Con una animada preinauguración en la que compradores y vendedores extranjeros compartieron el evento con la socialité artística mexicana, se iniciaron, durante la mañana del miércoles 3, las actividades de la treceava edición de la feria Zona Maco México Arte Contemporáneo.
Ubicada en el Centro Banamex de la Ciudad de México hasta el domingo 7, y dividida en cinco secciones correspondientes a Galerías, Nuevas propuestas, Arte moderno, Zona Maco Sur –dedicada al arte latinoamericano– y Zona Maco Diseño, la feria fundada y dirigida por la regiomontana Zélika García tiene la siguiente apuesta este año:
Por lenguajes conservadores y autorías posicionadas que recuerdan la precaución y nerviosismo que existe en el mercado internacional del arte contemporáneo.
Cauteloso por la baja que reportaron las casas subastadoras Christie’s y Sotheby’s en sus ventas 2015, el comercio artístico se percibe, en la edición 2016 de Zona Maco, sin riesgo estético y dirigido a consumidores que gustan de prácticas pictóricas y escultóricas de fácil lectura y autorías reconocibles.
Vendedora de artistas tan provocadores como Bacon, Glenn Brown, Baselitz, Basquiat, Kiefer, Murakami, Peyton, Oehlen y Gerhard Richter, la famosa galería estadunidense Gagosian se presenta por primera vez en México con un modesto dibujo del escultor inglés Thomas Houseago (1972), una escultura menor de Robert Therrien (Chicago, 1947), y algunas piezas nada sobresalientes del estadunidense Ed Ruscha (1937).
Ausente de la Feria desde 2014, la británica Lisson regresa con obras de Julien Opie, Marina Abramovic, Jason Martin, Ai Weiwei y Anish Kapoor. Este último, realmente lamentable y convertido en una ordinaria mercancía que, en el mismo formato de disco y en distintos tamaños y tonos –azul, dorado, amarillo–, se vende en diferentes galerías en un precio que oscila entre 450 mil y 900 mil libras esterlinas (aproximadamente de 11 a 23 millones de pesos).
Divertidas y deprimentes son las esculturas (versión en pequeño formato) que exhibió el suizo Ugo Rondinone (1964) en la prestigiada feria Art Basel 2015, ahora en menor tamaño en la galería Gladstone en Zona Maco, que evidencian la identidad kitsch del comprador mexicano: adquiere la apariencia de una gran obra a un precio más bajo.
Con discursos de venta que justifican los 85 mil dólares que cuesta una pintura de Stanley Whitney por la exhibición que tuvo el artista en el Studio Museo Harlem de Nueva York, con dípticos pictóricos de Francis Alys que se venden en 280 mil dólares, con móviles de Alexander Calder que se pueden adquirir por 2 millones de euros en la galería madrileña Elvira González, y con una pequeña escultura de tubería de cobre del mexicano Damián Ortega que cuesta 60 mil dólares en la norteamericana Gladstone, el mercado ferial de Zona Maco evidencia el exceso de mercancía y la ausencia de arte.
Entre lo mejor de la Feria, la ambivalente escultura lumínica del alemán Björn Dahlem en la galería española Heinrich Ehrhardt –ensamblada con lámparas comerciales–, y la nueva propuesta pictórico-conceptual del mexicano Boris Viskin en la galería mexicana Le Laboratoire.








