Corre en los medios una reciente tacha universitaria, descubierta y propalada difusamente. Es triste constatar, sin embargo, que el ruido por el escándalo ocurre fuera de la corte, en los corrillos y cafés, en los espacios de la murmuración, nada más. Hasta este momento no se sabe de ninguna acción oficial para revisar el caso, con el fin de poner orden. Hace dos semanas, en este mismo espacio, documentamos con puntualidad el plagio que Simplicio González Vega, profesor del departamento de filosofía, realizó de la tesis de otro colega estimado, Mario Lozano (Proceso Jalisco 599). El autor despojado levantó señalamiento en las redes sociales. Hubo todo un cortejo de amigos y colegas que se solidarizó con él. Pero tampoco se sabe de acción alguna para penalizar a Simplicio. Él sigue “doctorándose” en Tenerife, España.
Apenas transcurrió una semana y las bocinas estentóreas del escándalo suenan de nuevo, con otro caso. Ahora no se trata de un oscuro maestrito de filosofía, uno de los departamentos más maltratados del espacio universitario, sino de un personaje del equipo que detenta el poder formal: Mario Alberto Orozco Abundis, doctor por la universidad politécnica de Cataluña. En el trienio 2013-2016, que acaba de fenecer, se desempeñó como coordinador de Vinculación y Servicio Social al lado de Tonatiuh Bravo Padilla.
El salario que devengaba en dicho puesto, de acuerdo a la página de transparencia de la propia UdeG, era de 30 mil 455. 24 pesos quincenales. Si se le agrega la módica suma cercana a los 20 mil quincenales por el nombramiento de profesor de tiempo completo, de categoría titular C, arroja el monto una cifra que se redondea en los 50 mil pesos quincenales. Multiplicados por dos, el salario mensual de este plagiario ronda los 100 mil pesos. No está mal. París, según afirman haberle oído decir a Napoleón los que andaban junto a él, bien vale una misa. Un puesto vitalicio en la UdeG también ha de valer hasta un bautizo, si nos mantenemos en el ámbito de los valores rituales del catolicismo, o hasta una primera comunión. De acuerdo a su propia declaración, Orozco Abundis se identifica como perteneciente al equipo de trabajo de Tonatiuh y gran amigo suyo. No cabe duda que dios los hace y solos se juntan.
Remito al lector a otros espacios para la consulta de su currículum. Me interesa difundir los detalles de la denuncia que apareció primero en el periódico español El País y que fue retomada de inmediato por los medios de casa. Su tesis, un texto de 370 páginas, se titula: Fomento de la agricultura sostenible mediante el establecimiento de un sistema de garantías de calidad en los procesos productivos y de comunicación a los consumidores. Se la dirigieron Margarita González Benítez y Santos Gracia Villar.
Se ocuparon del asunto el mencionado diario español El País, El Informador, Proyecto Diez y algunos más. Según lo publicado por estos y otros medios, Orozco le plagió 10 párrafos al doctor Jaime Morales Hernández, del ITESO, quien había publicado en 2004 un trabajo llamado “Sociedades rurales y naturaleza”. Orozco le agradeció al plagiado, en la página de sus dedicatorias, “las aportaciones de gran valía para el desarrollo de esta tesis”.
También afirman que transcribió literalmente, como una conclusión personal muy suya, una reflexión publicada en un boletín de prensa de la Secretaría de Economía, aparecida en marzo del 2006. ¡Literal y “muy personal”! De eso se tratan los plagios. No cabe duda que Orozco es un alumno aventajado de estos modos rufianes de operar. Su atraco mayor hasta ahora esclarecido (73 párrafos) proviene de dos tesis de licenciatura, de textos de la revista del Bancomext y de documentos de la Federación de Institutos Agrotécnicos Privados de Argentina.
Localizado por teléfono, el funcionario universitario exhibido niega, sin embargo, haber realizado plagios para la elaboración de su tesis. “Creo que hubo párrafos mal citados por la premura del tiempo”. Fueron errores involuntarios, según su propia perspectiva desdeñosa. Puestos en el tenor de esa lógica, podría afirmar: ¿para qué tanto escándalo? ¿Qué importancia puede guardar ante un texto un porcentaje de un 7% del total, así fuera éste proveniente de un plagio? Igual que el cinismo de los bandidos y de los violadores.
Lo que vale preguntarse, azuzados por el último caso documentado y llevado al efímero candil de los medios de comunicación, es si acaso las autoridades competentes van a aplicar algún freno a estas conductas maldosas salidas de cauce. Se puede suponer que la autonomía universitaria no sería violentada si se revisara con lupa este proceder tramposo de la muchachada que, para titularse, recurre a métodos heterodoxos. Se trata de titularse, pero no de cualquier forma. Hay cánones consagrados y sancionados por las instituciones educativas del país y que valen para todos o que deberían valer.
El problema es que en esta bella universidad estatal jalisciense nunca se han respetado ni esos cánones, ni ningún otro, ‘profesional’ y ‘válido’, que se aplicara. O dicho de forma más precisa, los parámetros de conducta académica que rigen en el país en general también rigen para la UdeG y se aplican de manera corriente. Pero cuando los capos que medran de ella consideran que pueden saltárselos para favorecer a un paniaguado, los saltan con la mano en la cintura y ni quién penalice el ilícito.
Era moneda corriente, desde que este redactor apareció por las aulas udegeístas, de lo cual ya pasó medio siglo, que los muchachos de los comités fegosos le llevaran a los directores la lista de los “alumnos” que debían aprobar sus cursos. Era moneda corriente que terminaran su “carrera” y recibieran el título sin haberse aparecido nunca o sólo esporádicamente por las aulas. Si había que escribir una tesis, otro se las redactaba, o les hacían válido cualquier mamotreto. Los profesores que signaban tales documentos eran cómplices de tales desmanes, voluntariamente o por la fuerza, pero implicados en la estafa.
Señalar en particular a alguno de estos “profesionales” favorecidos y hasta graduados con honores, resulta ocioso. Lo actual, para lo que hay que mover las instancias que sean necesarias y que no se siga propagando este cáncer, apunta a que las malas mañas ya invadieron a las universidades españolas en contacto con el malandrinaje udegeísta y toma carta de ciudadanía académica en otras esferas paralelas. Se descubren apenas dos casos, que se llevan entre las patas a la UNAM y a dos universidades españolas. Pero ¿de cuántas otras instituciones de educación superior, con las que mantiene contactos e intercambios nuestra porosa UdeG no habrá vínculos vergonzantes y tráfico oculto de documentos mendaces, “lavado de títulos” pues, que luego aparecen limpios e impolutos en los escenarios públicos a donde concurre la influencia académica y universitaria? l








