El mundo del cine llora la muerte del inmenso director y guionista italiano Ettore Scola, ocurrida en el Policlínico de Roma el martes 19, a la edad de 84 años. Colega y amigo de Federico Fellini, al que dedicara su última cinta, Qué extraño llamarse Federico (2013), el realizador de Un día especial y Nos amábamos tanto concedió una entrevista en 2009 a la cadena televisiva Euronews que ofrecemos aquí para nuestros lectores. En ella manifestó admirar las cintas de Clint Eastwood y reiteró su negativa a filmar en Italia mientras permaneciera en el poder Silvio Berlusconi, quien cayó en 2013.
PARÍS.- El 30 de agosto de 2011, Ettore Scola anunció que ponía punto final a su carrera cinematográfica.
Se encontraba en Pésaro, ciudad italiana de la costa adriática donde acababa de presentar 1943-1997, un magistral cortometraje “mudo” de escasos ocho minutos filmado en blanco y negro, en el cual entrelazaba la historia de un niño judío escapando a una redada de soldados nazis en el gueto de Roma hacia 1943, con la de otro niño africano indocumentado que huía de una cacería policiaca, también en Roma, pero en 1997.
Ambos chicos logran salvarse, refugiándose en una sala de cine de barrio.
Sin aliento y despavoridos, se serenan viendo la pantalla por la cual desfilan imágenes de películas de culto: El gran dictador (1940), de Charlie Chaplin; Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio de Sica, y Una jornada particular (dirigida por el propio Scola hace casi cuatro décadas y con actuaciones de Sophia Loren y Marcello Mastroianni), entre muchas otras.
“No quiero parecerme a estas ancianitas que siguen pintándose los labios de rojo y llevando tacones altos para verse jóvenes”, confesó Scola ese mismo día de agosto de 2011 a un reportero del diario Il Tempo. Y agregó:
“Ya no logro vivir en el mundo del cine con la alegría y ligereza de antaño. Las lógicas de producción y de distribución hoy ya no tienen nada que ver conmigo. Empecé a verme obligado a respetar reglas que no me permiten sentirme libre…
“Ahora sólo decide el mercado. Antes también contaba el mercado, pero había más espacio de autonomía, de excepción. Los productores estaban dispuestos a tomar riesgos, a lanzarse en (nuevas) experiencias.”
Una entrevista particular
Dos años atrás, el 9 de mayo de 2009, en vísperas de su 80 aniversario, Ettore Scola había manifestado ya el mismo desencanto en su entrevista con Giovanni Magi, periodista de la cadena televisiva Euronews, que Proceso reproduce a continuación.
–En muchas de sus películas como Una jornada particular (1997) o Competencia desleal (2001) usted cuenta historias que tienen como tela de fondo acontecimientos históricos importantes. Si hoy tuviera que escribir un guión cinematográfico, ¿qué acontecimiento contemporáneo elegiría?
–Italia nunca fue avara con los autores –respondió Scola a Magi–. Siempre inspiró muchas historias, muchos temas, porque la sociedad italiana dista de ser banal. No es “neutra”; por el contrario, está llena de defectos, de valores negativos…
“Creo que hoy haría una película sobre la crisis económica. También podría hacer otra sobre los sismos, las catástrofes, porque no se trata de acontecimientos meramente naturales. Se deben también a la mala administración pública, a la falta de honestidad de los constructores… Son temas de películas interesantes.”
–Usted afirmó recientemente que no volvería a hacer cine mientras Berlusconi estuviera en el poder…
–Es cierto.
–¿Pero acaso un artista no debe expresar sus propias ideas cuando no comparte las de la clase dirigente?
–Desafortunadamente el trabajo del cineasta no se parece al del escritor o al del pintor, que pueden expresar lo que opinan sin contribución exterior. Para ellos basta con tener una tela o una hoja de papel. El cine es una industria. Berlusconi es dueño de parte de la prensa y de la televisión y por si eso fuera poco, el cine en Italia depende en gran parte de él.
“Además, no soy tan pretencioso como para pensar que mi voz tiene que seguir sonando porque es necesaria e indispensable. No. Yo prefiero que los jóvenes hagan oír sus voces. Y lo hacen. Bueno… vuelven a empezar a hacerlo. Los observo. Ahora les toca su turno.”
–Se ha hablado mucho de una película que usted tiene guardada en uno de sus cajones. Según se dice, su título es Dragón en forma de nube. El guión aparentemente le hubiera gustado mucho a Gerard Depardieu. ¿Veremos esa película algún día?
–No la haré. Es cierto que debía realizarla con Gerard Depardieu. Nos habíamos puesto de acuerdo absolutamente sobre todo. El guión estaba terminado y era muy bello. Todo estaba listo. Pero debía ser producido por Berlusconi… Y eso sí que no.
