Señor director:
La justicia laboral es un tema discutido en varios foros; pienso que se trata de prepararle a Enrique Peña Nieto el terreno para sus iniciativas de reformar la Constitución y la Ley Federal del Trabajo; éstas seguramente se las aprobarán los diputados por presiones del propio gobierno mexicano y del imperialismo mundial para ajustarse al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) el cual beneficia a la alta burguesía en perjuicio del proletariado.
La clase obrera y todo el pueblo trabajador jamás deben creer en las reformas económicas y sociales que siempre ha impuesto la burguesía a través de sus gobiernos corruptos para consolidar su dominio sobre la clase explotada.
Estas reformas laborales, desde la época del cardenismo –si bien afectaron de inmediato a ciertos sectores burgueses y particularmente de grandes terratenientes–, a la postre contribuyeron al desarrollo del régimen capitalista porque elevaron la capacidad del mercado interno, movilizaron la fuerza de trabajo más eficiente y permitieron al Estado burgués una mayor capacidad económica al servicio de la clase dominante.
Pero este desarrollo económico se fincó en la mayor explotación de los trabajadores. Aún antes de finalizar el régimen cardenista se impuso la política de congelar los salarios. A finales de 1939 la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje acordó no elevar el salario mínimo. Es claro que en la época de auge del capitalismo nunca se cumplieron las demandas obreras; ahora que el sistema está en franca descomposición, mucho menos la burguesía respetará los derechos del proletariado.
Lo que digan los líderes de los sindicatos y los abogados laborales respecto de tener confianza en Peña Nieto y su gobierno, y que vamos a tener justicia laboral, es un gran engaño, y si creemos en esas sandeces ayudaremos a que la clase explotadora y su gobierno nos sigan engañando y alargaremos más la vida del régimen capitalista que está en absoluta decadencia.
Más que creer y tener confianza en el régimen burgués y su corrupto gobierno, debemos tener presente lo que Carlos Marx, en la última parte de El salario y el capital, dice: “La clase obrera no debe exagerar ante sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad”.
Lo que sucede hoy consiste en embellecer el sistema capitalista y crear ilusiones falsas y demagógicas en el movimiento obrero y en el pueblo. Lo que verdaderamente se requiere es crear conciencia de clase y luchar, por todos los medios posibles, para organizar a todos los explotados en un frente único con el solo fin de derrocar a la burguesía y a su gobierno corrupto, expropiarles todos los medios de producción y ponerlos en manos de los trabajadores y con los proletarios mismos formar de inmediato un gobierno provisional que dirija al país y oriente a las fuerzas productivas en el trabajo colectivo para elevar la producción socialista en beneficio de los mexicanos.
Sólo destruyendo al régimen de producción capitalista y sustituyéndolo por un régimen de producción socialista terminaremos con la explotación asalariada y con los gobiernos corruptos que impone la burguesía; en el proceso electoral presente todos los candidatos que aspiran al poder se plantean el mismo fin: el control de los recursos económicos del pueblo pero no se proponen cambiar al régimen actual.
Atentamente,
José Asunción Luna Ortiz








