El silencio de Blas Galindo

A punto de cumplirse el natalicio 106 del compositor Blas Galindo Dimas, la casa de su familia en San Gabriel está a cargo del ayuntamiento, pero sólo una placa lo recuerda. La vivienda se usa como bodega y donde había una huerta hay un parque al que le urge mantenimiento. En entrevista, un primo del músico relata que éste nunca fue muy apegado al terruño.

San Gabriel.- “Si los de San Gabriel quieren algo… que trabajen por ello”, sin motivo aparente reconvenía el músico, compositor y cofundador de la Academia Mexicana de las Artes, Blas Galindo Dimas, en la década de los setenta cuando su compadre y amigo Luis Echeverría Álvarez le ofrecía apoyar a su pueblo natal.

Galindo Dimas solía comer algunos fines de semana con el entonces presidente, relata en entrevista Blas Galindo Núñez, primo hermano del fallecido compositor cuyo natalicio 106 se cumplirá el próximo 3 de febrero.

La casa donde nació el artista, con la fachada pintada de blanco y tejado rojo, está entre las calles González Ortega y Enrique Arámbula, junto a la carretera que une a San Gabriel con Sayula. Está abandonada; sólo una placa conmemora el hecho y el ayuntamiento la usa como bodega para escobillas.

En su interior, conecta con un parque que cuenta con unos sanitarios públicos, el de “barones” y el de mujeres. Las bancas del verde se ven ruinosas por falta de mantenimiento.

Pocos habitantes del municipio tienen referencias del autor de más de 200 obras musicales de alto nivel, entre ellas Sones de mariachi, una de las más representativas de su estilo y con un reconocimiento nacional, sólo comparable al del Huapango de Juan Pablo Moncayo.

A Galindo Dimas se le ha clasificado junto a compositores como Silvestre Revueltas, el propio Moncayo y Luis Sandi, en la corriente denominada nacionalismo musical mexicano.

La primera versión de Sones de mariachi fue una obra corta, compuesta para ser interpretada en la exposición 20 siglos de arte mexicano, que se realizó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en mayo de 1940.

Su adaptación para orquesta sinfónica se presentó en 1953, el mismo año en que Juan Rulfo, también oriundo de San Gabriel, publicó su libro de cuentos El Llano en llamas.

Resentimiento

Galindo Núñez precisa: “Él era el más grande de los hermanos y yo el más chico de mi familia. Los hermanos del primo Blas eran Silvestre, Jesús, Gregoria y Nazaria”.

Explica: “Mi hermano el más grande iba a México y allá lo veía. Se apreciaban porque él era más cercano a la edad. Como yo era el más chico, no me conocía. Hasta 1980, cuando vino a Guadalajara, a una presentación en el teatro Degollado, me lo presentó su hermano Jesús”.

“La situación económica era muy diferente entre nosotros; yo estaba muy abajo de él. No tuvimos casi ya nada de intercambio familiar. Lo saludé en esa ocasión y me platicó muy poquito… Mi primo nunca nos visitó, ni sus hijos ni nadie. No sé nada de su esposa.”

–¿Él no echó raíces en San Gabriel?

–No. Aquí tuvo oportunidades de dejar buenos recuerdos. Sin embargo, no fue así. No sé cuál sería su sentimiento o su molestia con su pueblo. Nada más se sabe que hacía los arreglos de música de mariachi, los metía al piano, y eso lo hizo llegar a ser un gran compositor.

Galindo Dimas fue discípulo de Irineo Monroy, un clérigo reconocido como gran promotor del arte en la zona del sur y la costa del estado.

–¿Cómo se metió al estudio y la composición de la música de mariachi?

–Primero, aquí el señor cura Monroy lo metió al coro de la iglesia como cantor. Al cura le interesaba mucho que Blas se fuera a enseñar música, pero parece que él tuvo un fracaso con una muchacha y se tuvo que ir forzosamente del pueblo para no casarse. Pero como ya tenía la intención de la música, donde pudo él se metió a la música y con su inteligencia, porque ya le gustaba, empezó a meterse y llegó a ser uno de los grandes compositores en el siglo pasado.

–Hay una anécdota: que en una ocasión, cuando Luis Echeverría Álvarez era candidato del PRI a la Presidencia, en una de sus giras Blas Galindo se negó a hablar frente a sus paisanos. ¿Es cierto?

–Cuando Echeverría andaba en su campaña, él venía del lado de Autlán después de pasar por El Grullo. Aquí llegó y se presentó. Su comitiva estaba aquí en el kiosco de la plaza de armas, del jardín principal, y entonces el maestro de ceremonias dijo: “Ahorita vamos a presentar a un gran paisano de ustedes, al señor Blas Galindo”. Cuando él escuchó su nombre se metió entre los parroquianos, porque venía mucha gente acompañando a Echeverría, y se perdió. No quiso dirigir ninguna palabra para sus paisanos.

