La viuda de quien fuera subdirector operativo de la Policía de Tlaquepaque, Javier Alejo Rodríguez, no puede cobrar el seguro de vida ni acreditarse la casa en la que vive con sus tres hijos. El ayuntamiento se negó a pagarle la última quincena o los días correspondientes y no le han entregado su finiquito. Además, se especuló que la víctima tenía nexos con el narcotráfico. Por eso, dice la esposa del oficial, en el estado “no vale la pena” correr el riesgo de ser policía.
A un mes del asesinato del subdirector operativo de la Policía de Tlaquepaque, Javier Alejo Rodríguez, su viuda, la policía de Guadalajara Alicia Velázquez Rivera, se enfrenta a un calvario burocrático para obtener los beneficios y apoyos a los que tiene derecho su familia.
El pasado 24 de febrero, Alejo Rodríguez fue ejecutado junto con dos de sus escoltas: Daniel Ríos Chávez y Jesús Hernández Centeno, cuando realizaba un recorrido de vigilancia por la avenida Revolución, al cruce con República de Guatemala.
Como el funcionario murió intestado, la viuda dice que debe entablar un juicio para demostrar que vivía en concubinato con él para tener acceso al seguro mayor de 500 mil pesos y para acreditarse la casa que acababa de pagar Alejo Rodríguez, donde viven ella y sus tres hijos. En ese procedimiento recibe asesoría de la Procuraduría Social.
Tampoco le han entregado el finiquito que le correspondía como empleado de Seguridad. El ayuntamiento de Tlaquepaque incluso se negó a entregarle el pago de la última quincena o al menos de los últimos días trabajados por su pareja:
“Me faltaba ese dinero para liberar varias cosas que habíamos empeñado por falta de recursos; eran como 12 mil pesos, pero no me quisieron dar nada, dijeron que hasta que se arreglara lo del finiquito.”
Alejo Rodríguez estaba divorciado de su primera esposa. Convivía con Alicia Velázquez desde hace más de ocho años. Aclara que Alejo Rodríguez tuvo una niña con su expareja, a la que también se le deben reconocer sus derechos de hija.
Señala que la alcaldesa de Tlaquepaque, María Elena Limón, prometió apoyar a sus hijos con becas, pero no ha cumplido a pesar de las carencias que enfrenta la familia.
Revela que, pese al enorme riesgo y la responsabilidad que implicaba su cargo, Alejo Rodríguez nunca tuvo seguro de vida ni contaba con Seguro Social porque era trabajador supernumerario, además de que su sueldo mensual no rebasaba los 24 mil pesos.
Velázquez Rivera explica que pudieron terminar de pagar su casa gracias a un préstamo del Instituto de Pensiones del Estado.
Además, está dolida por la actitud del gobernador Aristóteles Sandoval Díaz, quien dos días después del triple homicidio, al hacer un recuento de los últimos asesinatos, habló de una presunta infiltración de la delincuencia en las corporaciones municipales.
El periódico Página 24 publicó en su edición del 26 de febrero que “la ejecución de Javier Alejo Rodríguez, supervisor de la Policía de Tlaquepaque, junto a sus dos escoltas, Daniel Ríos Chávez y Jesús Hernández Centeno, fue porque tenía nexos con el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG)”.
Por eso reclama: “Me dio mucho coraje cuando vi la declaración del gobernador junto a la imagen de mi esposo. Él no se puede defender porque ya está muerto y yo no sé cómo responder ante tal infamia: que estaba inmiscuido con la mafia, con la maña, con un cártel de la droga, como se dijo en uno de los encabezados y en las notas de algunos diarios”.
Velázquez Rivera posteó un mensaje en las redes sociales, que fue ampliamente difundido por agentes de las corporaciones metropolitanas, para reclamar a Sandoval Díaz:
“Señor gobernador, no es difícil investigar a mis compañeros, por quienes pondría mis manos y mi corazón en el fuego, y principalmente por Javier Alejo Rodríguez, mi esposo, mi amigo y mi confidente. Te invito una semana a mi casa, ven, pregúntame a mí, no pagues investigadores que te miran sólo la cara, que te entregan un reporte de mentiras. Pregúntame cómo le hacíamos para pagar la guardería de mi hija Allisson. ¿Sabes que para pagar tuve que empeñar el Xbox de mi hijo y la esclava de mi esposo?”
Prosigue: “Ahora dime cómo le diré a mi hija que ya no está su papá y que la tengo que sacar de su escuela; con los 3 mil pesos que gano en mi nómina no puedo pagar escuela y comida y lo que requieren para sobrevivir cada día mis hijos. ¡Ven por favor! Vivo en Alondra 1439, en la colonia Morelos. El 14 de febrero no pude festejar a mi niña con su cumpleaños número cuatro pues no teníamos ni un pinche peso para ir por un pastel de Soriana. Pregúntale a mi hijo Javier, que me dice que le ponga alas para irse con su papi, que quiere ir con él al cielo y quien pide mi teléfono para llamarle y decirle que no puede vivir sin él… Encuéstanos a los policías, pregúntanos si tuvimos dinero para desayunar, pregúntanos si tenemos sed… Aristóteles, dime cuándo vienes”.
Ante esos cuestionamientos, el gobernador guardó silencio y prefirió que uno de sus funcionarios de segundo nivel, su vocero Gonzalo Sánchez, saliera a los medios de comunicación a tratar de calmar las críticas. Sánchez rechazó que el gobernador haya relacionado a los policías muertos en Tlaquepaque con el narcotráfico. Ofreció una versión estenográfica y el audio de la rueda de prensa ofrecida por el mandatario para desmentir el reclamo de Velázquez Rivera.
