En 2014 recibió certificación de la Asociación Americana de Correccionales como uno de penales más seguros del país. Por ese estatus, el Cereso número 3 de Ciudad Juárez fue incluido por el Papa como último punto de su visita a México. Pero la realidad es otra. Esa cárcel, que tiene 3 mil internos, es de las más peligrosas del país. La controla un joven de 25 años, Jesús Eduardo Soto Rodríguez, El Lalo. Pero eso no lo supo Francisco. Hoy, gracias a una denuncia de Mariana Ibarra, pareja del reo, se conocen las componendas entre éste y las autoridades del reclusorio.
El Centro de Readaptación Social (Cereso) número 3 de Ciudad Juárez, que visitó el Papa el miércoles 17 antes de abandonar territorio mexicano, es uno de los más peligrosos del mundo. Pero ese dato no se lo revelaron al pontífice ni las autoridades federales ni las estatales, ni los representantes eclesiásticos que incluyeron el lugar en el itinerario oficial.
Tampoco le hablaron del autogobierno que ejercen los internos liderados por Jesús Eduardo Soto Rodríguez, El Lalo, un joven de 25 años, jefe de Los Mexicles, brazo armado del Cártel de Sinaloa. No le contaron que el penal tiene un restaurante y una tienda y que en su interior el consumo de cocaína, heroína y mariguana es generalizado, lo mismo que la ingesta de cerveza.
Ahí se venden armas de fuego con sus respectivas cargas de balas. Los agentes de la Fiscalía General del Estado son los encargados de introducir la “mercancía”, por lo cual El Lalo los gratifica con 130 mil pesos cada semana. Eso tampoco se lo dijeron al Papa.
Sin embargo, hoy todo eso se sabe gracias a Mariana Ibarra –pareja sentimental de Lalo, con quien procreó un hijo que ahora tiene siete meses–, quien hizo público ese modus operandi. Contó que él la amenazó con matar a su madre y a sus hermanas si no acudía a las visitas conyugales, donde con frecuencia la golpeaba.
El sábado 6, días antes de la visita papal, Lalo la retuvo más de 24 horas. Cuando la dejó salir, el lunes 8 por la mañana, después de golpearla, Mariana acudió a la Fiscalía General del Estado a presentar su denuncia. Luego huyó a Estados Unidos en busca de asilo político.
Con su denuncia, Mariana puso en entredicho a la Asociación Americana de Correccionales (ACA), que en octubre de 2014 otorgó la certificación a los ocho penales de Chihuahua –incluido el que visitó el Papa–, así como al de Topo Chico, donde el miércoles 10 hubo una trifulca en la que murieron 49 internos, y al del Altiplano, del cual se fugó Joaquín El Chapo Guzmán el 11 de julio de 2015.
El anterior responsable de los centros penitenciarios en Chihuahua, Eduardo Guerrero Durán, fue quien pidió la certificación a la ACA. Por esos días el funcionario se convirtió en el primer presidente de la asociación en México. Asimismo, después de la fuga del Chapo, Guerrero tomó posesión como Comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS), de la Comisión Nacional de Seguridad.
En el Cereso número 3 las pugnas intestinas son frecuentes desde hace varios años. En 2008, el entonces alcalde José Reyes Ferriz decidió construir muros para separar a los presos según el cártel al que pertenecen. Esa distribución lo hace único en el país.
El gobernador Cesar Duarte dijo en esa ocasión: “En este Cereso se organizaban palenques, peleas de gallos, presentación de artistas e incluso carreras de caballos, lo que reflejaba el poder y control de la delincuencia dentro de las cárceles. Desde allí ordenaban secuestros, extorsiones y otros delitos”.
En el mismo evento, el director ejecutivo de la ACA, James A. Gondles, calificó a Duarte como “el mejor gobernante del mundo”.
Años después, desde el OADPRS, Guerrero Durán propuso incluir al Cereso 3 en el itinerario del Papa Francisco y vendió la idea de que era el penal más seguro del mundo.
