Señor director:
Habitar la Ciudad Universitaria (CU) fue mi privilegio durante muchos años. Ahora, jubilado, la visito con cierta frecuencia… nunca se deja de ser puma. Recorro los lugares que me gustan, como el Centro Cultural Universitario y su Paseo de las Esculturas, incluida esa preciosa área-escultura que conocemos como Espacio Escultórico, ahora en boca de mucha gente por el conflicto causado por la construcción del edificio H de Ciencias Políticas.
Respecto a esto, los lectores de Proceso hemos recibido bastante información en los números 2062 y 2063. Ahora, hay quien considera la demolición de la mitad del edificio, argumentando una solución “de fondo”. Pero ésa es una solución cosmética.
La única solución real es demoler todo el edificio. Pero, al margen de opiniones legalistas y estéticas, el edificio está hecho. La UNAM no está para tirar a la basura muchos millones de pesos, menos cuando el edificio tiene un fin académico.
Propongo que se construya una muralla de árboles en torno a la escultura. Los árboles deberían ser de un tamaño mayor a los triángulos que circundan el área de lava volcánica y podrían colocarse a unos 10 metros de los mismos. Esta “solución mitigante” tendría efecto con los años. El cinturón arbolado sería realmente efectivo cuando los árboles crezcan; además, serviría de marco externo al Espacio Escultórico y prevendría de otro u otros posibles conflictos visuales, por construcción de otros edificios a la misma distancia que el edificio H. La UNAM continúa creciendo y no veo por qué descartar esa posibilidad.
Aprovecho también para hacer otro comentario. Recorriendo el Paseo de las Esculturas, de esto hace un poco más de un año, me di cuenta del lastimoso estado en que se encontraba gran parte del área. Varias de las esculturas, como La llave de Kepler, de Felguérez; Colotl, de Sebastián; Coatl, de Helen Escobedo; o Ave dos, de Hersúa, estaban groseramente pintarrajeadas, sucias, inmersas en un paraje invadido por la maleza, basura por todos lados, excremento humano y un olor a orina que causaban repulsión. Yo estaba acompañado por amigos extranjeros a quienes estaba presumiendo mi antigua casa. ¡Yo presumiendo un patético espectáculo! ¡Me sentí avergonzado!
Esto también debería causar conflicto, ser motivo de protestas. Ojalá las autoridades universitarias hayan corregido ese lamentable descuido. Por cierto, al interior del Espacio Escultórico también se le debería dar mantenimiento, pues está siendo invadido por la maleza, lo cual afecta la concepción original de quienes lo diseñaron y el deleite de quienes disfrutamos mirándolo.
Atentamente,
Alfonso Huanosta Tera








