamente coloque a la niñez mexicana a la altura de países como Corea del Sur o China. No, el señor secretario quiere ser presidente de México y quiere ganar la nominación criminalizando a un sector que, aunque ha tenido muchas deficiencias, ha sido pilar en el desarrollo del país. Como ejemplo tenemos al IPN y a la UNAM y otras universidades públicas que sufren el criminal recorte a sus presupuestos, dejando sin oportunidades de desarrollo a miles de jóvenes talentosos.

¿Cuándo diremos “¡ya basta!”?

Atentamente,

Hugo Ocaña Hernández