Narco-poemario “Balacera”, de Armando Alanís

MONTERREY, N. L.- Con el libro Balacera, el escritor Armando Alanís recurre a la narco-poesía para reseñar la época violenta que sufrió Nuevo León por el acoso del crimen organizado.

A través del subgénero, que impregna de sangre el verso, el regiomontano descuartiza los poemas y escapa con rumbo desconocido.

“Es un libro que me hubiera gustado no haber escrito”, dice el autor al mostrar Balacera, del sello Tusquets, que por vez primera presenta en México su sello Marginales, con el que difunde la poesía en otras latitudes.

A él le toca inaugurar en el país esta serie, con textos que hacen alusión a cuernos de chivo, fosas clandestinas, ejecuciones, Zetas, levantones y toda la gama de términos relacionados con el narco, que provocaron que, en años recientes, periódicos y televisiones escurrieran sangre en sus espacios informativos.

Explica, en el epílogo de la obra: “Si yo fuera sicario: gracias por asistir a esta redada. Aquí hay balazos para todos”.

El tono del libro es irónico y, por momentos, hasta cínico. Alejado de las formalidades y de la tristeza, Alanís Pulido juega con las palabras para retorcer los significados de los conceptos ya conocidos, repetidos hasta el hastío en los medios de comunicación y les da nuevas formas para encontrar el sarcasmo en eventos cruentos.

Queda claro en “Este (poema) será noticia”:

“Escribí un poema trabajosamente ejecutado… Pero lo desaparecí, porque todos lo relacionaron con el narco”.

O en “La costumbre despiadada”:

“Tengo la costumbre despiadada de escribir a quemarropa, de pensar en voz alta, de dormir poco y soñar mucho, de merodear intestinos… Tengo la costumbre despiadada de pensar que también estamos expuestos al amor.”

Le corresponde, con Balacera, darle forma al surgimiento de la narco-poesía, pues si bien existen versos y compilaciones que tienen, en su centro, la violencia, no se había hecho un libro con estas características.

“He leído muchos poemas que hablan de la violencia y que la contienen. Pero un libro así no conocía. Jorge Humberto Chávez, que ganó el Premio Nacional de Aguascalientes hace algunos años, tenía un asunto de la frontera y Ciudad Juárez. Iván Trejo hizo una antología de problemas colombianos y mexicanos sobre violencia.”

El fundador y coordinador del proyecto Acción Poética, que tiene presencia en 30 países, explica que escribió estos textos entre el 2008 y el 2011, cuando la violencia se instaló con su atmósfera tóxica sobre la ciudad de Monterrey, con exhibiciones horrorosas de mutilados, colgados, balaceados y masacres multitudinarias.

“Este libro surge por mi estadía junto al miedo y a todo lo que nos rodeaba en ese entonces. Fuimos parte de la violencia y la sobrevivimos entre paréntesis, porque no sé si sobrevivimos del todo. Nos cambió, al menos a mí, como ciudadanos, y me hizo replantear mucho. No me pasó nada ni a mí, ni a mi círculo cercano, pero vi imágenes que no quiero volver a repasar jamás, ni sentir, ni pensar.”

En las primeras páginas del poemario, Alanís advierte: “Detone estos textos y aténgase a las consecuencias”.

Luego, presenta su colección de 66 poemas, en capítulos con títulos como “Bala perdida”, “Casquillos percutidos”, “Balaceando poetas”, “Chulas fronteras”, “Unas líneas”, “Somos la evidencia” y “A quemarropa”.

Su primer poema es un juego de palabras. Se titula “Zetas” y hace referencia a un cartel sanguinario, pero también es una alusión al oficio literario, pues a los integrantes de la agrupación criminal se les conoce como Los de la letra.

Dice el texto:

“Los que encabezan las notas de los periódicos deben ser los poetas, no otros. Los que defienden su oficio hasta la muerte, deben ser los poetas, no otros. Los que tienen mala ortografía, son otros (y también algunos poetas). Los de la letra deberían ser los poetas, no otros.”

