La oferta mexicanα del Ficunam

La ficción Epitafio y el falso documental Historias de dos que soñaron son las cintas que participan en la sección Internacional del Festival de Cine de la UNAM, mientras que otras 10 concursan en el apartado Ahora México. Proceso entrevistó a varios directores, entre ellos a Yulene Olaizola y Rubén Imaz, quienes en Epitafio realizan la remembranza de un tema poco abordado en nuestro cine: la Conquista de México.

Doce nuevas películas nacionales, entre ficción y documental, están a concurso en las secciones Internacional y Ahora México de la 6 edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM (Ficunam), y ambas con temáticas y propuestas autorales que sin duda darán de qué hablar.

Los títulos son Epitafio, de Yulene Olaizola y Rubén Imaz e Historias de dos que soñaron, de Andrea Bussmann y Nicolás Pereda (únicos filmes nacionales que participan en la parte Internacional con otros siete largometrajes extranjeros). En Ahora México, están Somos lengua de Kyzza Terrazas (ver recuadro), Minotauro de Nicolás Pereda, Pozoamargo de Enrique Rivero, Placa madre de Bruno Varela, Los herederos de Jorge Hernández Aldana, Las letras de Pablo Chavarría Gutiérrez, Casi paraíso de Pablo Narezo, Ícaros de Pedro González-Rubio, Mientras se busca al diablo de Danniel Danniel y Diego Gutiérrez en colaboración con Kees Hin, y Parque Lenin de Itziar Leemans y Carlos Mignon.

Pocas son las películas de época que se filman en el país y todavía menos aquellas que aborden el tema de la Conquista de México. Pero Yulene Olaizola y Rubén Imaz (Cefalópodo y Familia tortuga)  muestran, muy a su manera, en Epitafio, cinta de ficción, a tres conquistadores españoles del año 1519 quienes caminan hacia la cima del volcán Popocatépetl antes de llegar a México-Tenochtitlán. Al preguntarle a los realizadores cómo surge dicha historia, explican que “el cineasta alemán Werner Herzog ha recomendado en distintas ocasiones dos cosas para ser un buen director de cine: caminar, como manifiesta en su libro Del caminar sobre hielo, y leer la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo”. Y siguieron las instrucciones de ese destacado director –uno de sus cineastas favoritos, quien quiso filmar una cinta con ese tema (Proceso, 962)–, confiesan:

“Es curioso que como mexicanos, nosotros dos nunca habíamos leído ni siquiera un párrafo del libro de Díaz del Castillo, y un día decidimos hacerlo. Es de esos libros con mil y una historias, cada una toca con extrema belleza y profundidad la historia de nuestra mexicanidad. Es por ello que decidimos hacer una película y recrear algo de esos eventos. Escogimos la anécdota del ascenso del conquistador Diego de Ordaz al Popocatépetl porque pensamos que la conquista del volcán, aunque a menor escala, funciona como metáfora de la Conquista de México. La lucha de Ordaz por llegar a la cima del volcán está llena de simbolismo, puesto que el Popo siempre ha tenido una enorme carga mitológica.

“Además, quisimos resaltar la importancia estratégica de dicha expedición, pues se encontró el Paso de Cortés, y así los conquistadores evitaron pasar por el camino imperial azteca para llegar a la Ciudad de México. Además se encontró azufre cerca del cráter, con el que los europeos pudieron reabastecerse de pólvora después de la famosa Noche Triste.”

–¿Qué tan difícil fue crear los diálogos de los personajes Diego, Gonzalo y Pedro?

–No sabemos cómo hablaban aquellos hombres, pero si tenemos claro cómo escribían. Para crear el guión nos inspiramos en el estilo epistolar de los textos escritos por los conquistadores, como los relatos de Díaz del Castillo, las Cartas de relación de Hernán Cortés y las cartas personales del mismo Diego de Ordaz, quien lideró, por deseo propio, la expedición al Popocatépetl. Mientras redactábamos siempre teníamos a la mano esos textos que nos ayudaban a conjugar y usar adjetivos de la forma en que ellos lo hacían. De hecho, algunas líneas son copia fiel de frases de dichos textos e incluso algunos diálogos de Diego de Ordaz son palabras que él mismo escribió.

“Fue imprescindible el trabajo que realizamos con los actores españoles Xabier Coronado, escritor e historiador nacido en Asturias, pero radicado en México desde hace 20 años, quien interpretó a Diego de Ordaz. Martín Román, quien hace el papel de Gonzalo, guionista y actor oriundo de Valencia, y Carlos Triviño, un aventurero cañonista nacido en Mallorca, que actúa como Pedro. Fueron ellos tres quienes la tuvieron más difícil, pues además de andar vestidos de conquistadores por las laderas del volcán, memorizaron nuestros rebuscados diálogos y luego los hicieron suyos.”

