Con la satisfacción del deber cumplido y el sosiego que da el saber que se tiene todo ordenado para el inmediato futuro, nuestras autoridades de la Ópera de Bellas Artes se fueron tranquilamente de vacaciones y no regresarán, en el mejor de los casos, sino hasta el jueves 7.
La decisión vacacional es interesante, entre otras razones porque desaparecido el Conaculta y, creada la Secretaría de Cultura, no se sabe bien a bien cómo quedará la Dirección de Ópera, es decir, si seguirá existiendo como tal y con el mismo estatus dentro del organigrama gubernamental, o si a partir de aquí sufrirá modificaciones que, entre otras cosas, signifiquen ajuste presupuestal, reducción de personal o, al contrario, ampliación del mismo y, si esto sucede, qué atribuciones llenarán los nuevos cargos.
¿Seguirá existiendo el Taller de la Ópera, que implica estudiantes becados con 25 mil pesos mensuales cada uno? Seguramente ya decidida y asegurada la temporada anual, ¿de cuántos títulos y funciones constará? ¿Se contratará cantantes extranjeros, cuántos y para qué obras? ¿De los mexicanos a cuantos se empleará, se contará únicamente con los residentes aquí o se traerán también a los que triunfan en el extranjero como, para sólo mencionar tres nombres, Ramón Vargas, Javier Camarena y María Katzarava? ¿Quiénes serán los directores tanto musicales como de escena, se importarán algunos?
Pueden seguir sumándose interrogantes, pero veamos antes cómo está, hasta el momento de escribir esto, un poco de la integración del equipo responsable de la Ópera de Bellas Artes: La directora Artística es la conocida soprano Lourdes Ambriz, a quien de pronto le llegó el cargo gracias a la renuncia del anterior director, el igualmente reconocido tenor Ramón Vargas. Prestigiada como soprano, a Ambriz no se le conocen antecedentes como experta en organización, administración o promoción cultural, lo cual, claro, no quiere decir que no pueda funcionar en su actual encomienda. Cuando pregunté a Adriana Camarena de Obeso, directora Ejecutiva, sobre los cambios en el reparto de Tosca, me respondió: “Yo no sé nada, eso es cuestión artística y no tiene nada que ver conmigo”. Camarena de Obeso, evidentemente, sólo ejecuta.
A la subdirectora de Prensa y Relaciones Públicas, Esther Pérez Reyes, las pocas veces que he pretendido hablarle, nunca ha podido atenderme. La última ocasión mandó respuesta con el gentil joven Juan José Arias, quien de acuerdo al organigrama es Asistente editorial. Jesús Suaste, también reconocido cantante (barítono), tiene (o tenía, no hay información al respecto) a su cargo la coordinación, promoción y realización de funciones de ópera en los estados. ¿Cuáles han sido los resultados, hay resultados? ¿En qué porcentaje se han aumentado las funciones de ópera en el interior de la República, se han presentado en estados donde antes no se hacía?
Dado que el equipo (hasta este momento) es el mismo del año que termina, estas y otras muchas dudas son razonables, partiendo, repito, de la nueva existencia de la Secretaría de Cultura que no sabemos si alterará el organigrama de Bellas Artes y, consecuentemente, el de la Dirección de Ópera. Para evitar cualquier especulación y/o mal entendido, lo mejor que pueden hacer las autoridades es transparentar la información y darla amplia, clara y oportunamente.








