La red de ductos de combustible que surten a la zona metropolitana de Guadalajara, así como a Aguascalientes y el norte del país, atrae la voracidad del crimen organizado. Como tantas de sus otras actividades delictivas, esta permanece prácticamente impune.
TEPATITLÁN.– El pasado 10 de diciembre, la Cámara de Diputados aprobó, con cambios, la Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Cometidos en Materia de Hidrocarburos, y la devolvió al Senado para sus efectos constitucionales.
Además de calificar dichos delitos como graves, “se castigará a quien participe en la extracción ilegal de combustibles, compre, enajene, reciba, adquiera, comercialice o negocie, resguarde, transporte, almacene, distribuya, posea, suministre, oculte, o bien altere o adultere hidrocarburos, petrolíferos o petroquímicos”.
Las penas van de dos a cuatro años de prisión y multa de 2 mil a 4 mil días de salario mínimo cuando la cantidad de hidrocarburo sea menor o equivalente a 300 litros, hasta entre 10 y 15 años y multa de 10 mil a 15 mil días cuando sea de 2 mil litros o más.
También, se dice en el dictamen aprobado, se sancionará de uno a cinco años de prisión y de 4 mil a 7 mil días de salario mínimo a cualquier servidor público que tenga conocimiento de la probable comisión de algún delito materia de esta ley y no actúe o lo denuncie.
Sin embargo, el endurecimiento de esta ley parece aún bastante lejos de la realidad que se vive en las regiones de Los Altos, Ciénega y Centro de Jalisco.
A sus habitantes les preocupa la actividad criminal de las bandas dedicadas a la extracción y venta ilegal de combustible en sus municipios, pero nadie denuncia por miedo a represalias y la autoridad sólo detecta algunos casos de manera circunstancial.
Vivir cerca de un ducto de Pemex es un gran riesgo, no sólo por las instalaciones obsoletas que en cualquier momento pueden causar una tragedia por fuga o estallido de combustible, sino también por la inseguridad que implica la operación de la delincuencia organizada.
El occidente del país recibe combustible principalmente de la refinería de Pemex ubicada en Salamanca, Guanajuato. Un ducto de varios kilómetros se interna por el oriente de Jalisco, cruzando las regiones mencionadas hasta llegar a los centros de distribución de la zona metropolitana de Guadalajara.
Otros ductos sólo cruzan el estado para llegar a Aguascalientes y Manzanillo, de manera que la red surte a las zonas de occidente y el Pacífico.
La abundancia del producto provocó la codicia de saqueadores, principalmente bandas criminales que vulneran las tuberías para robar el combustible.
Y la gente que presencia ese delito tiene que callarse para no poner en peligro su vida o entrar al negocio y arriesgar su integridad manipulando el material inflamable con mínimas medidas de seguridad. Son frecuentes los incendios y explosiones en viviendas donde se almacenan gasolina o diésel robados; cuando esto sucede, las autoridades se limitan a registrar los hechos sin ir a combatir a fondo ese delito.
Entre Tototlán, Atotonilco El Alto, Zapotlanejo, El Salto, Tlajomulco, Lagos de Moreno y Unión de San Antonio se pueden ver las advertencias de Pemex sobre la presencia de tuberías de combustible bajo la tierra. Precisamente en esas zonas, sobre todo en lugares alejados de carreteras y poblaciones, los saqueadores llegan por las noches con equipo para perforar los ductos y extraer el carburante.
En La Mezquitera, población de Zapotlanejo, uno de esos ductos corre casi paralelo a la carretera. La mayoría de los pobladores conoce a quienes se dedican a robar gasolina, pero no hablan de ello por temor a la venganza.
Señalan que si alguien habla sobre la “ordeña” de ductos, los saqueadores le dan una “tableada” (lo golpean con una tabla gruesa). Si se comete una indiscreción que tenga consecuencias para los delincuentes, éstos pueden desaparecerlo varios días, arrebatarle sus bienes o causarle graves lesiones e incluso la muerte.
“¿Para qué hablas, si (la gasolina) no es tuya? ¿En qué te afecta?”, les dicen los delincuentes a la gente, según un entrevistado que prefiere no dar detalles. Sólo recomienda al reportero que no siga preguntando, pues los “halcones” vigilan todo el tiempo la zona para detectar a quienes no son del pueblo.
Mediante varias entrevistas se puede confirmar que las bandas llenan de gasolina robada cuantos depósitos pueden y los ocultan en camiones cisterna, camionetas, autobuses urbanos, camiones de basura con doble fondo y hasta vehículos con logotipos del gobierno del estado.
Otra razón por la que nadie habla es que, según los vecinos, los policías municipales argumentan que ese delito no es de su jurisdicción, la Fuerza Única brilla por su ausencia y sólo de vez en cuando camiones del Ejército recorren la zona, pero nunca hay detenidos. Cuando la vigilancia aumenta, los ladrones simplemente se van por unos días a extraer combustible a otro lugar.