Con respecto a que en una secuencia de la película aparece un grupo de indígenas de Huejotzingo que hablan en náhuatl, cuenta:

“En ese caso recurrimos al grupo wewetlahtulle de Santa Ana Tlacotenco en Milpa Alta, quienes se dedican a defender la antigua palabra. Don Roque Galicia Cervantes, el representante más longevo del grupo, tiene un largo diálogo durante la escena. Él habla un náhuatl materno que aprendió antes que el español. Llegamos a ellos gracias al antropólogo Sergio Sevilla Peña, quien también pertenece al grupo.”

La idea de que esos tres personajes hayan subido solos al volcán, les despertó varias posibilidades dramáticas:

“Sabemos que el ejército de Cortés llevaba para entonces varios meses en campaña, habían pasado ya guerras en Tabasco y Tlaxcala, y siempre ordenaba que en todo momento sus soldados se mantuvieran prevenidos y armados. Así que pensamos que durante esta expedición al volcán, estos tres conquistadores pudieron tener al fin un momento de tranquilidad, sin estar rodeados de indígenas, ni ejércitos y sin estar a la espera de la guerra. Seguramente tuvieron tiempo para pensar un poco y de conversar, tal vez de enfrentar sus dudas y miedos. A esto hay que sumarle los síntomas fisiológicos y alucinatorios del conocido mal de montaña, que aquellos hombres del siglo XVI seguramente no comprendieron. Hicimos una cinta con la intención de meternos en las cabezas de esos tres hombres, de una forma muy próxima e íntima. Como mexicanos, la idea de ponernos en las botas de los españoles no es muy común y eso nos pareció interesante.

“Hablando de lo cinematográfico, la película presenta lugares y paisajes poco conocidos por el cine mexicano, y al mismo tiempo es un largometraje de la Conquista que no sucede ni en la selva, ni en el desierto, sino en la montaña y en la nieve, en los volcanes del altiplano mexicano que son sitios fascinantes.”

Para los directores, las condiciones del rodaje fueron muy duras:

“Estuvimos cuatro semanas acampando en distintas alturas del Pico de Orizaba, la última semana la pasamos arriba de los cinco mil metros. Filmamos en febrero del 2015 y hacía mucho frío, y todos los días debíamos caminar una hora al menos para llegar al lugar donde pensábamos filmar. A veces un sitio que semanas antes habíamos elegido para rodar, repentinamente se transformaba debido al clima, y ya no nos funcionaba, lo que nos hacía buscar otro y caminar aún más.

“Los porteadores fueron nuestra salvación, ellos cargaron el equipo pesado, el tripié, la cámara, las tiendas de campaña y los víveres, diario nos subían un garrafón de agua desde el refugio a cientos de metros abajo de nosotros. Pero eso sí, cada uno debía cargar con su equipo personal de montaña, pues en el alpinismo cada quién debe llevar los elementos necesarios para su propia subsistencia.”

Platican que también fueron los productores de la película, junto a Pablo Zimbrón:

“El esquema de producción fue complicado y hubo que ser doblemente perseverantes, pero al final mucha gente confió en nosotros, recibimos apoyo del Eficine mediante las empresas Reaseguradora Patria, Grupo Indi y Cimsa; y también nos apoyaron las compañías Marmot, Coleman, Gatorade, Golba y Atman con equipo y producto necesario para la expedición. Epitafio es para nosotros un paso muy importante en nuestra labor como directores y productores, pero sobre todo representa un manifiesto del cine que queremos hacer y de cómo queremos hacerlo.”

La sexta edición del Ficunam se efectúa en la Ciudad de México desde el 24 de febrero y finaliza el 1 de marzo. La página es www.ficunam.org

“Los herederos”

Los adolescentes en la ficción Los herederos consumen alcohol, tienen chicas y mucha fiesta y buscan cualquier aventura que les brinde adrenalina.

Su director, Jorge Hernández Aldana, detalla que el filme toca el tema “de la doble moral y la impunidad en la que vivimos”. Y sigue:

“También aborda el ejercicio de la violencia como forma de establecer relaciones sociales y de poder. Pero no es una película de denuncia. Para mí lo atractivo de la historia es que observa cómo un adolescente se encuentra a solas tratando de entender un mundo lleno de contradicciones, sin que realmente nadie lo pueda ayudar. ¿Qué tipo de contradicciones? El doble discurso. En la escuela, en casa en familia, en la sociedad, nos dicen que está mal mentir, abusar, robar, participar en la corrupción, matar, pero al mismo tiempo esas escuela, esas familias, esta sociedad, nos muestran con sus acciones que si no participas en la corrupción eres un tonto porque el resto sí lo hace, y la única ley es la de la fuerza y la de la violencia.