Según Robert Jones, líder del equipo de auditores de la ACA, este centro tiene capacidad para 3 mil 2 internos y recibió un financiamiento de 34 millones de pesos de la Iniciativa Mérida para la certificación. Los internos fueron los encargados de las obras de rehabilitación.
La certificación daba fe de que el Cereso 3 cumplía con 91 estándares internacionales relacionados con higiene, alimentación, derechos humanos, aspectos jurídicos, capacitación a reclusos, así como trabajo e infraestructura y seguridad interna.
El noviazgo
Los eufemismos de las autoridades se derrumbaron cuando Mariana Ibarra denunció a Lalo y puso al desnudo la complicidad de las autoridades del Cereso número 3.
Cuenta Mariana: “Conocí a Eduardo hace como siete años, antes de que entrara a prisión; era vecino de mi cuñado. Yo tenía 17 años. Como él tenía pareja, sólo hablamos un par de veces por celular. Al año supe que fue detenido junto con Alfredo Piñón de la Cruz, Neto, pues integraban una banda de secuestradores. Supe que estaba en el penal de Puente Grande, en Jalisco.
“En junio de 2012 lo regresaron al Cereso 3. Él me contactó por Facebook. Me dijo que no tenía familia en Juárez y que en Jalisco nadie lo fue a ver. Me pidió que lo visitara. En diciembre de ese año accedí. Iba cada 15 días a la visita familiar de los domingos.
“No le tenía miedo. Regresó de Puente Grande sin dinero, sin poder. Me dijo que ya había cambiado. Todo iba bien.”
En agosto de 2014, un preso llamado Sergio Armando Arguijo, El Checo, líder de Los Mexicles, quedó en libertad y le heredó a Lalo el control en el penal. Conforme consolidó su poder, empezó a maltratarla, comenta la entrevistada.
Prosigue Mariana: “Me dijo que no quería que trabajara y me obligó a salir de Star Médica, donde era asistente de un ortopedista; decía que yo tenía relaciones con el doctor. No quería que saliera de mi casa, ni que me juntara con mis amigas, ni que fuera a antros.
“Me decía: ‘Te voy a hacer sufrir: primero te voy a dejar sola. Mato a tu familia y después te mato a ti’. Siempre que iba a verlo me golpeaba. Me trataba mal, me insultaba. Quería dejarlo.
“Cuando se convirtió en jefe de Los Mexicles, la visita familiar del domingo pasó a ser conyugal. Y aunque uno de los requisitos era estar casado, él pagaba 400 pesos para que pudiéramos estar juntos. Entraba el sábado a las siete de la noche y salía el domingo a las siete de la mañana. En ese tiempo Lalo le pagaba la cuota a un comandante de apellido Cástulo, luego llegó el comandante Cárdenas.
“Trataba de terminar la relación pero no me dejaba. Me marcaba a mi celular; si no contestaba, le hablaba a mi mamá y la insultaba. Mandaba a tipos para que se aseguraran de que yo estaba en la casa. Me daba cuenta de que me vigilaba porque él me lo decía: fuiste a tal parte, con tal persona. A finales de noviembre de 2014 me di cuenta de que estaba embarazada”, relata Mariana.
–¿Él le platicaba con quien trabajaba, sobre lo que hacía en el Cereso? –le pregunta la reportera.
–Me decía que el comandante Cástulo le daba permiso de meter droga y alcohol para venderla. Luego se fue y llegó el comandante Cárdenas. Las cosas siguieron igual.
“Los domingos Lalo pagaba más de 100 mil pesos por la visita conyugal, el alcohol y la droga. En una ocasión entró a la celda y se sentó. Iba con dos de sus custodios que vestían uniformes de la Fiscalía General.”
Según Mariana, en el área de Los Mexicles hay un restaurante y una tienda que también controla Lalo. Y aunque debería depender del penal, Lalo se “arregló” con Cárdenas para que le dejara el control. Puso como encargado de la tienda al Tower.
Los Artistas Asesinos, otro brazo armado del Cártel de Sinaloa en Juárez, tienen su propia área. Y como no tienen poder, a veces van con Los Mexicles a jugar futbol. Sus rivales son Los Aztecas, que pertenecen al Cártel de Juárez.
