“In memoriam” Kurt Masur (1927-2015)

Uno de los conductores de orquesta más respetados en el mundo, el alemán Kurt Masur, falleció a los 88 años en Connecticut, Estados Unidos, el sábado 19. “Cada gran empresa es casi imposible de realizar en sus comienzos”. Esa frase que acompañó su “galleta de la fortuna” china fue su divisa, al grado de que la colocó enmarcada en su casa. Con su fuerza moral contribuyó a la caída del Muro de Berlín y hasta fue propuesto para la presidencia de la República Democrática Alemana. Más tarde lamentó el resultado injusto de la reunificación de su patria. Proceso ofrece un repaso de su brillante trayectoria.

Tras el deceso de Kurt Masur la crítica no escatimó elogios a su trayectoria artística  del director que llevó la batuta de importantes orquestas en ambos lados del Atlántico; los medios destacaron sobre todo su fuerza de voluntad y humanismo, como cuando fue intermediario de los movimientos populares en la República Democrática Alemana (RDA) contra el régimen comunista, a un mes de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989.
“Recio Kapellmeister dueño de la musicalidad plena”, lo llamó el crítico José Antonio Alcaraz (1938-2001) en su reseña Nueva York Distrito Federal (Proceso 1078), por el soberbio concierto que ofreció al frente de la Filarmónica de Nueva York el 26 de junio de 1997 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, con “aplomo, sabiduría, oficio y capacidad expresiva” al interpretar la Tercera sinfonía del austriaco Anton Bruckner, “dedicada a ya sabemos quién” (Hitler).
“Kurt Masur acierta lo mismo en la meditación y el júbilo de Bruckner, su maciza construcción e imaginativo tratamiento armónico, según los requerimientos de cada pasaje. Controla y estimula con tino idéntico al instrumento magnífico del que dispone: la Filarmónica de Nueva York. Una orquesta en verdad”, escribió Alcaraz.
En su obituario del 19 de diciembre, el diario francés Le Figaro apuntó:
“Masur era bien conocido por el público parisino luego que en 2002 fue llamado para conducir la Orquesta Nacional de Francia, un reto conquistado por su personalidad carismática tras los años difíciles allí de una batuta como la de Charles Dutroit: estableció fuertes lazos con los músicos, los revistió de su ambición y fiereza tanto en su repertorio alemán, como en la música rusa.
“Continuó dirigiendo en París pese a los efectos del mal de Parkinson, hasta su caída del pódium en 2012. El público se había acostumbrado a su fortaleza de talle y estatura robusta, así como a su estilo de dirigir nada chic, necesariamente riguroso y por momentos prosaico, pero de grandeza impresionante cuando se hallaba inspirado.”
De 1991 a 2002 tomó las riendas musicales de la Filarmónica de Nueva York, y más tarde las de la Orquesta Filarmónica de Londres, entre 2000 a 2007, consignó Le Figaro para concluir de forma abrupta:
“Padre de cinco hijos, se volvió a casar después hacia 1975 con la soprano japonesa Tomoko Sakurai, quien lo salvó de la desesperanza una vez que se mató su segunda mujer (Irmgard) debido a un accidente en automóvil provocado en una carretera alemana por él mismo al manejar, en 1972.”