“Ahora, hay que ponerse en la posición de un niño o adolescente que está tratando de entender las reglas de la sociedad. Los amigos más populares son los que se permiten los excesos mayores o los más violentos, y nunca tienen que preocuparse por las consecuencias de sus acciones. ¿Cuál es el aprendizaje del niño? No sirve decir la verdad, has lo que tengas que hacer para avanzar sin importar cómo afecte a los demás, y no te preocupes porque si estás bien colocado, si tienes apoyo, no habrá consecuencias.”

–La recreación de esos personajes, ¿es un reflejo de los jóvenes reales en México y el mundo?

–Sí, sin duda. Veo que las mismas historias suceden en Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela. Además, esta película es tan sólo una versión ligera de esa realidad. Me preocupa el mundo que le estamos dejando a las generaciones que vienen. Por eso el largometraje se llama así: Los herederos,  porque se trata de qué les estamos heredando a las generaciones que vienen de una cultura de no responsabilidad sin consecuencias. ¿Cómo van a ser esos chavos de ahora como adultos? Me importa establecer un diálogo sobre esa pregunta.

“Lo he comentado antes, y lo repito ahora: Pienso que vivimos en una sociedad de corrupción rampante y violencia incontrolable a todos niveles. Creo que hay una inocencia fingida y un cínico sentido del humor en la manera en la que esta sociedad enfrenta este hecho. Pienso que la doble moral tiene mucho que ver con esto. Definitivamente la impunidad hace que todo esto sea posible.”

Externa su actual preocupación:

“Lo más aterrador de estos relatos que vienen sucediendo desde hace ya tiempo, es que las edades de los involucrados van bajando. Cuando  era adolescente, esas  historias eran de gente de diecisiete a veinte años de edad, en el proceso de desarrollo de la película descubrí que ahora suceden con niñas y niños de hasta once años.”

Actúan Sebastián Aguirre, Máximo Hollander, Rodrigo Mendoza y Úrsula Pruneda, entre otros.

“Pozoamargo”

Desde hace una década  Enrique Rivero deseaba explorar el tópico de la culpa para el cine:

“La culpa probablemente tenga que ver con tus cuestiones sociales y religiosas, y como el proyecto surgió desde hace mucho, a la hora de materializarlo, tenía que hablar de cosas que fueran más actuales, y agregué los lados oscuros que podemos llegar a tener.”

El resultado es Pozoamargo, donde Jesús (Jesús Gallego) se entera de que tiene una enfermedad venérea y sabe que ha contagiado a su mujer embarazada. Incapaz de afrontar su realidad, huye refugiándose en el campo, pero su culpa y autocastigo lo acompañan como una sombra.

A Rivero, esta película –también de ficción– le ha transmitido mucho aprendizaje:

“Hablar de un cobarde es muy arriesgado porque no hay tanta empatía con el personaje. Entonces como cineasta ha sido muy interesante realizar este filme. Además, también tuve que explorar mis propias sombras y mis propias culpas para poder entender qué es lo que quería decir y de qué manera.”

Platica que la fotografía de Pozoamargo estuvo a cargo de una mujer, Gris Jordana,  y con ella tuvo “conversaciones muy interesantes acerca de cómo tratar todos los temas. Y al diseñador sonoro, Alejandro de Icaza, lo quiero mucho, se me hace una persona excepcional que siempre aporta”.

Por lo cual se encuentra satisfecho con el resultado.

“Placa madre”

Un documental sobre la zona geológica Ciudad de Piedra, ubicada en Bolivia, que data de hace 10 mil años. tiene el título Placa madre, de Bruno Varela, quien relata a esta revista:

“No me considero un cineasta, pero tengo casi veinticuatro años trabajando con medios audiovisuales, y me ha tocado compartir un montón de cosas particularmente del mundo rural. Como creador he tenido un roce permanente con el mundo indígena y los distintos procesos de lo que en algún momento se llamó el video indígena o los movimientos de transferencia de medios, lo cual me ha permitido tener una enorme oportunidad con distintos universos tanto en Chiapas, Oaxaca, Yucatán, y viví cuatro años en Bolivia.”

Rememora que en 2006 efectuó un viaje breve, por invitación de un amigo ya fallecido, a la Ciudad de Piedra, donde se grabó parte de la película:

“Me invitó como asesor técnico con una de las unidades. Me filtré a ese equipo que logra llegar a este lugar de acceso complicadísimo, y en los tiempos muertos, en este universo indígena, fui como agregando pedazos sueltos que no tenían ningún sentido, pero sabía que tenían un valor, así que paralelo a muchos otros proyectos comencé a elaborar posibles articulaciones de este material.”

En el filme se ve a Félix Roque como guía en la Ciudad de Piedra. Él trata de explicar cómo es el lugar y su importancia, además expone también los secretos que escode la zona.

Varela respeta mucho al Ficunam porque sus programas “son arriesgadísimos, y es un honor participar allí, porque justamente me muevo en otro tipo de públicos, y este es muy grande y me intimida, pero de eso se trata, es una distinción enorme que me consideren”.