La denuncia
Mariana entraba al Cereso número 3 en su propio coche. Lalo la esperaba en el portón, bajaba del auto y un custodio lo llevaba al estacionamiento destinado a ellos. Al siguiente día salía sin problemas.
Señala que desde que El Checo le heredó el control, Lalo empezó a enviarle dinero a su mamá para que fuera a verlo cada tres meses: “La conocí cuando vino a Juárez por primera vez –dice Mariana–. En enero pasado fue a mi casa para conocer a su nieto, que nació en julio pasado. Me pidió que se lo llevara a Lalo.
“Llevé al bebé para que lo conociera, pero en lugar de alegrarse me golpeó porque se enteró de que al terminar mi cuarentena empecé a trabajar en un restaurante.”
Mariana dejó de visitarlo. A finales de septiembre, días antes su cumpleaños, Lalo le habló por teléfono. Le pidió que regresara. Como ella se negó, él amenazó con quemar el restaurante en que trabaja. Incluso mandó a uno de sus hombres de confianza –Omar Corral o Diego Corral– para que la vigilara. Luego lo apresaron.
Mariana identifica a otro de los seguidores de Lalo: “Una vez envió a una persona a mi casa a comprobar que estuviera allí. Luego me mandó dinero con él para que se lo depositara a su mamá”.
Después vio su foto en Facebook en la que aparece como Junior Alvarado, y Lalo, como Eduardo Zambada.
Mariana muestra fotos en las que aparece con Lalo y su hijo: “La mayoría fueron tomadas este año dentro del penal. En ellas se observa la celda de Lalo en el módulo 4; es la última del segundo piso. Tiene colchón matrimonial, minisplits, refrigerador, Play Station, Home Theater, televisión con pantalla de plasma. Lalo tiene también un iPhone 6S”.
El sábado 6 Mariana acudió a visitar a Lalo. Fue la última vez. Cuenta: “Entré a las ocho de la noche, todo estuvo bien. El domingo mi mamá le marcó para preguntarle a qué hora me iba a dejar salir, porque me esperaba en la mañana. Él le contestó que como a las dos de la tarde, cuando se retirara la visita familiar.
“A las tres de la tarde Lalo salió de la celda y me dejó esperando. Como no regresaba, a las siete y media le mandé un mensaje a su celular. Llegó como a las ocho y media de la noche y me dijo: ‘Mensa, a esta hora ya nadie entra ni sale. Mañana te dejo salir a las ocho de la mañana.”
El lunes 8 a las cinco de la mañana Mariana se bañó antes de que quitaran el agua caliente: “Lalo se puso como loco. Me dijo que me iba a ir hasta que él quisiera y me dio un golpe en la quijada. Como traigo brackets, empecé a sangrar. Tomé mi celular. Le marqué a mi mamá y le dije que Lalo me había golpeado. ‘Habla al 44 para que me saquen’ –le grité–. Lalo me dijo que no me ayudarían porque el 44 está en su nómina”.
Hora y media después, la madre de Mariana y una de sus hermanas llegaron al penal. Después de amenazarla, Lalo la dejó salir. Mariana fue directamente a la Fiscalía de Género a presentar la denuncia. Ahí la revictimizaron:
“Me atendió una licenciada llamada Nancy. Intenté narrarle los detalles, pero me dijo que a ella sólo le importaba la parte de la violencia. Cuando le pedí copia de mi denuncia, me la negó.
“Luego fui a la Fiscalía Zona Norte y declaré todo lo que Lalo decía, quiénes me seguían, quiénes trabajaban para él, sus amenazas. Los ministeriales me enseñaron una foto en la que aparecen él y Omar dentro del Cereso 3. Me comentaron que aunque tenían información no era tanta como la mía. No obstante me aclararon que era difícil hacer algo porque el gobernador César Duarte acababa de declarar que el penal era el más seguro.”
