“ Caperucita loba “ y su poesía digital

La semana pasada, en estas páginas se abordó la creación literaria por internet. Es hora de concentrarse en la poesía, y Adriana González es una ciberpoeta: la conexión con los lectores de su obra nació en el univeso digital “que permite llegar a más gente, a más lugares donde ya se rompen barreras de tiempo y espacio”. Y es que su nombre poético, Caperucita Loba, tiene toda una historia –que ahora cuenta a los lectores de Proceso– y que le permitió alcanzar la publicación de su primer poemario en Porrúa. Sin duda habrá más, pero siempre desde las redes sociales, pues para ella la distancia entre un ser humano y otro es cortísima.

Es poeta y se denomina a sí misma Caperucita Loba, porque “todos somos Caperucita y todos somos el Lobo”, y busca el encuentro y la reconciliación de estos dos personajes arraigados en la infancia de varias generaciones.

Su nombre real: Adriana González, y vive la vida desde la poesía. Primero mostró su composición literaria en un blog de internet (https://caperucitalobapoesia.blogspot.mx/) y luego los poemas que escribió ahí se publicaron en el nuevo libro Bitácoras de vuelo y relatos mágicos, de Grupo Rodrigo Porrúa Ediciones:

“Empezó todo en redes digitales. Compartí mi palabra escrita y me dije: ‘que llegue a quien tenga que llegar, y que lo lea quien conecte con eso’. Luego me invita Porrúa a publicar, y seleccioné unos poemas, que juntos ya ofrecen una historia, porque aunque cada poesía es una historia en sí misma, si leen toda la parte de Bitácoras de vuelo… ofrece una historia de alguien que renace y descubre la verdadera libertad interior y se cuestiona.”

Tú fuiste la excepción a la regla:

Eras más grande en mi mente

más profundo en mi poesía

mejor amante en mi deseo

y más inteligente en mi esperanza.

Eras mucho mejor en mis sueños.

La poeta mexicana nació hace casi cuatro décadas y cuenta en entrevista que desde niña empezó a escribir:

“La poesía ha sido la forma de entrar en contacto conmigo, de conocerme y contarme historias. Siempre la realicé en solitario e íntimo, como muy personal. Después de ciertas experiencias en mi vida: enamorarme, ser mamá –la maternidad fue una experiencia muy profunda, de un despertar–, y la ruptura de un matrimonio, la pluma tomó otra personalidad y agarró otra fuerza. Se convirtió en una poesía que confronta y cuestiona. No sólo agregué experiencias personales, también las de mujeres alrededor de mi vida.”

Se convirtió en Caperucita Lobo, harta de cuentos como “La Cenicienta”, “Blancanieves”, “La bella durmiente”… que Walt Disney ha difundido, y porque es mamá de dos pequeñas y un varón. Reflexionó:

“En esos relatos las mujeres están dormidas. Despiertan hasta que un hombre las mira o las besa o las ve. Entonces, ¡no existes!, ¡no eres la protagonista de la historia!, porque esperas a que lleguen a rescatarte, a despertarte, a descubrirte. De lo contrario no pintas en el ínter, no pintas en la historia. Crecemos con esas expectativas de lo que debe ser el varón para nosotras.

“Y creo que el varón también crece con mucha presión, con ideas muy torcidas de lo que la mujer espera de él, de lo que él debe convertirse para demostrar que es el hombre, el héroe. Luego, contamos con la historia de Caperucita Roja, donde el lobo es el malo, el tramposo, el que engaña, miente y pone trampas, y Caperucita es el ser inocente, bondadoso y ciego a la maldad, se deja llevar, es convencida. Así nos muestran cómo debe ser lo femenino y lo masculino en el mundo de los cuentos y la fantasía. El problema es que eso lo adoptamos en la vida. Existen muchas mujeres enojadas o peleadas con el género masculino porque las expectativas no son cumplidas, porque el hombre miente y es chapucero, y la mujer debe ser sumisa,  silenciosa y débil, debe ser vulnerable, etcétera.”

Por eso se quedó con el seudónimo Caperucita Loba:

“El lobo no está afuera, el lobo más peligroso de todos existe en uno, son nuestros miedos, prejuicios, expectativas, creencias, en fin, y lo que busca esta poesía es confrontar y generar un encuentro e igual una reconciliación de esas dos formas.”

Ejemplifica con los versos de un poema:

Caperucita se quitó la capa, para cobijar al lobo.

Y reflexiona:

“Donde el lobo puede ser vulnerable, tierno, que necesita cobijo y la mujer puede ser fuerte a través del amor, despertar al otro.”

Aquí otro de sus poemas:

“el todo está muy bien”,

la pronta carcajada, más ruido,

armándolo todo para que parezca real,

y caminas solo, con tu máscara,

jugando a ser feliz

convenciendo a todos.

El infierno es el silencio.

En la segunda parte del libro de 82 páginas, incluyó relatos mágicos, textos poéticos en prosa o en verso:

“Es poesía muy libre. Son textos más espirituales, más de conciencia, de la  búsqueda interior, y Bitácoras de vuelo es sobre experiencias más comunes, por las que todos hemos pasado en algún momento: enamorarnos, desenamorarnos, sentir dolor, ser padre o madre, o la pérdida de lo amado.”

–¿Qué experimentó al publicar un libro luego de mostrar su obra en las redes?

–El internet ha sido un gran ejercicio sobre todo al ver el alcance que posee la literatura todavía y la capacidad de conexión que puede generar. En mi caso es la poesía, pero habrá quien utilice la novela o el cuento u otro formato para conectar con los demás. Para mí la poesía es una puerta por donde se puede pasar para conectar con el otro. Te puedes identificar y decir ‘yo también pasé eso’, y así de corta es la distancia entre un ser humano y otro.

“Además, lo digital permite llegar a más gente, a más lugares donde ya se rompen barreras de tiempo y espacio. Todos mis lectores son de habla hispana, porque escribo en español, de Sudamérica, España, entre otros lugares. Me siguen, y desde donde residen comentan y me conectan por e-mail, luego por Messenger. Me cuentan un poco su experiencia al leer lo que escribe Caperucita Loba. En un formato impreso, con una edición limitada, depende uno del distribuidor, la librería y los espacios que te promueven, y lo digital rompe con todo ese paradigma, y definitivamente acelera el hecho de que ciertas editoriales o gente interesada en difundir se acerque y diga: ‘Oye, quiero imprimir tu obra’. ¡Ha sido increíble!, ¡apasionante!”

Adriana continuará con su espacio en internet:

“No puede morir porque fue la semilla y fue el espacio donde empezó a crecer Caperucita Loba. Ahí sigo publicando textos que formarán parte de un segundo libro o de otra publicación.”