A pesar de los estudios internacionales y de la regulación que muchos países aplican sobre algunos plaguicidas que se usan en estados como Guanajuato y Jalisco para combatir al mosquito transmisor de zika, dengue y chikungunya, las secretarías de Salud de Jalisco y Guanajuato siguen usándolos masivamente y en contacto directo con la población. El hecho de que dichos compuestos hayan sido autorizados por la Cofepris sólo empeora el problema.
Estudios científicos internacionales demuestran que los plaguicidas que utilizan las secretarías de Salud en el país para combatir al mosquito Aedes aegypti (transmisor de dengue, zika y chikungunya) pueden generar cáncer, abortos y malformaciones fetales, pero las autoridades minimizan el peligro con base en las recomendaciones del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece).
Desde 2010, durante los festejos masivos del Bicentenario de la Independencia de México, la Secretaría de Salud Jalisco comenzó a combatir el Aedes aegypti con plaguicidas esparcidos en plazas públicas, fuentes y parques de la capital del estado a fin de evitar contagios por dengue. Desde entonces la dependencia optó por continuar con la misma estrategia y extendió las nebulizaciones a zonas que cada año se consideran de mayor riesgo, curiosamente las colonias más populares de la zona metropolitana de Guadalajara.
Tan sólo el año pasado la autoridad sanitaria de Jalisco gastó casi 95 millones de pesos en equipo y en plaguicidas tóxicos que, además de no erradicar el mosquito, dañan la salud de mujeres e infantes (Proceso Jalisco 592).
De acuerdo con el Sistema Único de Información para la Vigilancia Epidemiológica (SUIVE) de la Secretaría de Salud federal, en 2013 se registraron 3 mil 98 casos de dengue en Jalisco y pese a que el siguiente año disminuyeron a mil 446, en 2015 se dispararon a 3 mil 13 casos. Hasta la onceava semana del presente año la entidad reporta 2 mil 346 casos posibles y 138 confirmados, con lo que se ubica en el cuarto lugar a nivel nacional, después de Guerrero, Nayarit y Tabasco.
Lejos de garantizar una disminución en los casos de dengue, las medidas de fumigación sólo envenenan a la población expuesta a los plaguicidas, dice en entrevista Cristina Caldera Muñoz, experta en ecotoxicología.
La también activista Caldera Muñoz señala que si bien Guanajuato es uno de los seis estados que no registran ningún caso de dengue, ocupa los primeros lugares en cáncer infantil.
Caldera Muñoz recuerda que a partir de 2013 la Secretaría de Salud de Guanajuato comenzó a utilizar los organofosforados más tóxicos, como el malathión, clorpirifos y temefos para combatir el dengue. Al siguiente año, sus homólogos en Colima, Veracruz, Yucatán y Jalisco (zonas declaradas endémicas) también comenzaron a aplicarlos con mayor frecuencia.
Durante 2010 fueron aplicados en Guanajuato los insecticidas permetrina (piretroide) y temefos (organofosforado) como parte de la campaña contra el Aedes aegypti. Ambos compuestos están prohibidos en la Unión Europea desde 2000 por ser sustancias tóxicas que afectan el sistema nervioso.
Los piretroides son alteradores hormonales que además afectan los sistemas inmunológico, nervioso y reproductivo. Los daños más graves se presentan en las mujeres embarazadas, embriones y personas con cáncer. En cuanto al Temefos, se sabe que es un granulado que se aplica en bolsas en los recipientes con agua. Pese a que las indicaciones del fabricante son que no se mezcle en agua potable y evitar su contacto con humanos, este compuesto se vacía en tinacos, aljibes y recipientes en Guanajuato.
Caldera Muñoz señala que aun cuando estos plaguicidas fueron prohibidos en la Unión Europea, Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, las secretarías de Salud de Jalisco y de Guanajuato se rehúsan a suspender las nebulizaciones con tóxicos asociados al cáncer, causantes además de alteraciones hormonales y dañinas para el sistema central nervioso.
“En Guanajuato tenemos conocimiento de 106 casos de mujeres afectadas quienes han sido expuestas a estos plaguicidas. En mujeres embarazadas basta una sola exposición para que les generen daños a ellas y a sus embriones. Dependiendo de la etapa de gestación, es el daño que se puede causar. Estamos hablando desde abortos hasta malformaciones; desorden en el neurodesarrollo; cáncer, etcétera.
“No es un hecho aislado que Guanajuato ocupe los primeros lugares en mortalidad infantil. Niños y bebés mueren principalmente por malformaciones, anomalías cromosómicas, crecimiento fetal lento y trastornos relacionados con la gestación”, recuenta la especialista.
De acuerdo con el más reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) realizado en 2010 y titulado Dinámica demográfica 1990-2010 y proyecciones de población 2010-2030 en Guanajuato, la entidad reportó 13.6 defunciones de menores de un año por cada mil nacimientos, esperando que la tasa disminuya a 9.9 hasta 2020.
Regulación internacional
Desde septiembre de 2012 la Red Internacional de Plaguicidas (PAN, por sus siglas en inglés) detectó que los clorpirifos son altamente peligrosos para la salud humana, por lo que junto con la Red Internacional para la Eliminación de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (IPEN, por sus siglas en inglés) y la Confederación Internacional de Sindicatos, así como 24 países de África, Asia, América Latina, Europa del Este y del Medio Oriente se pronunciaron por la prohibición progresiva de plaguicidas altamente peligrosos.
