La cultura importa

El sentido más profundo de la palabra cultura, para los hombres como para las plantas,

consiste en volverse hacia la luz, para crecer en ella.

Marc Fumaroli, El Estado cultural

Cultura es lo que nos hace ser lo que somos como individuos y como nación. Somos lo que pensamos, sentimos, escuchamos, comemos, vemos, acariciamos, leemos, amamos, sabemos, deseamos, imaginamos, soñamos; nos define la memoria viva de lo que hemos gozado o sufrido. A través de la cultura desarrollamos nuestras capacidades específicamente humanas: la inteligencia, la imaginación creadora, el raciocinio, la sensibilidad estética, la abstracción, el conocimiento de nosotros mismos, de nuestros semejantes, de la naturaleza y el cosmos, la facultad de amar, así como la libertad, voluntad y responsabilidad para lograr –o frustrar– lo que queremos llegar a ser. Y algo que alimenta a todo lo anterior: la capacidad de asombro. (En el prodigioso cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Borges valora más el asombro que la verdad.)

  En devenir continuo, nuestro ser personal y nacional están constituidos por nuestro pasado, por nuestra historia. “Una nación es un alma, un principio espiritual”, nos dice Ernest Renan en su célebre conferencia ¿Qué es una nación?, dictada en La Sorbona de París en 1882. Esa alma, conformada por la fusión indisoluble de pasado y presente, “es la posesión de un rico legado de recuerdos” sumada al consentimiento y deseo de vivir juntos, “la voluntad de hacer valer la herencia que se ha recibido”.  Ese principio espiritual es la fuente de la cultura de cada nación. Por eso Alfonso Reyes adoptó como divisa y constante prédica para la juventud del país la búsqueda del alma nacional, propósito en el que fue secundado por Octavio Paz: “Aparte de esa radical fidelidad al lenguaje que define a todo escritor, el mexicano tiene algunos deberes específicos. El primero de todos consiste en expresar lo nuestro. O para emplear palabras de Reyes: buscar el alma nacional”.

La idea de la cultura como el alma, espíritu o sabiduría de los pueblos, las naciones y la humanidad entera tiene una ilustre tradición que en Occidente se remonta a la paideia griega e incluye a pensadores como Vico, Herder, Voltaire,­ Schelling,  Dilthey, Steiner o Fumaroli. Dicho concepto es el fundamento de la Constitución de la UNESCO aprobada el 16 de noviembre de 1945, en la que se establece: “La amplia difusión de la cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y la paz son indispensables a la dignidad del hombre y constituyen un deber sagrado que todas las naciones han de cumplir con un espíritu de responsabilidad y de ayuda mutua”. Dicho documento nutrió la creación del Ministerio de Cultura de Francia, primero en el mundo y paradigma de las instituciones culturales que surgirían más tarde en muchos países –entre ellos México–, los cuales retoman la esencia del decreto del nombramiento de André Malraux como ministro de Estado encargado de Asuntos Culturales, emitido el 3 de febrero de 1959: “El ministro de Estado… tiene como misión hacer accesibles las obras capitales de la humanidad, y en primer lugar de Francia, al mayor número posible de franceses, asegurar la más vasta audiencia a nuestro patrimonio cultural y favorecer la creación de obras de arte y del espíritu que lo enriquezcan”.

Inspirado en esos principios, Octavio Paz aportó las ideas centrales que condujeron a la creación del Conaculta, nacido el 7 de diciembre de 1988 como órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública, con tres propósitos esenciales: a) Protección y difusión del patrimonio arqueológico, histórico y artístico. b) Estímulo a la creación artística. c) Difusión del arte y la cultura para que lleguen al mayor número de mexicanos. La primera tarea quedó bajo la responsabilidad de dos organismos previamente existentes: el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, creado en 1939) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA, fundado en 1946), ambos órganos con personalidad jurídica propia dependientes de la SEP y con atribuciones otorgadas por la Ley sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. A partir del  Decreto de creación de la Secretaría de Cultura, dichas atribuciones han sido absorbidas por la  nueva institución (Párrafo XVII del Artículo 41 Bis, adicionado a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal). Para cumplir con el estímulo a la creación artística, segunda responsabilidad del Conaculta, se concibió –también a sugerencia de Paz y un grupo de intelectuales– el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), nacido el 2 de marzo de 1989. Hasta ahora, la tercera función prioritaria del Conaculta de divulgar la cultura para beneficio del mayor número de mexicanos ha estado dispersa entre las diversas instancias que conformaban el extinto organismo, sin coordinación ni estrategia clara que permitiera alcanzar dicho objetivo.

El primer titular de la Secretaría de Cultura, Rafael Tovar, se ha comprometido a que no aumentarán la burocracia ni el presupuesto; tampoco será sólo “un cambio de nombre, sino habrá un cambio de estrategia”. Ofreció que el reglamento operativo de la nueva institución estará listo a más tardar en abril, y que en el segundo semestre del año se promulgará la Ley General de Cultura, que definirá los objetivos y responsabilidades de la SC, dotándola de un marco jurídico sólido para normar su funcionamiento. Asimismo, anunció la creación de la Subsecretaría de Coordinación Cultural que, entre otras funciones, tendrá la de supervisar las acciones del INAH y el INBA. Se integrarán áreas con temas comunes, como publicaciones, la agenda digital, así como asuntos jurídicos, administrativos y presupuestales. Habrá una estrecha vinculación con la SEP para desarrollar un amplio programa que vincule educación con cultura, y en el tema de las industrias culturales habrá colaboración con la Secretaría de Economía. Aseguró que se reubicarán, pero no se despedirán trabajadores, y negó de manera rotunda que la SC vaya a tener el sello del PRI o que se vaya a “privatizar” la cultura (Reforma, 8/I/16).

