El documental Somos lengua, de Kyzza Terrazas, conocido por la cinta El lenguaje de los machetes (2011), ofrece una mirada de los jóvenes artistas del rap en México. El director, con dicha por su nuevo proyecto, narra a Proceso que siempre le ha gustado este género desde niño, pero confiesa que nunca ha sido un erudito en el tema:
“Tenía ganas de escribir una película de ficción con un personaje rapero, por lo cual me di a la tarea de investigar. Fue así como llegué con Feli Dávalos, poeta y cronista que ha dedicado gran parte de su trabajo al rap que se hace en México. Él, hacia 2012, me mostró algunos textos de lo que se estaba haciendo actualmente. En cuanto vi esos ejemplos quedé fascinado, intrigado, y de inmediato pensé que debía realizar un documental. Se lo plantee, nos juntamos, y se prendió. Después conocí a Carlos Sosa, quien enseguida me dijo que quería producirlo y me impulsó a hacerlo.”
El filme, de 80 minutos, forma parte de la sección Ahora México del Ficunam. El realizador cuenta que lo rodó en etapas. Se le pregunta:
–Es un retrato de la situación de México, como lo es El lenguaje de los machetes, ¿fue su objetivo mostrar de nuevo lo mal que está el país?
–Más que un objetivo, creo que es algo inevitable. No puedo desligar los trabajos que emprendo del contexto en el que están hechos. Creo que el retrato de una persona o personaje es el espejo de la sociedad y cultura de la que es parte. Sin duda, hablar de los escombros que tenemos enfrente, hablar de la violencia y todo lo que ha acarreado, es algo que siempre tuve en mente. Pero si estás en contacto con chavos y chavas que han crecido en ese contexto, es inevitable hablar de ello. Además, el hip-hop es una práctica muy ligada a la cotidianidad, a lo inmediato, a la calle, a la vida personal de quienes lo practican.
–¿Qué tan difícil fue abordar el hip-hop y recorrer varios estados para mostrar a estos creadores mexicanos?
–Fue muy fácil porque se trata de jóvenes ávidos de compartir su experiencia y porque ha sido el trabajo más alegre y disfrutable que jamás haya emprendido. En última instancia, en el hip-hop también se trata de pasarla bien. Rimar es un juego interminable, divertido, y eso nos acompañó siempre. También fue fácil porque creo que lo hicimos con el espíritu correcto, siempre mirando de igual a igual, siempre queriendo comprender.
A decir suyo, el documental es un homenaje al poder infinito de la palabra, y destaca que es una cinta esperanzadora:
“A pesar de que retrata, en algunos casos, la violencia, la pobreza y sus consecuencias, también trata de subrayar el hecho de que el hip-hop es una cultura que intenta generar mejores condiciones de vida sin necesariamente querer cambiar todo un contexto o todo un sistema. En el acto de apropiarse de una pared y pintarla, ya hay un gesto que cambia la realidad. Rapear es una forma de conocer el mundo, completamente ajena a la academia y la educación pública.”
Y termina:
“No sé si la película aporte algo a la situación del país, pero al menos intenta decir que en esa juventud, a menudo invisible, hay mucho poder y esperanza. Y no una esperanza ramplona y utópica de que vamos a cambiar el mundo, ¡no! Una que intenta vivir de otra manera al interior de los escombros de la civilización.” l