Cuando Mariana les mencionó a los comandantes Cástulo y Cárdenas, le dijeron que ya los conocían. Un ministerial le quitó su celular para extraer la información. Le dijo que grabaría un video de su declaración:
“Me preguntó si sabía quién es El Compa George. Le dije que sí, que es un reo que tiene un departamento en el área número uno y que cuando hay revisiones se traslada a una celda.
“También tiene una casa de dos recámaras, con comedor, sala, cocina y baño. En ella organiza fiestas a las que Lalo va. Me preguntó si sabía que a él le permiten salir a la calle. Le dije que sí, que Lalo me mostraba videos de cuando El George va en carretera hacia un rancho que tiene en Sinaloa.”
El interrogatorio continuó:
–¿Sabes quién es Checo?
–Sí.
–¿Sabes que mató a tal persona, que mueve la droga en una tienda de su mamá y que su esposa es fulana…?
–Ustedes me dan miedo.
Mariana le dijo al agente ministerial que a Lalo le vendían armas y balas. Y él le respondió que a quienes se las vendían no los tienen comprados.
–¿Entonces por qué no los detienen?.
–No tenemos pruebas.
Y continuaron las preguntas.
–¿El director del Cereso 3 y los guardias no se dan cuenta?
–Ellos están de acuerdo. A veces van con Lalo y le piden dinero para unas sodas. Él se los da.
La huida
Mariana llegó a la fiscalía el lunes 8 a las 11 de la mañana y salió 10 horas después. Su mamá y su hermana estaban esperándola con su hijo. De ahí se fueron al puente internacional Las Américas. Apenas ingresaron a territorio estadunidense, pidieron asilo político.
El agente que las atendió le dijo. “Te vi en las noticias. Eres la que los descubriste (a Lalo y sus seguidores). Ven, pásale”.
“Mi hermana y mi mamá están retenidas hasta que las citen a audiencias. A mí me dejaron libre por mi bebé, pero me pusieron una pulsera en el pie para rastrearme”, explica Mariana, quien contactó al abogado Carlos Spector, especialista en materia de asilo.
Proceso lo localizó y conversó con él acerca del caso de Mariana y su familia: “Mariana tiene su cita el 9 de marzo para la entrevista de ‘miedo creíble’. Cuando pase el examen hará la solicitud de asilo. Su hermana y su mamá siguen detenidas y no han sido notificadas sobre la fecha de sus entrevista. Sin duda, les van a otorgar el asilo”.
Spector entrega a la reportera la declaración de Mariana que acompaña la solicitud de asilo político. Y comenta: “Mariana es increíblemente fuerte. En más de 20 años de ejercer no he visto un caso así. Tiene todo lo que requiere un caso de asilo político: pertenecer a un grupo social o tener opinión política. Ella reúne los dos: es una mujer mexicana golpeada por su pareja en la cárcel con la complicidad del Estado. La complicidad del Estado le da el carácter político”.
–¿Se supone que el penal es uno de los certificados por la ACA?
–La ironía es que certificaron el penal el 12 de octubre de 2014, que fue durante la época que elevaron a Lalo al rango de jefe de Los Mexicles, del Cártel de Sinaloa. Es decir, todo este tiempo tiene su wifi y tiene acceso al público y se comunica con ella.
“Los reos bajo el mando de Lalo ayudaron a la certificación con trabajos. Más que cubrir cuestiones de seguridad, la certificación se basó en arreglo estructural, como remozamiento y pintura.”
Durante esa época los reos escondían sus armas en los patios, las enterraban. Ella vio eso. También supo que en el segundo nivel hay un cubo de escalera que en la parte superior tiene un hueco. Allí escondieron las drogas, armas, videos, teléfonos. Al final recubrieron con el material que les dio el penal para la certificación. Cuando quieren, lo sacan todo.
Se supone que cada año debe renovarse la certificación. Es un juego. La ACA es la misma asociación que certificó el Cereso en Topo Chico, también el del Altiplano, de donde se escapó El Chapo. Fue una certificación al vapor; la misma Mariana la calificó como una farsa, porque ella visitaba el Cereso durante ese tiempo. l