El Conaculta estaba constituido por 11 entidades paraestatales y órganos desconcentrados: INAH, INBA, Imcine, Estudios Churubusco, Cineteca Nacional, CCC, Canal 22, Cecut, Educal, Radio Educación e Impresora y Encuadernadora Progreso. Además, por 13 Direcciones Generales, entre ellas el Fonca, Publicaciones, Vinculación Cultural, Culturas Populares o el Centro Nacional de las Artes; por seis Coordinaciones Generales, como Fomento Musical, Patrimonio Cultural y Turismo o Desarrollo Cultural Infantil. La Secretaría de Cultura deberá  reestructurar ese vasto y complejo universo burocrático a fin de lograr una mayor eficiencia y ampliar el impacto social de sus acciones.

En el Programa Especial de Cultura y Arte 2014-2018 se observan cuatro deficiencias que es necesario revertir: 1.Ausencia de un proyecto integral y transversal de las instituciones y organismos culturales que potencie el quehacer cultural y evite la dispersión de recursos y la duplicidad de acciones. 2. Desvinculación de las tareas culturales con instituciones de otros sectores, como son las relacionadas con el turismo, la economía, el desarrollo social y los asuntos internacionales. 3. Escasa atención a la infraestructura cultural existente, así como nuevos proyectos de infraestructura inconclusos. 4. Cobertura social insuficiente de las acciones culturales.

El diagnóstico es acertado y se requerirá de una reingeniería profunda de la política cultural para alcanzar los objetivos trazados. Atención especial merece el cuatro punto, referido a la insuficiencia de la cobertura social de las acciones culturales, íntimamente relacionado con la primera y la tercera prioridades del Conaculta, arriba citadas: difusión del patrimonio arqueológico, histórico y artístico, y divulgación del arte y la cultura para que lleguen al mayor número de mexicanos. El párrafo séptimo del mencionado Artículo 41 Bis establece como responsabilidad de la SC: “Diseñar estrategias, mecanismos e instrumentos, así como fomentar la elaboración de programas, proyectos y acciones para promover y difundir la cultura, la historia y las artes, así como impulsar la formación de nuevos públicos, en un marco de participación corresponsable de los sectores público, social y privado”.

Uno de los mayores retos que enfrenta la política cultural del Estado es beneficiar al mayor número de mexicanos para crear lo que se ha llamado una “democracia cultural”. Para fijar metas y prioridades sin recurrir a excesos retóricos ni crear falsas expectativas, conviene realizar un análisis riguroso de los resultados de los estudios sobre la relación de la sociedad mexicana con la cultura y, en ese contexto, definir con claridad lo que se entiende por democracia cultural.

La Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales, realizada por Conaculta en 2010, ubica la dimensión del desafío: 25% de los encuestados nunca ha ido al cine, 91% nunca ha asistido a un concierto de música clásica, 66% nunca ha presenciado un espectáculo de danza, 67% nunca ha visto una obra de teatro, 53% nunca ha visitado una zona arqueológica, 45% nunca ha estado en un museo, 43% nunca ha usado una biblioteca, 57% nunca ha entrado a una librería, 80% no compró ni un solo libro en el  año en el que se realizó la encuesta, 86% nunca ha ido a una exposición de arte –sólo 5% asistió a una exposición de arte durante el año en que se realizó la encuesta–; 90% no hizo turismo cultural durante ese lapso; 25% tiene estudios de preparatoria, bachillerato o técnicos, y 9% cuenta con estudios universitarios; 76% tiene ingresos mensuales de menos de 12 mil pesos. Existe una relación evidente entre los rezagos social, educativo y cultural que sólo podrán superarse de manera paralela. Es clave la colaboración entre la SC y la SEP para elaborar una pedagogía innovadora dirigida a la educación estética de niños y jóvenes.

La Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015 (ENLE) revela que los mexicanos leen 5.3 libros por año, lo cual implica un aumento importante en relación con la cifra de 2.9 arrojada por otra encuesta sobre lectura realizada en 2006 con distinta metodología. La ENLE 2015 indica que 30.6% de los mexicanos ha leído uno o dos libros en el último año y que casi el mismo porcentaje no leyó un solo libro en el mismo lapso. Lejos de vanagloriarse, Tovar ha señalado que “los resultados de la encuesta nos imponen más tareas y más humildad ante el reto gigantesco de hacer de México un genuino país de lectores.” (Lo que falta por hacer, Revista de la Universidad de México, diciembre de 2015).

La creación de la Secretaría de Cultura representa un reto y una oportunidad para realizar una revisión a fondo de la política cultural desarrollada por el Conaculta. Durante 28 años, las instituciones culturales del país se han multiplicado y fortalecido, al tiempo que el presupuesto del sector ha tenido un crecimiento exponencial. Ha habido logros y avances notables, aunque subsisten rezagos, duplicidades, dispersión y otras deficiencias que habrán de corregirse. Especial esmero requiere la concepción de una estrategia inteligente e imaginativa para difundir y promover la cultura utilizando los medios tradicionales aunados a las nuevas tecnologías de la comunicación a fin de acercar y hacer más atractiva la riqueza creativa de México y el mundo en beneficio de sectores cada vez más amplios de la sociedad. Sin olvidar, claro, que la cultura es también la búsqueda de la excelencia artística y del pensamiento, creada y gozada por “la inmensa minoría” (Juan Ramón Jiménez). Recordemos que no hay verdadera democracia sin respeto a los derechos de las minorías, trátese de la equidad hacia grupos sociales vulnerables, principio esencial del desarrollo cultural sostenible; o de la libertad para crear y disfrutar la cultura, esencial para el bienestar ciudadano y de toda la sociedad (Re/pensar las Políticas Culturales, UNESCO, 2015).