De evocaciones y nostalgias

Pocos son los individuos que tienen la fortuna de haber podido acatar los dictados de su interioridad, viviendo de sus frutos; de ahí que la insatisfacción y las frustraciones sean elementos constitutivos de las sociedades, y que una agresividad multiforme sea, cual cuerpo de hidra, la tónica social que impera.

El veracruzano Ernesto García de León (Jáltipan, 1952) pertenece a este grupo de privilegiados y, huelga subrayarlo, el trabajo es para él su principal deleite. Para saber más de su persona Proceso solicitó una entrevista que fue concedida con suma generosidad. No puede omitirse la mención de haberla solicitado con la esperanza de que un mayor regocijo por el propio quehacer llegara por contagio.

–Llama la atención el aura de autocomplacencia con la que se desenvuelve, ¿hay alguna fórmula que pueda recomendarnos para sobrellevar mejor la vida?

–Hay que amar lo que uno hace, convirtiéndolo en forma de vida y sintiéndose agradecido por poder hacerlo. No hay que participar en ninguna actividad en la que no estemos de acuerdo, ni involucrarnos en cuestiones que nos distraigan. Todo llega a su tiempo y la perseverancia sin obsesión da frutos. Tampoco hemos de competir contra nadie, ya que es lo que quiere este sistema bárbaro e inhumano que nos rige.

–Es usted un guitarrista eminente, su obra como compositor tiene amplio reconocimiento y también se desempeña como catedrático de la Escuela Superior del INBA, ¿cómo se logra el ejercicio de tantas vocaciones simultáneas?

–Todas están relacionadas. En la interpretación involucro la improvisación y nunca pierdo la actitud lúdica de tocar un instrumento; juego con diferentes maneras de interpretar una obra y la improvisación me lleva a la composición. Al componer conservo la actitud de un niño y la creatividad se convierte en un juego donde los límites se diluyen y las posibilidades se tornan infinitas. En mi actividad docente les hago a mis alumnos la invitación a jugar de la misma manera; les insisto en que abandonen el sentimiento de obligatoriedad. Esta actividad la comparto con alumnos que van de los siete hasta los veinticinco años de edad. Es maravilloso tener la posibilidad de intercambiar ideas con estos educandos a mis sesenta y tres años… Estas tres actividades se retroalimentan, haciendo de mi vida una experiencia apasionantemente gozosa.

–En su producción musical descuellan títulos alusivos al entorno tropical de su infancia. Háblenos, por favor, de sus orígenes.

–Mi primer regalo de cumpleaños fue una pequeña marimba. Un día, platicándole a mi madre este acontecimiento, ella creyó que era imposible que recordara eso, pues sucedió en mi primer cumpleaños; le describí el lugar y cómo sucedió y ella reconoció que así había sido. Fue tal el impacto de escuchar las notas de la marimba que ese momento se me grabó para siempre. A partir de ahí para mí la música estuvo en primer plano. Cuando jugaba tarareaba una música de fondo, como si fuera una película, y con la marimba improvisaba melodías; más tarde, como a los seis años, mi padre me enseñó los primeros acordes en la guitarra. Alrededor de los nueve me enteré que existían los compositores, que alguien hacía la música… yo creía que era algo que ahí estaba y uno nada más la invocaba, aún ahora pienso lo mismo, uno nada más es un canal por donde ella se manifiesta. Cuando tenía catorce años mi padre falleció, mas días antes les dijo a mis hermanos que yo tenía que dedicarme a la música, que ellos se encargaran. Viví hasta los dieciséis años en un entorno caluroso, rodeado de una vegetación selvática que me sugería sonoridades. Recuerdo algunas melodías que inventaba en esa etapa de mi vida, y ahora, con la herramienta adquirida, las pongo en el papel, de ahí los títulos alusivos al trópico. Trato de evocar esos momentos y lugares que se amotinan insistentes en la imaginación y en los sueños, para manifestarlos en una realidad sonora.

–Reminiscencias del son jarocho, de la rumba y, en general, de la música tradicional mexicana, saltan al oído cuando uno escucha su música. ¿Han sido parte de un plan deliberado o son, meramente, producto de un guión genético?

–Creo que proceden de un guión genético. Cuando estudié las materias teóricas de la música caí en la cuenta de que en mis primeros intentos de composición aparecían estas reminiscencias. Desde entonces he dejado que así sea, que se manifiesten cuando se les antoje, son derivados de mis “músicas natales”.

