Teatro Zopilote, 30 años

Reconocer al grupo de Teatro Zopilote a través de un vasto archivo documental y fotográfico, es realmente un disfrute visual e histórico. El emblemático Zopilote se nos aparece desde sus orígenes, transitando por sus puestas en escena, su activismo político teatral y su inserción en proyectos culturales de gran envergadura popular, para confirmar su importancia en la escena mexicana de la segunda mitad del siglo XX.

Se trata de un libro publicado por el Centro de Investigación Teatral del INBA, CITRU y la edición de Fernando Betancourt, que se ocupa de sus 30 años de vida: 1967-1997. El nombre del grupo, provocador desde la palabra utilizada, sugiere al zopilote como ave incómoda que ronda por los aires y limpia, no el campo, sino la carroña que existe en nuestra sociedad y propone una visión crítica y divertida a través del teatro propiciando un ambiente más respirable.

Fernando Betancourt y Mario Enrique Martínez, siendo estudiantes preparatorianos, inician el grupo bajo el nombre de Teatro Experimental Independiente y reinaguran el Teatro Alarcón en San Luis Potosí con obras dirigidas por el primero. Un par de años después, Ignacio Betancourt se incorpora y se consolida como el dramaturgo del grupo y ambos se mantienen hasta el 97. En sus 30 años de recorrido, diferentes teatristas participan en el colectivo: Enrique Ballesté, Gerardo Sánchez El Zopi, Ileana Duque, Jaime Moreno, Jesús Coronado, Mónica Cadena y Susana Aguilar, entre otros.

Cada página del libro Teatro Zopilote 1967-1997 está diseñada espléndidamente con motivos gráficos, con inserción de telones o tiras de negativos, con fondos de color de efectos diversos; se incluyen programas de mano, boletos, fragmentos de periódico, figuras recortadas, collage de imágenes y un sinfín de ideas creativas que le dan al volumen gran movimiento.

Al final se incluyen dibujos representativos del grupo diseñados por Felipe Ehrenberg, Antonio Helguera, Efrén, Ahumada y particularmente atractivos los de Sergio Arau, Mauricio Gómez Morín y Karen Smith.   

Fernando e Ignacio Betancourt cuentan con detalle en un apartado las etapas por las que el grupo de Teatro Zopilote transitó. Rodolfo Obregón hace una presentación al principio del libro y Julio César López Cabrera realiza un estudio detallado y muy ilustrativo, tanto del grupo como de su entorno cultural y político.

La narración de los hermanos Betancourt es amena y no sólo abarca la sucesión de los hechos, sino que nos muestra su recorrido desde diferentes campos de visión. Sabemos que en los sesenta hacían lo que Augusto Boal llama Teatro invisible y realizaban teatro en una esquina para involucrar a los transeúntes o desarrollaban sus obras en los mercados, en las plazas, auditorios, teatros o donde quisieran.

Conocemos algunas experiencias donde vivieron la censura como con la obra Acto de amor, que era una farsa política sobre la represión del 68, igual que con Crónica del dos de octubre. También incluyen algunos comentarios chuscos de la prensa donde se escandalizaban por lo visto: como cuando aparece un hombre en un excusado leyendo la Constitución mexicana y se limpia con ella después o cuando las señoras de Amnistía Internacional se ofendieron con la obra Canta ahora canta, sobre Víctor Jara, y donde se degollaba un cordero.

La irreverencia, el humor, la crítica social y el juego lúdico, fueron algunos de los ingredientes fundamentales que conformaron a Teatro Zopilote que, con sus 30 años de experiencia, muestra, en este libro, su gran labor en el teatro mexicano y sus aportaciones en esta sociedad en donde el que calla otorga.