La PAN estima que 41 millones de personas al año son envenenadas por plaguicidas, siendo los campesinos, trabajadores agrícolas, niños y mujeres los grupos más vulnerables al estar expuestos a tales compuestos comúnmente utilizados para la agricultura.
Desde septiembre de 2013 la asamblea legislativa de El Salvador aprobó reformas para proteger la salud de la población, entre las cuales se prohibieron 53 plaguicidas y fertilizantes con metales pesados. Entre esos compuestos se encuentran los clorpirifos, catalogados como cancerígenos.
Dicho decreto de prohibición surgió a consecuencia de una gran presión mediática y social en aquel país por el alto número de muertes por insuficiencia renal crónica, que es la segunda causa de muerte en hombres y afecta principalmente a los trabajadores agrícolas expuestos a estos plaguicidas.
Al respecto, la Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM) señala que 186 pesticidas altamente tóxicos fueron autorizados indebidamente por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para su uso y comercialización. Entre ellos se encuentran los clorpirifos y el malathión (malation), ambos utilizados por las secretarías de Salud de Jalisco y de Morelos.
Desde 2008, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) prohibió el uso de los clorpirifos en el hogar y permite dosis mínimas en la agricultura. El motivo de esa regulación es que la EPA clasifica esas sustancias químicas como un potencial cancerígeno en seres humanos que tengan contacto directo con ellas a través de la piel, la boca y los pulmones.
Otra sustancia considerada cancerígena que pone en riesgo el ciclo reproductivo y el desarrollo neurológico es el malathión, también utilizado por la Secretaria de Salud Jalisco para eliminar el mosquito Aedes aegypti. La sustancia fue declarada en marzo de 2015 como cancerígena por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como resultado de las investigaciones realizadas sobre esta sustancia en Estados Unidos, Canadá y Suecia, publicados desde 2001.
Si bien desde los años noventa las organizaciones civiles han protestado contra el uso del malathión en Estados Unidos, fue hasta 2000 que la EPA reconoció los efectos cancerígenos del compuesto, así como el Departamento de Salud de ese país al asociarlo con muerte fetal, malformaciones y con la disminución en la ganancia de peso en embriones.
La duda: ¿es el zika
o el plaguicida?
El 1 de febrero de 2016 la OMS declaró emergencia de salud pública tras detectar que en 24 países de América se encontraba presente el virus del zika, asociado con el síndrome de Guillain-Barré y la microcefalia.
Tan sólo en Brasil, el organismo internacional observó que más de 4 mil casos de microcefalia registrados a principios de 2015 estaban vinculados al virus del zika y en algunos con Guillain-Barré. Sin embargo, del 22 de octubre al 23 de enero sólo se confirmaron 270 casos de microcefalia que podrían relacionarse con el virus del zika.
Diversos científicos consideran que no existen pruebas suficientes para determinar con certeza que el virus del zika cause directamente el notable incremento de bebés nacidos con microcefalia.
Para la doctora Lilia América Albert Palacios, mexicana y consultora internacional en toxicología ambiental y evaluación de riesgos, la causa de esta malformación es el plaguicida pripoxifeno, utilizado para combatir el mosquito Aedes aegypti.
En su escrito La paranoia del zika, publicado el pasado 22 de febrero en el periódico La Jornada Veracruz, recalca que si bien hasta el momento en Brasil, siendo la nación más afectada hasta ahora, sólo se han registrado 404 casos de microcefalia en recién nacidos, únicamente en 17 se comprobó que el virus del zika estuvo presente, sin que hasta hoy se haya demostrado que sea el causante real de la microcefalia.
La investigadora destaca que las zonas donde se presentó un aumento de las malformaciones congénitas en recién nacidos en aquel país son aquellas en donde 18 meses antes se había aplicado el pripoxifeno en el agua para consumo de la población afectada. Esto, aunado a que entre 2000 y 2012 el uso de plaguicidas en Brasil creció más de 162%, convirtiéndolo en el mayor consumidor mundial de plaguicidas, sin que se haya reducido la incidencia del mosquito transmisor. Por tanto, Albert Palacios cree que los síntomas del zika coinciden más con aquellos de una intoxicación causada por diversos plaguicidas utilizados en las campañas de salud para combatir al mosquito.
Desde 1962 la científica estadunidense Rachel Carson advirtió, en su estudio conocido como Silent Spring (Primavera silenciosa) sobre el daño que causan los plaguicidas a los cromosomas y a la división celular en embriones humanos. Explica que durante la concepción y la exposición a plaguicidas los tóxicos entran a la madre a través de la placenta, luego a la sangre y al cerebro del embrión, provocando malformaciones y desórdenes en el neurodesarrollo, además de ser un factor causante de cáncer y leucemia.
Posteriormente, se comprobó que la exposición a los plaguicidas también se asocia con abortos espontáneos, malformaciones congénitas y enfermedades crónico-degenerativas.
En México, la Dirección General de Epidemiología reportó, desde 2015 al 29 de febrero del presente año, 121 casos de personas contagiadas por el virus del zika, 11 de ellas mujeres embarazadas que viven en Chiapas, Oaxaca y Veracruz. En el país se han registrado 800 casos de microcefalia y 600 del síndrome de Guillain-Barré. l