“Nací en un entorno eminentemente musical. En mi pueblo se cultiva el son jarocho y la forma de comportarse es la de un rumbero. El danzón sonaba por todas partes en las marimbas danzoneras… y mis padres eran asiduos. Yo soy el menor de cuatro hermanos. El mayor es amante del jazz y el tango, el segundo es de los principales soneros jarochos, y mi hermana es una zapateadora de sones; en fin, estas influencias las llevo como un arsenal insustituible. Al componer todas esas reminiscencias salen a flote.

–¿Hay alguna obra por la que sienta una predilección particular?

–Las obras son como hijos y los quiere uno por igual…pero podría ser la Fantasía Del crepúsculo, ya que fue una obra que escribí de un solo trazo. Ella resume aspectos de mi quehacer, como ambientes sonoros, improvisaciones y pasajes atonales.1 Como el bifronte Jano, esta obra ve hacia el pasado y el porvenir; toma elementos de mi infancia y juventud y traza la ruta que lleva hasta mi actual vida creativa.

–En su curriculum destaca el hecho de que la mayor parte de su obra está editada –por las Lorimer Editions de Nueva York–, grabada, y que se toca con mucha frecuencia, tanto en el extranjero como en nuestro país. Sin embargo, no ha sido usted favorecido con la beca del Fonca, ¿hay alguna razón para tal desfiguro institucional?

–Desde que inició el sistema, he solicitado la beca cinco veces, siempre por sugerencia de colegas que me decían que cubría los requisitos. Los jurados llegaron a decirme: “Eras el número cinco pero dieron sólo cuatro becas, eras el número ocho pero dieron sólo siete”. La última vez entregué los materiales con algunas señas para ver si las abrían, notando que nunca fueron revisados… Ignoro la razón, lo que sí sé es que cada vez necesito menos pertenecer al dichoso sistema ya que mi trabajo se ha integrado al repertorio, aparece en conciertos, grabaciones y concursos nacionales y extranjeros. La ironía es que ahora hasta me piden cartas de recomendación para entrarle al Fonca.

–Me llama la atención el título de su Fantasía Leonina, cuéntenos de ella…

–En 1995 el INBA me encargó una obra y pensé en un concierto para guitarra. Para recibir el anticipo había que mostrar el 50% de la obra y dos semanas después había que entregarla completa. Pero cuando leí el contrato me di cuenta que lo único a mi favor era que yo era el autor, y que todos los derechos eran para el instituto. Era un contrato desventajoso, el problema era que ya debía el dinero y no me quedó de otra más que firmarlo. De regreso a casa decidí que no entregaría el concierto, sino que escribiría otra obra; la titulé Fantasía Leonina…muchos creen que lo de Leonina es por mi apellido…

–Hasta donde sabemos, usted es el único compositor mexicano que lleva un orden en su labor composicional –con 74 números de Opp– y es autor de once sonatas para guitarra, cantidad que supera a la de los consagrados Ponce, Villalobos y Brouwer. ¿Es consciente de lo que implica tal hazaña?

–A veces dudo de que haya superado, por lo menos en cantidad, a esos tres titanes. La Sonata 1 la estrenó Marco Antonio Anguiano, y a partir de ese momento me llovieron encargos. En el tintero tengo otras dos que serán estrenadas próximamente en Boston. Trabajo ahora en ellas.  En 1983 recibí una carta del guitarrista Michael Lorimer, quien me enviaba un programa donde había tocado la Sonata 1 y me preguntaba si podía editarla. Acepté entusiasmado, dado el renombre de su editorial. Después me pidió que le enviara todo lo que tuviera escrito. Me di cuenta que la cosa era seria y deseché lo que consideraba defectuoso. Rompí muchas piezas. Las restantes las envié y él las ordenó por opus. Así nació mi catálogo. En ese primer envío iban también obras para flauta y guitarra, voz y piano, un cuarteto de cuerda y una obra para percusión y guitarra.

–Ante la creciente devastación que constatamos en todos los rubros patrios, ¿cuál cree usted que es la actitud que deben asumir los artistas?

–No debemos perder el entusiasmo hacia lo que hacemos, ni permitir que la amargura nos invada. Hay que tener presente que la inseguridad y la violencia son piezas claves del poder y que son resultado de la estúpida avidez de los políticos. A los artistas no nos queda más que redoblar nuestro esfuerzos y, quizá, evocar con nostalgia la patria que perdemos día con día…  l

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1 Se recomienda la audición de algunos de sus movimientos, así como de otras obras de. García de León.  Disponibles en: proceso.com.mx