“Se requiere armonía para poder hacer un buen trabajo en cine, como en cualquier oficio. Un carpintero tiene que sentirse en armonía con su cliente. También el cineasta. Uno debe sentirse un poco como en familia para crear algo. No se puede hacer algo contra alguien, contra la voluntad de alguien. Eso no funciona.”
–¿Puede el cine influir la política? Pienso en dos películas: El Caimán (2006), de Nino Moretti (radiografía mordaz del “fenómeno” Berlusconi), y Welcome (2009), de Philippe Lioret (denuncia implacable de la situación de los migrantes ilegales estancados en el puerto norteño francés de Calais que arriesgan su vida para pasar clandestinamente a Gran Bretaña, una cinta que en Francia generó gran debate nacional).
–No creo que el cine logre transformar la realidad ni modificar lo que pasa. No creo tampoco que sea fácil modificar la política.
“En cambio, sé con toda seguridad que el cine puede interferir en los pensamientos de los espectadores, ésta es una de sus grandes virtudes. Una película puede generar interrogantes entre el público, puede llevarlo a pensar sobre temas que no se habrían ocurrido sin ella. Una película puede provocar dudas que el público no hubiera tenido de otra manera.
“Esa función del cine, en la que me reconozco plenamente, puede modificar las mentalidades.”
–¿Qué es lo que le hace más daño al cine de hoy: la televisión, las descargas ilegales de películas en internet, las malas películas?
–Las malas películas nunca beneficiaron al cine.
“Pero quizás lo que hoy perjudica al cine es el hecho de que a los jóvenes realizadores no les interesa ‘contar su país’. Se dedican más bien a la autobiografía. Buscan imitar otras culturas u otros lenguajes. Les importa, por ejemplo, hacer películas que funcionan también para televisión porque es la televisión la que los ayuda a producir.
“Hay que reconocer, sin embargo, que en los últimos años las cosas empezaron a evolucionar. En lo que toca al cine italiano, veo que los realizadores volvieron a encontrar el gusto y el placer de ‘contar’ la Italia de hoy. Pienso, entre otras películas así, en Il Divo (2008), de Paolo Sorrentino (película inspirada en la vida de Giulio Andreotti, uno de los políticos más turbios y polémicos de Italia); o en Gomorra (2008) de Matteo Garrone (adaptación cinematográfica de la novela homónima de Roberto Saviano que denuncia los estragos causados por las redes mafiosas de La Camorra en Nápoles). En estas obras se puede ver retratada la Italia de hoy.”
–La película Slumdog Millionaire (¿Quién quiere ser millonario en Hispanoamérica?), de Danny Boyle, birló todos los Óscar en Hollywood. Se dijo que representa una nueva generación de películas: fue producida por europeos, pero cuenta una historia a la manera hindú, o más bien, a la manera de Bollywood. Quizás asistamos con ese tipo de películas a la mundialización del cine o de la cultura cinematográfica. ¿Piensa que ese tipo de fenómeno hace correr riesgos al cine?
–Los riesgos son inherentes a la mundialización. Ésta puede tener objetivos nobles y útiles tales como la igualdad, una distribución más equitativa de las riquezas y de las responsabilidades. Pero en realidad, muy a menudo pasa lo contrario. Asistimos a una especie de nivelación, y además sigue habiendo diferencias en la distribución de las riquezas de un país a otro.
“En cuanto a Slumdog Millionaire, es difícil decir que se trata de una película de la India. Es una película que cuenta una historia hindú, con personajes hindúes, pero filmada con un punto de vista europeo, anglosajón. Ese tipo de producción funciona bien, pero no refleja cultura específica alguna.”
–¿Qué película reciente le gustó y nos recomienda?
–Desafortunadamente voy a tener que citar películas estadunidenses y, concretamente, las de Clint Eastwood. Sus últimas cintas son las más bellas (Gran Torino, El intercambio, Cartas desde Iwo Jima, Banderas de nuestros padres, Million Dollar Baby), a nivel de puesta en escena. Me gustó mucho Gran Torino (2008)…
Ettore Scola, quién nació en Trevico, provincia de Avellino, Italia, el 10 de mayo de 1931, y comenzó su carrera de cineasta con Se permite hablar de mujeres en 1964; terminó diciendo:
“Lo que me gusta no es realmente la actuación de Clint Eastwood porque no es un actor muy expresivo, sino su autoridad como realizador. Me gusta la atmósfera que escoge, el ambiente que crea, la eficacia con la que maneja la luz… Es un trabajo de mucha altura. Clint Eastwood es un gran maestro.” l