Recuerda que su primo Jesús Galindo Dimas le comentó que Blas “era muy íntimo de Echeverría; cada domingo o cada que podían se juntaban para irse a comer a restaurantes campestres. Él (Jesús) se iba con ellos y un día, estando en una comida, el presidente le preguntó a Blas qué quería para San Gabriel. Y Blas le dijo: ‘No, nada; si quieren hacer algo que trabajen’.

“A eso me refiero cuando le digo que nunca supimos si Galindo Dimas tenía algún tipo de resentimiento con San Gabriel, porque no nos explicamos esa reacción. Pudo dejar grandes recuerdos porque en ese tiempo podía haber pedido cualquier cosa: una obra importante, una gran preparatoria, un hospital regional… Este pueblo se hubiera levantado con el apoyo de él, pero no fue así.”

La ausencia

El entrevistado relata que los padres del compositor eran comerciantes de frutas y otros productos, como loza de barro, camote colorado y cacahuates que traían de Ciudad Guzmán.

–¿Cómo se llamaba el papá de Blas Galindo Dimas?

–Luis Galindo Nieves, y la mamá, Adriana Dimas; yo no la conocí. No supe mucho de ellos. Conocí la casa últimamente.

–¿Estuvo abandonada mucho tiempo?

–Cuando quedó viudo mi tío (papá de Blas Galindo Dimas), llevó a una señora para que le sirviera de nana a sus hijos y ella los acabó de criar. Lo recuerdo porque Jesús le decía mamá a Gerarda, y esa señora siempre vivió en esa casa hasta que murió. La casa quedó y se las prestaban a algunos familiares para que vivieran, hasta que el ayuntamiento la adquirió. No estuvo abandonada.

Recuerda: “La casa tenía un patio, una barda alrededor y caballerizas donde encerraban a los burros, porque mi tío, el papá de Blas, se dedicaba al comercio y visitaba los ranchos de aquí a Ciudad Guzmán”.

–¿No era todo el parque que ahora se ve?

–Todo el parque era la huerta y pertenecía a la familia de Blas.

–¿Y eso lo donó la familia al municipio o quedó abandonado?

–No se donó. Eso era de Jesús (Galindo Dimas) y cuando estuvo el presidente municipal José Ignacio Reyes (a principios de los noventa) lo trató de comprar. En una plática, cuando íbamos a saludar a Blas Galindo al teatro Degollado, yo le pregunté a Jesús: “Oye, ¿y te pagaron el terreno del parque?”. Él nomás movió la cabeza en señal de que no se lo habían pagado. Más ya no sé, parece que sí escrituraron a favor del municipio, pero él (Blas Galindo Dimas) no donó nada porque no era de él.

–¿A esa familia le gustaba la música?

–Silvestre estaba en la banda, le dio clases de música de banda a un grupito, eso le gustaba, pero no llegó más lejos. Nunca fue músico. Nadie más de ellos.

–¿En San Gabriel qué se rescató de la obra de Blas Galindo?

–Que yo sepa que exista una gran recuperación de su obra en el pueblo, pues no. Hay discos de Blas Galindo Dimas, pero que se oiga que los toquen con frecuencia, no. Como que la gente del pueblo está lejos de él y sus obras.

Cuenta que si en San Gabriel se escuchaba en los altavoces Sones de mariachi, eso significaba que ya venía el presidente Echeverría. Pero actualmente, dice, “que se toque música de Blas Galindo Dimas o se conozca en gran parte su obra, no. Se escucha y se lee más de Juan Rulfo por sus libros, pero igual que en el caso de Blas Galindo, sólo hay una casa con una placa metálica donde se dice que él vivió en ese lugar. Por desgracia no hay museos o propuestas permanentes para mantenerlo siempre presente”.

En efecto, las figuras de Rulfo y Galindo son ajenas a los festejos del pueblo donde crecieron. La administración municipal, que desde octubre de 2015 encabeza el priista César Augusto Rodríguez Gómez, se dedica a patrocinar y promover el certamen de belleza Señorita San Gabriel 2016.

En la segunda quincena de enero, explotan cohetones en el cielo de San Gabriel. A lo lejos, luego de cruzar la sierra de Apango, a punto de bajar al pueblo, lo primero que se observa son las dos torres de la parroquia y a la distancia el llano que describe Juan Rulfo en su obra.

La algarabía se debe a que cada tercer domingo de enero se dedica al santo patrono, El Señor de la Misericordia o el Dulce Nombre, dice Galindo Núñez.

En este año la convocatoria es nutrida. Decenas de hijos ausentes regresan a su pueblo con la esperanza de que regrese la calma, después de años de padecer al crimen organizado y su violencia desatada: ejecuciones, extorsiones, desapariciones forzadas o de plano masacres como las de 2012 y 2013, cuando los delincuentes dejaban en la ruta a Sayula decenas de bolsas de plástico que contenían restos humanos.  l