Pemex simplemente se limita a reparar los daños causados por los que extraen combustible de los ductos, y coloca letreros donde presume que trabaja por la seguridad de los habitantes.
Armas y contenedores
Por los municipios de Unión de San Antonio, Lagos de Moreno, Encarnación de Díaz y Ojuelos corren también ductos de Pemex que surten depósitos en Aguascalientes y del norte del país. De esta red, miles de litros son saqueados por particulares, que rara vez son capturados y en tales ocasiones se debe a acciones fortuitas, no por estrategias contra el robo de combustible.
Reporteros locales, que también prefieren que sus nombres no se publiquen, indican que las autoridades han decomisado vehículos y contenedores cargados de líquido inflamable cuando sufren un accidente en carretera o sus tripulantes cometen una infracción y al revisarlo se descubre la carga.
Uno de los entrevistados narra casos recientes. Dice que el 13 de noviembre pasado policías federales interceptaron una pipa en la autopista a Aguascalientes. Les llamó la atención su inusual nomenclatura. Cuando solicitaron por radio la revisión de la matrícula descubrieron que el vehículo tenía reporte de robo. El hombre y la mujer que tripulaban el camión fueron detenidos porque no pudieron explicar el origen de la pipa ni de la gasolina que transportaban; sólo dijeron que les pagaron por llevar la pipa hasta Aguascalientes.
El 13 de octubre de 2015, un camión equipado con una cisterna para transportar agua potable se volcó en la carretera estatal Lagos de Moreno-Unión de San Antonio y el chofer huyó. Al llegar las autoridades notaron que el contenedor presentaba una fuga; era combustible.
Se calcula que en la región Los Altos Norte se decomisa combustible obtenido ilegalmente al menos una vez al mes y en promedio cada bimestre se detecta una toma clandestina, casi siempre de manera fortuita y con escasos detenidos, aunque hay casos en que la policía ha asegurado armas y vehículos de lujo con los energéticos y contenedores.
Uno de los municipios donde más se perforan ductos es Unión de San Antonio, especialmente la comunidad Saucillo de Primavera, en los límites con Guanajuato.
Medios locales han reportado que la delincuencia organizada también roba el combustible de pipas de Pemex, a las que les sacan algunos litros antes de llegar a su destino probablemente con la participación de los choferes.
De acuerdo con lugareños, incluso cuando el ferrocarril se detiene en estaciones rurales de Lagos de Moreno, San Juan de los Lagos y Encarnación de Díaz, los saqueadores extraen diésel de los enormes tanques de las locomotoras, también en presunto acuerdo con los maquinistas.
Todo ese combustible robado se vende a la orilla de las carreteras, en locales disfrazados de talleres mecánicos, llanteras o pensiones para traileros, así como en viviendas aparentemente abandonadas o bodegas.
Bombas de tiempo
Por Los Altos Sur no pasa ningún ducto de Pemex, pero son frecuentes los incidentes relacionados con el almacenamiento ilegal de combustible, que no solamente afectan las construcciones donde se halla el material, sino también las aledañas.
El pasado 26 de noviembre, en el municipio de Arandas, unas 17 viviendas y varios vehículos sufrieron daños totales o parciales al ser consumidos por un incendio. La conflagración inició en una bodega de herramientas agrícolas donde había un camión con varios contenedores de combustible. Uno de estos se rompió en la madrugada y dejó escapar el líquido, que llegó a la vía pública y comenzó a arder.
Los vecinos lograron ponerse a salvo. Para extinguir el fuego se requirieron varias horas y el apoyo de bomberos de varios municipios, incluidos los de la base regional de Protección Civil. No se reportó ningún detenido y el encargado de la bodega nunca se presentó. Ahora los vecinos no saben quién se hará responsable por los daños a sus bienes.
A principios de diciembre, en una colonia de la periferia de Tepatitlán, ocurrió un flamazo en una casa donde se almacenaban varios tambos de gasolina. Tres sujetos que vigilaban la vivienda quedaron heridos de gravedad y otros dos fueron detenidos por policías municipales, que los pusieron a disposición de la Procuraduría General de la República.
Otros siniestros ocurrieron en depósitos clandestinos de gasolina en Acatic y Zapotlanejo. También se encontraron en la carretera vehículos abandonados o incendiados por el combustible ilegal que transportaban. Pese a que ya están identificados algunos puntos de venta, las autoridades sólo actúan cuando ocurre un percance o por casualidad detectan en la calle algún vehículo usado para ese delito.
La gasolina ilegal que se vende en Acatic, Tepatitlán y Arandas proviene de municipios del oriente del estado. Los distribuidores clandestinos prefieren vender el combustible en los poblados, menos vigilados que la zona metropolitana de Guadalajara. l