Dos días después del crimen, Sandoval Díaz en rueda de prensa prometió todo el apoyo a las autoridades emecistas de San Pedro Tlaquepaque y destacó que la alcaldesa María Elena Limón no estaba sola ante la posibilidad de nuevos ataques, pero dijo que se recobraría el control de las calles. Sin embargo, se olvidó de los deudos de las víctimas.
Posteriormente, las aclaraciones del vocero no le restaron fuerza a los cuestionamientos de Velázquez Rivera, pues ya existían quejas por los malos sueldos, el equipo deficiente y la falta de seguridad social que padecen los policías.
“A mi esposo lo invita a trabajar el comandante Maldonado, en el municipio de Tlaquepaque, en octubre. Él iba con la idea de que nomás iba a trabajar un mes, en lo que se trabajaba para la entrega-recepción, pero se quedó a trabajar”, menciona la viuda.
Y enfatiza que “en el caso del asesinato de mi esposo no sólo se lo llevaron a él; se llevaron de por medio a mis hijos, a toda su familia y me llevaron a mí, ahora yo tengo que salir adelante con mis niños. No he tenido cabeza para mí y para estar yo sola, para sacar lo que traigo en el corazón, tengo que atender trámites y llevar a mis hijos, de repente te das cuenta de que estas sola y así te quedas”.
En su mensaje, también se queja de otras autoridades: “Ninguno investiga, sólo sueltan el comentario: fue fulano de tal y era esto, seguramente lo mataron porque tenía nexos con X o con Z, y me pregunto por qué no vienen y preguntan. Yo estoy dispuesta a abrir las puertas de mi casa para que vengan todos a ver cómo vivimos”.
Sostiene: “No tenemos nada que esconder, los exámenes de control de confianza no sirven para nada, yo los he pasado y aquí estoy. Yo gano un poco más de 7 mil pesos en la corporación de Guadalajara. Pero con las deducciones y los préstamos y lo demás, a mí que quedaban sólo 3 mil pesos por quincena y con eso se cubren colegiaturas, comida, uniformes y todo los gastos de los niños y de la casa”.
Asegura que su pareja había cursado estudios de agente aduanal. En su calidad de 03 en Tlaquepaque le pagaban 12 mil pesos quincenales. “Por el cargo que tenía era una verdadera miseria, y por el riesgo ni se diga”, apunta.
Al respecto, relata: “Cuando fue comandante en Zapopan su sueldo era de más de 22 mil pesos; cuando estuvo como comandante en Guadalajara, también tenía un buen sueldo. Él lo único que quería era estar tranquilo en su casa, con sus hijos, y yo le preguntaba por qué no traía mayor seguridad como comandante, como se ve a los demás en Guadalajara o en el estado, que traen varios guardaespaldas y usan camionetas blindadas, y él me decía que no tenía nada que esconder porque no tenía nada de qué cuidarse, pero al final no sabes con quién te vas a topar, que fue lo que le pasó”.
Niega que su esposo haya recibido amenazas antes del ataque: “Si eso hubiera pasado, la primera que lo hubiera sabido era yo… no lo dejo salir y hasta lo encadeno”.
–Se dijo que el subdirector operativo no había aprobado sus exámenes de control de confianza. ¿Es cierto?
–Bueno, es que a él apenas se los habían aplicado. No le habían dado los resultados, los acababa de realizar en Tlaquepaque. Se lo digo porque yo le ayudé a recoger y entregar papeles, vino a mi casa una persona de trabajo social para la acreditación y se metieron, vieron lo que tenemos de pertenencias y casi se suben a la azotea.
Respecto al exdirector general de la Policía de Tlaquepaque Martín Maldonado y el director operativo Gregorio Martínez, que renunciaron el día del asesinato, Alicia señala que “seguramente los amenazaron, a ellos sí los amenazaron; mi esposo siempre me habló bien del 01, desde que entró a guardabosques, y él fue mi jefe en Guadalajara”.
Menciona que después de la muerte de su pareja, en la Policía de Guadalajara recibió apoyo total por parte de su jefe, el comisario Salvador Caro: “Fui y le pedí ayuda por mis hijos y por mi trabajo, por mis horarios, y me apoyó y me dio todas las soluciones posibles”.
–¿Qué tan peligroso es ser policía en Guadalajara u otros municipios? –se le plantea.
–Muy, muy peligroso. Entras a la policía con muchas ganas, con la convicción que se pueden hacer las cosas bien y quieres contribuir a la sociedad. Pero te das cuenta de que terminas por ser sólo un número, que no vales ni para los ciudadanos ni para las instituciones. Eso da tristeza, lo confieso. Y sí se siente mucho miedo, por la gente que matan o que decapitan, y eso atemoriza. De todas formas soy madre, tengo tres hijos (de 16, seis y cuatro años) y necesito trabajar para sacarlos adelante.
“Yo diría que ser policía en Jalisco es algo que no vale la pena en este momento. Me siento deshecha por lo que me toca vivir y a su vez siento la responsabilidad de trabajar para mi comunidad. Es curioso, está todo junto: la adrenalina, las ganas de trabajar y el miedo. Todos tenemos mucho miedo.”
–¿Qué piensa del tipo de armamento y equipo que portan los policías, frente al que traen los delincuentes?
–No imagino qué haría yo o cualquiera de mis compañeros con un arma nueve milímetros y un solo cargador contra un cuerno de chivo o granadas, uno es totalmente vulnerable. Muchas veces uno se pregunta si el chaleco está funcionando o si sirve, o si el equipo de trabajo en verdad protege. l








