Señor director:
Le solicito publique las siguientes precisiones en su espacio “Palabra de Lector” sobre la información aparecida en la edición de Proceso con fecha del 24 de abril de 2016:
Licenciado Javier Sicilia Zardain, secretario de Extensión Universitaria, Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Leí con atención el documento que publicó y quisiera hacer algunos comentarios:
El gobierno del estado de Morelos rechaza contundentemente las flagrantes mentiras que desliza en ella.
No existen fosas clandestinas en Tetelcingo, sino una fosa común en la que la Fiscalía depositó 118 cadáveres no reclamados. Lo que hay es una inhumación judicial dentro de las instalaciones de un cementerio que opera de manera legal. Lugar conocido como “campo El Maguey”, que existe desde hace 16 años. Los documentos del panteón están a disposición de la ciudadanía en internet.
Nuestro compromiso es atender a todos y cada uno de los familiares de víctimas que acrediten algún interés jurídico dentro del marco legal, observando que sus derechos humanos sean plenamente respetados.
Para identificar la probable comisión de algún hecho que pudiera considerarse delictivo, derivado de alguna irregularidad practicada con motivo de esas inhumaciones, se abrieron carpetas de investigación en contra de los servidores públicos que resulten por sus actuaciones practicadas llevadas a cabo en el ejercicio de sus funciones.
Sabemos que toda vía que implique la vulneración del ordenamiento jurídico es un ataque al estado de derecho, por ello en Morelos este gobierno elegido democráticamente actúa con las herramientas que ofrece el marco jurídico, observancia que permite establecer un diálogo.
Éste es un gobierno democrático, abierto y transparente. Respetuoso a la crítica y tolerante. Las descalificaciones personales que usted hace las enmarcamos en el plano profesional, jamás en el personal.
El insulto y la diatriba son herramientas que jamás utilizaremos. Nos extraña que usted, funcionario universitario de primer nivel, los utilice como recurso permanente para el debate.
Atentamente,
Arturo Martínez Núñez, coordinador de Comunicación Social del gobierno del estado de Morelos.
Respuesta de Javier Sicilia
Ya que la carta aludida te la dirigí a ti, Graco Ramírez, doy por un hecho que por la pluma de Arturo Martínez Núñez hablas tú.
No escribí la carta a la que te refieres como secretario de Extensión Universitaria de la UAEM –desde finales del año pasado soy secretario de Comunicación Universitaria–, sino como Javier Sicilia, colaborador de Proceso, ciudadano y víctima del sistema político que ahora tú representas en Morelos.
No respondes a todas las graves preguntas que te hice. Las dos únicas que respondes son sólo afirmaciones autoritarias sin sustento alguno.
Las fosas (hay otra en Jojutla con cerca de 60 cuerpos) fueron clandestinas mientras la familia de Oliver no las encontró y las reveló. El fiscal Javier Pérez Durón lo confirmó en un comunicado del 5 de noviembre de 2015, que lleva el número 0192: “En relación con la inhumación clandestina recientemente denunciada en Tetelcingo, la Fiscalía manifiesta: Atenderá las irregularidades relacionada con los hechos denunciados en consonancia con la Ley. Dichos eventos corresponden a un pasado que la autoridad rechaza…”.
El cementerio que, según tú, “opera de manera legal”, operaba en ese momento ilegalmente, como lo afirmó el edil de Cuautla, Tadeo Nava, el 21 de febrero de 2015: El cementerio de Tetelcingo “es irregular, que quede claro. Estamos en un proceso de regularización…” (Reforma, 22 de febrero de 2016).
Si realmente “la Fiscalía depositó en esa fosa 118 cadáveres”, ¿por qué la tarjeta informativa, firmada por el director de la Policía Municipal de Cuautla, Constantino Salas, y dirigida al secretario de Seguridad Pública y Tránsito Municipal, Mando Único, comandante Gerardo Mosqueda Ortiz, dice que son 150? (proceso.com.mx, 22 de noviembre de 2015). ¿Dónde quedaron los otros 32?
Si en verdad lo que se llevó a cabo fue “una inhumación judicial”, ¿por qué esos cuerpos están enterrados como basura, a la manera en que lo hacen los criminales, en una fosa de tres por seis metros y cuatro de profundidad, sin ningún protocolo forense y con carpetas incompletas, extraviadas o inexistentes? Revisa con cuidado la comparecencia del fiscal ante la Cámara el 25 de marzo de 2015.
Al final de tu lacónica e inconsistente respuesta dices: “Nuestro compromiso es atender a todos y cada uno de los familiares de víctimas que acrediten algún interés jurídico dentro del marco legal, observando que sus derechos humanos sean plenamente respetados”.
Si realmente es así, ¿por qué te niegas, como ha sido nuestra reiterada solicitud, a exhumar los cuerpos en compañía de la PGR, de la CNDH, de la Comisión Nacional de Seguridad y de los expertos forenses de la UAEM para una verdadera y real identificación? Con ello no sólo siembras las sospechas de que ocultas ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y complicidades de funcionarios del estado con el crimen organizado, sino que contradices el derecho fundamental que las víctimas tenemos a “estar presentes en las exhumaciones. Por sí y/o a través de asesores jurídicos (…)” y a acompañarse “de expertos independientes, a fin de que colaboren con las autoridades competentes en la investigación de los hechos y la realización de peritajes” (artículo 21 de la Ley General de Víctimas y artículo 50, fracción XVIII de la Ley de Víctimas de Morelos, respectivamente).
Nunca confundas un sustantivo con un adjetivo. Cuando dije en mi carta que eres “un cacique”, etc. no te estaba calificando –en consecuencia, no te estaba lanzando una diatriba–, te estaba definiendo. Es como decirle a un árbol que es un árbol.
Si no eres eso, demuéstralo. Es muy simple. Para empezar abre, como ha sido nuestra solicitud, las fosas de Tetelcingo en compañía de las víctimas y de los expertos de las instituciones mencionadas, identifiquemos los cuerpos y devolvámoslos a sus familiares. Después, danos cuenta de las 153 víctimas de lo que va de 2016 y de las más de mil de los tres primeros años de tu administración, y así sucesivamente.
Si lo haces, te pediré entonces una disculpa pública por haberme equivocado en mis definiciones. Nada me daría más alegría que hacerlo.
Atentamente,
Javier Sicilia








