Empleo, el logro ficticio de Aristóteles

Tras un pésimo año político para su partido y su gabinete, el gobernador Aristóteles Sandoval quiso cerrar el año con una buena noticia: anunció que en su primer trienio se generaron 85 mil empleos, más que en el primer trienio de administraciones anteriores. Sin embargo, el investigador Antonio Sánchez Sierra, con cifras del Inegi, aclara que esos números esconden una realidad desalentadora: se trata de plazas mal pagadas que seguirán estimulando la economía informal.

El pasado 15 de diciembre, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz informó que de enero a noviembre del año recién terminado se crearon 85 mil 481 empleos, cifra que supera por primera vez la necesidad del bono demográfico de 80 mil plazas:

“Hemos rebasado la generación de empleo en los primeros tres años de gestión para cualquier administración que nos precedió. Entre 2007 y 2009 fueron algo más de 74 mil; entre 2013 y 2015 van más de 199 mil”, declaró el mandatario en conferencia de prensa en Casa Jalisco.

Sin embargo, el estado ocupa el cuarto lugar nacional en desempleo junto con Chiapas, entidad que figura entre las más rezagadas en desarrollo social y con 5.2% de la Población Económicamente Activa (PEA) desocupada.

Nayarit encabeza esa lista con una tasa de 6.6%; después aparece el Estado de México, con 5.7%, y en tercer lugar están Querétaro y Tamaulipas, con 5.3%.

En mejor lugar que Jalisco está Michoacán, que pese a su alto nivel de inseguridad registra un tasa de desempleo de 3.7%. Y Colima llega a 4%.

Al respecto, Antonio Sánchez Sierra, investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), advierte que el dato de los 85 mil nuevos empleos es cuestionable, no sólo por la cantidad sino también por la calidad y temporalidad de esos nuevos espacios laborales:

“No es lo mismo un empleo que una fuente de trabajo. Queda claro que las autoridades nunca nos hablan de los aspectos cualitativos en torno a las plazas que se generan y se limitan a darnos las cifras.

“¿De qué calidad y de qué cantidad de ingreso hablamos, que permitan al trabajador tener un nivel de vida decorosa? Que nos digan qué representa ese empleo, porque no lo han mencionado y jamás lo dicen los políticos. Que expliquen de qué nivel o de qué clase de ingresos son esas fuentes de empleo. Es ahí en donde esconden el truco.”

Para el académico, los sueldos de la mayoría de esos empleos no satisfacen las necesidades básicas de un trabajador y su familia: “No se generan plazas para que una persona pueda ganar más de 10 o 12 mil pesos. Son fuentes de empleos, como ellos mismos lo dicen, que no requieren tanto conocimiento técnico ni escolaridad”.

Por lo general, indica Sánchez Sierra, al empleado le ofrecen un sueldo de hasta tres salarios mínimos, lo que representa que reciba percepciones de 210 pesos por día, es decir, 6 mil 300 pesos mensuales “cuando bien le va”.

Es cierto que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) realiza auditorías para verificar que a los empleados se les pague lo justo, pero comenta que un gran porcentaje de jaliscienses no cuenta con dicha prestación.

Informalidad creciente

Para Sánchez Sierra, la informalidad se ha incrementado a consecuencia de la mala calidad de los empleos, pero la autoridad estatal pretende ocultarlo con declaraciones:

“Son fuentes laborales que no satisfacen en lo mínimo las necesidades de supervivencia –reitera el investigador–, y la realidad está lejos de las cifras alegres que ofrece el gobernador Sandoval Díaz, quien había señalado que el porcentaje de la informalidad dentro del mercado laboral había disminuido a 49%, mientras que el formal cerraba 2015 en 51% aproximadamente.”

Agrega que de esa manera la autoridad construye versiones ficticias. “Discrepo bastante con las perspectivas del gobierno del estado por los indicadores con los que yo trabajo. Si tomas como parámetro todo el empleo que en teoría aparece en papel, pues así sí puedes acabar con la informalidad”, ironiza.

Sánchez Sierra enfatiza, con base en cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que 56% de la plantilla laboral en Jalisco vive de empleos informales, y no el 49% que admite Sandoval Díaz.
Observa que la gente prefiere trabajar donde tenga más ingresos para su familia, sin importar si carece de registro ante el IMSS o de cualquier lineamiento administrativo.

“Infinidad de veces los informales ganan más que una persona contratada por una empresa. Su día no lo dejan por menos de 200 pesos, a los que peor les va. Abundan personas que trabajan en la calle y ganan más de 500 pesos, algunos hasta mil”, apunta.

Eso explica que, también con datos del Inegi, haya más de 1 millón de habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara en la llamada economía informal:

“Recordemos que la informalidad no solamente incluye a quien tiene un empleo no registrado, hablamos de todas aquellas personas que escapan a todo sistema de control gubernamental, por ejemplo las amas de casa que afuera de su vivienda venden golosinas, elotes o duritos; el que vende piratería, limpia parabrisas o vende chicles; el que lava carros y el viene-viene. Estamos hablando de todos aquellos trabajadores que no se encuentran en el IMSS o no están registrados ante ninguna dependencia oficial.”

Explica que ese fenómeno afecta al Estado, que pierde recursos por falta de pago de impuestos y al final son los contribuyentes quienes cubren ese hueco en las finanzas.

Recalca que se ha referido a la zona metropolitana de Guadalajara, pero “si salimos a cualquier municipio, a cualquier pueblito medio, bastará un simple recorrido para observar cuánta gente se encuentra en la informalidad”.

Por eso, insiste, “es bastante cuestionable que nos digan que ya la creación de empleo sobrepasó a la informalidad. El día que eso pase, las personas no tendrán actividades extraordinarias, porque su trabajo de ocho horas les permitirá tener recursos para mantener la mínima calidad de vida con un entorno digno de vivienda, salud y alimentación, cosa que yo no veo por ningún lado todavía”.

Para el investigador, la inestabilidad laboral en el estado se debe a que el gobierno no ha generado desde hace años las condiciones para que la ciudadanía migre hacia la formalidad; se ha quedado corto en acciones y propuestas para promover el desarrollo en materia de empleo y salarios.

Otro factor, a su juicio, es la llegada de empresas “que si bien representan una inversión extranjera para Jalisco, llegan bajo el atractivo de que en la entidad hay mano de obra barata”. Esto implica que los empleos generados por dichas firmas tengan sueldos de 3 mil a 4 mil pesos mensuales, cuando la media internacional es de alrededor de mil 500 dólares.

Para tener una buena vida se requieren empleos de calidad, dice Sánchez Sierra, “pero yo no veo un ingreso digno y decoroso. Todo mundo cacaraquea qué hace y deshace, pero los bolsillos de las personas no mienten. No percibo más capacidad de consumo. Las capacidades de consumo se dan a través de la línea de crédito o de préstamos bancarios con tarjetas de crédito, no hay un flujo directo del ingreso”.

Para colmo, agrega, el Sistema Nacional de Empleo aporta muy poco. Por ejemplo, en cada temporada les entrega a los jornaleros 800 pesos para trasladarse de su vivienda hasta su lugar de trabajo, y otros mil pesos para volver cuando concluye el periodo.