Masur para presidente

Por noviembre de 2002, Masur narró a la periodista musical Cherryl North de ANG una anécdota curiosa durante su visita a California, para dirigir con la Filarmónica de San Francisco Réquiem de guerra, de Benjamin Britten.
“Platiqué con el venerable músico, cordial y de buen humor, al término del concierto, mientras lo acompañamos cenando con su chispeante esposa Tomoko en el Restaurante Mandarín de la bahía de San Francisco. Habló con gusto de los platillos chinos, poniendo especial atención luego de la cena a ‘las galletas de la fortuna’.
–Fue hace muchos años  –nos anunció –y gracias a una ‘galleta de la fortuna’ que recibí uno de los mejor consejos de mi vida. Decía: ‘Cada gran empresa es casi imposible de realizar en sus comienzos’. Esa frase fue tan importante para mí, que la enmarqué en nuestras paredes para que pudiera leerla todos los días con mis colegas músicos o con quien nos visitara.
La devoción por la humanidad de Masur se manifiestó en la RDA en los días previos a la caída del Muro del Berlín, cuando medió para evitar un baño de sangre al alzarse el movimiento anticomunista de Leipzig.
“Muchos pensaban que la Unión Soviética iba a caer si el Muro de Berlín caía, y que la caída del Muro de Berlín se produciría a la caída de Leipzig, así que la balanza de poderes estaba en manos de Kurt Masur”, escribió Igor Toronyo-Lalic de The Telegraph (“Kurt Masur y la Gewandhaus de Leipzig. El conductor que derrotó al comunismo”). El diácono de la Iglesia Nocolaíta, Friedrich Magirius, organizador y testigo de las protestas, declaró entonces:
“La gente le tenía una gran confianza a Masur, él sabía cuán especial era y todos esperaban su reacción.”
Thomas Mayer, periodista amigo de Masur, añadió que el músico tenía miedo de que las cosas se salieran de control “pues había 70 mil personas de un lado y tenías a las fuerzas armadas y a la policía del otro. Recuerdo que fue el año cuando ocurrió la masacre de Plaza Tiananmen, así que la ‘solución china’ estaba en la memoria colectiva”.
Las iglesias abrieron sus puertas al refugio, mientras Masur organizaba una reunión pública con un panel de políticos y de no políticos (ciudadanos que incluían a Masur), en la sala de ensayos del teatro el 16 de octubre. Una foto lo captó ahí dirigiendo la orquesta, al tiempo que coordinaba la junta. Dio voz a los protestantes en su clamor. Al mes, el Muro de Berlín había caído y el héroe Masur fue propuesto por el pueblo para presidente de la RDA.
“Yo lo único que sé hacer es música”, respondió declinando la oferta.
Un año después, en 1991, partió a los Estados Unidos para dirigir la Filarmónica de Nueva York por casi dos décadas.
Lo más extraño de aquel movimiento revolucionario en Leipzig fue que estalló un lunes por la noche y al otro día todo mundo había regresado a trabajar como de costumbre.
“¡Pero nunca olvidaré aquel concierto!”, dijo Masur muchos años después a Joachim Kronsbein y Katja Thimm de Der Spiegel.
–¿Qué sigue vivo del espíritu de esa era?
–Me cuesta trabajo responder a esta pregunta. Yo no fui el único héroe… Pero el espíritu de aquellos días en gran medida ha quedado desgastado y las cosas no beneficiaron a todo mundo como creímos. De hecho, la unificación de Alemania a mucha gente le trajo mayor sufrimiento que ganancias. Y muchas personas se hallan bastante desesperadas.
“Conozco gente que decidió suicidarse porque perdieron todo aquello que daba significado a su existencia. Nomás vea usted los ojos de la juventud. Al año de la unificación, ya habían perdido su brillo. Por otra parte, hay desempleo y el sentimiento de que son personas superficiales. Además, bastantes jóvenes ni siquiera intentaron conseguir un trabajo. Creían que sin la protección del gobierno vivirían mejor, y aparte ganarían dinero extra.”
–Suena decepcionado. ¿En verdad eran así de altas las expectativas en 1989?
–Aquello era el paraíso en la Tierra. Yo jamás vi la felicidad en tantos rostros como ese 9 de octubre (día de la manifestación más concurrida). Era una revolución pacífica y probó que los pobladores de la RDA habían aprendido a actuar de una manera política deliberadamente.
“Me sorprende la brillantez que poseyeron  –y el modo como las fuerzas de seguridad mantuvieron la calma–. Ese día, ningún cristal se rompió.”
Masur nació el 18 de julio de 1927 en el pueblito germano de Brieg (hoy Brzeg, Polonia). Desde niño sintió el llamado de la música y en Breslau aprendió piano, órgano, cello y percursiones. Sin embargo, a los 16 años sufrió una caída afectando un tendón de la mano derecha que lo imposibilitó para ser ejecutante.
“A los 16 años determiné ser director  –contaría al musicólogo Bruce Duffie, de Chicago, en 1988–. No tengo ni la mente ni la educación para ello, yo fui un muchacho tímido y todos se burlaban pues creyeron que iba a fracasar. Pero no me quedó de otra más que perseguir esa meta.”
Después de la guerra, Kurt tomó cursos de composición y dirección en el Conservatorio de Leipzig. En más de una década se hizo cargo de orquestas y compañías de ópera en la RDA; fue director de la Ópera Cómica Berlinesa hasta 1964. Los siguientes tres años el gobierno de la RDA “lo congeló”, si bien para 1967 tomó la batuta de la Filarmónica de Dresden, conservando su puesto hasta 1972.
Hacia 1970 lo nombraron Kapellmeister (literalmente “maestro de capilla”, equivalente a director musical) en una de las orquestas de máximo abolengo: la Gewandhaus de Leipzig (tierra de Bach, Mendelssohn, Schumann y Wagner).
Su influencia convenció al líder Erich Honecker, secretario general del Partido Comunista de la RDA. Le escribió pidiendo una nueva sala de conciertos para la Gewandhaus, ya que el teatro original había sucumbido durante la Segunda Guerra Mundial. En 1980 inauguró el teatro en el corazón de Leipzig, conforme al deseo y exigencias de Masur, quien era cristiano.
Cuando se retiró Honecker de la política, Masur le envió una carta amistosa, acarreando una ola de críticas. El músico se justificó, así:
“Yo tenía muchas razones para agradecerle. En lo que respecta a la sala de Gewandhaus, él utilizó su posición política para un bien común.  La idea básica del comunismo no era dictatorial en su naturaleza. Y la premisa del socialismo de que cada individuo es tan valioso como cualquier otro, también es correcta.”