“Guillotina” es gráfico:

“Antes de seguir órdenes de los de arriba ya había caído muy abajo. Antes de las armas largas ya tenía el alma corta. Antes de la decapitación ya había perdido la cabeza.”

Alanís Pulido encuentra lirismo en las narraciones descargadas que encontró en el tiempo de la crisis de inseguridad en Nuevo León. No todo en poesía es de las flores y el corazón, explica:

“Existe la creencia de que la poesía sólo maneja ciertos temas, más cercanos al asunto del amor, lo cual no es cierto, aunque sea uno de mis temas principales. Esta poesía de la violencia se dio porque yo vivo en Monterrey y el asunto nos rebasó. Lo que haya que encontrar es trabajo del lector.”

Hay una intención reflexiva en Balacera, dice, pues con frecuencia las consecuencias funestas de una acción de los criminales, termina con un comentario trivial sobre la suerte de las víctimas, a las que se les responsabiliza de su tragedia.

“Cuando hay ejecuciones terminamos pensando: qué bueno que los mataron o, si hay duda, que seguramente las víctimas estaban involucradas. Y ahí termina la reflexión sobre la delincuencia. Y me refiero a todos los niveles, incluidos sociólogos, politólogos y periodistas. Todo queda en eso.

“No podemos avanzar de esas conclusiones y a mí me mueve mucho. Mi manera de actuar es con la poesía y se da en el momento histórico, temporal, geográfico, es mi versión de los hechos. Creo que puede haber belleza en la poesía sobre la violencia. Pongo como ejemplo El Guernica, de Picasso, es una obra de arte hermosa y representa la Guerra Civil Española. Es una sublimación.”

Dice el autor de 46 años que el origen de Balacera está en las aulas de la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde fue profesor mucho tiempo. Un mal día se enteró de que las justificaciones por ausencia de los alumnos habían cambiado de formato. Cuando los chicos faltaban, le explicaban el origen de sus “narco-faltas”:

“Daba la clase de Comercio Internacional. Mis alumnos de repente, faltaban, y me preguntaba si yo sería mal maestro. Y cuando regresaban a clases al día siguiente, me explicaban: ‘Maestro, no pude venir porque había un narco-bloqueo’ o ‘No pude llegar porque secuestraron a mi papá’ o ‘Ejecutaron a un primo’.

“Antes, para justificarse, los alumnos mataban a su abuelita o alegaban que el perro se había comido su tarea. Pero ya pasaron a esto más dramático que era real. Los muchachos no estaban mintiendo. Entonces le di un giro a la clase y empezamos a hablar cómo estaba involucrado el crimen en el comercio internacional, y se puso bien interesante.”

Enredados en esa temática, los alumnos le recomendaron visitar el Blog del Narco, donde el poeta encontró imágenes pesadillezcas que, dice, lo acompañarán por siempre. Recuerda:

“Es algo de lo que me arrepentiré toda mi vida, aunque ahí se gestó la hechura de este libro. Recuerdo que la semana en que vi el blog tuve pesadillas los siete días. Soñaba que yo era narco y me ejecutaban, o que le pasaba algo a mis papás. Me despertaba alteradísimo y me iba a la computadora a escribir. Y mientras tecleaba, afuera se escuchaban balazos.”

El libro hace referencia a hechos violentos conocidos en Monterrey como las masacres al Casino Royale o al bar Sabino Gordo. La temática de los 25 libros previos publicados por Alanís es Monterrey, su personaje principal. Un capítulo entero hace referencia a ciudades fronterizas de elevada temperatura de inseguridad, como Ciudad Juárez, Laredo, Matamoros, Reynosa y Tijuana.

Sin embargo, como aclara, el tema de la violencia es innegablemente universal, muy latinoamericano, por lo que Balacera podrá ser fácilmente entendido por toda la región. El prólogo es del poeta Jorge Fernández Granados y el comentario de contraportada del escritor Élmer Mendoza.  l